Expertos en peluquería explican: “Se debe empezar lavando el pelo con agua caliente y luego fría para potenciar el brillo del cabello”
La temperatura del agua al lavarse el cabello puede marcar una gran diferencia en su apariencia y salud. Expertos en cuidado capilar comparten recomendaciones clave para mantenerlo limpio, sano y con más brillo.

Muchas veces invertimos mucho dinero en productos o tratamientos de peluquería para lograr un cabello saludable y brillante. Sin embargo, gran parte del resultado depende de los cuidados cotidianos y de hábitos tan simples como la forma en que lo lavamos.
El tipo de pelo, la edad y el estado del cuero cabelludo influyen en la rutina ideal, pero hay algunas recomendaciones generales en las que la mayoría de los especialistas coincide, especialmente en lo que respecta a la temperatura del agua.
Uno de los puntos clave es evitar el agua demasiado caliente. Durante el lavado, lo más recomendable es utilizar agua tibia o templada, ya que ayuda a eliminar la suciedad y permite que el champú, el acondicionador y otros productos actúen de manera más eficaz.

El calor moderado facilita que los ingredientes penetren mejor en el cabello y en el cuero cabelludo, siempre y cuando no sea excesivo, ya que las temperaturas muy altas pueden resecar la fibra capilar y provocar irritación. En ese sentido, los expertos de Vadity Hair Studio explican: “El agua caliente limpia en profundidad y elimina mejor la grasa y los residuos, pero en exceso puede resecar y debilitar la fibra capilar”.
Ahora bien, el último enjuague, en cambio, puede hacerse con agua fría. Este paso ayuda a cerrar la cutícula del cabello, lo que favorece un acabado más suave y brillante. Además, contribuye a que el pelo se mantenga limpio durante más tiempo y reduce el frizz, ya que la superficie capilar queda más sellada. “El agua fría ayuda a sellar la cutícula, aporta brillo y puede estimular la circulación del cuero cabelludo”, agregan.

La temperatura también influye en la limpieza: el agua fría, por sí sola, no siempre elimina correctamente el sebo y los residuos acumulados. Por eso, la combinación ideal suele ser lavar con agua tibia y finalizar con un enjuague frío para mejorar el aspecto final del cabello.
En el caso del cabello teñido, controlar la temperatura es aún más importante. El agua demasiado caliente puede abrir la cutícula y favorecer que el pigmento se pierda más rápido. En cambio, el agua fría o tibia ayuda a mantener el color por más tiempo y a conservar el brillo.

Otro aspecto a tener en cuenta es el tiempo que el cabello permanece bajo el agua. Los lavados prolongados pueden afectar especialmente a los cabellos con color, por lo que lo ideal es que el proceso sea eficaz pero breve.
Nutrir el pelo antes del lavado
También existe un truco previo al lavado que puede aportar beneficios, sobre todo en cabellos secos o dañados. Consiste en aplicar una mascarilla antes de mojar el pelo, de medios a puntas, y dejarla actuar durante varios minutos. Este paso ayuda a proteger la fibra capilar durante el lavado y a mantener la hidratación.
Después, se puede continuar con la rutina habitual de champú y acondicionador o volver a aplicar la mascarilla tras el lavado. Finalizar con un último enjuague de agua fría contribuirá a sellar la cutícula y potenciar el brillo del cabello.














