No tires más la yerba: cómo reutilizar el mate usado en algo muy útil y fácil de hacer en casa
Cada vez más hogares argentinos adoptan esta práctica sustentable que transforma la yerba mate, reduciendo residuos y promoviendo hábitos más conscientes.

“No tires más la yerba”, esta simple premisa gana lugar cada vez más en los hogares argentinos, una forma de contribuir a la sustentabilidad y mejorar la administración de los residuos.
Y en ese sentido, la yerba mate se convierte en uno de los desperdicios más presentes en las casas de nuestro país. Por ello, esta práctica artesanal empezó a ganarse terreno al demostrar que aquello que a simple vista podía considerarse basura, en realidad puede convertirse en un recurso muy útil.
¿En qué aprovechar la yerba mate ya usada?
El resultado de “no tires más la yerba” es muy práctico y ecológico: con ella se pueden hacer macetas biodegradables que estén listas para ir directo a la tierra.
Reutilizar la yerba del mate no solo reduce desechos, sino que también fomenta hábitos más conscientes dentro del hogar.
Para poner en práctica esta tarea se necesitan materiales simples y fáciles de usar como harina común, la yerba mate usada y húmeda, yerba mate seca, agua caliente, un chorrito de vinagre y un bol para mezclar y un molde cubierto con film plástico.

El proceso comienza con la preparación de un engrudo casero. En un recipiente, se mezcla agua caliente con harina hasta lograr una pasta espesa y homogénea. Esa base será la que permita unir todos los ingredientes. Una vez listo el engrudo, se incorpora la yerba mate húmeda -previamente escurrida- y luego la yerba seca. El equilibrio entre ambos tipos de yerba es clave para obtener una masa firme, maleable y resistente.
Si bien el agregado del vinagre (que es poquita cantidad) podría parecer algo pasajero, resulta un punto crucial en la preparación, dado que inhibe la proliferación de hongos durante el secado y mejora la durabilidad de la maceta hasta el momento de uso. Con la mezcla lista, llega el momento del moldeado.
Para esta etapa se recomienda forrar el molde con film plástico, lo que facilita el desmolde posterior. La masa se coloca con cuchara y se presiona bien, especialmente en los bordes, para asegurar rigidez. Antes de dejarla secar, es imprescindible realizar un agujero en la base que funcione como drenaje y evite el exceso de humedad cuando la planta esté en crecimiento.
El secado se realiza al sol y puede demorar varias horas o incluso algunos días, según el clima. El único cuidado esencial es proteger la maceta de la lluvia, ya que la humedad excesiva puede arruinar el proceso. Una vez seca, el resultado es un recipiente liviano, firme y completamente biodegradable.
La principal ventaja aparece al momento del trasplante. La maceta puede colocarse directamente en la tierra sin necesidad de retirar la planta, ya que se degrada de manera natural con el tiempo. Esto reduce el estrés de las raíces y elimina el uso de plásticos, especialmente en huertas urbanas y jardines familiares.














