Conrado Estol, neurólogo: “Dormir menos de 6 horas o más de 9 aumenta el riesgo de morir antes”
El sueño se ha consolidado como el pilar invisible de la salud física y mental, pero la ciencia advierte que la cantidad no siempre garantiza calidad. Expertos en medicina del sueño señalan que tanto el déficit crónico como el exceso de horas en la cama disparan riesgos para el organismo a largo plazo. En esta nota, un especialista desglosa la “fórmula del equilibrio” y revela cuántas horas de sueño necesita realmente el cuerpo para alcanzar un rendimiento óptimo.

Para la medicina moderna, el sueño se ha consolidado como un pilar de salud tan crítico como la alimentación o el ejercicio. Al respecto, el especialista Conrado Estol advierte que existe un “punto justo” en el descanso: tanto el déficit de horas como el exceso de permanencia en la cama pueden acarrear consecuencias negativas para el organismo. Mantener un ritmo regular es, por lo tanto, la estrategia más efectiva para proteger nuestras funciones cognitivas y asegurar una longevidad saludable.
Más allá de la sensación de fatiga, el descanso inadecuado actúa como un factor de riesgo silencioso para el sistema cardiovascular y metabólico. El doctor enfatiza que, durante el sueño, el cuerpo realiza procesos de “limpieza” y reparación celular que son imposibles de replicar durante la vigilia. Por ello, descuidar sistemáticamente las horas de sueño no solo nubla la mente, sino que debilita las defensas del organismo, subrayando que la salud integral comienza, inevitablemente, con una noche de descanso reparador.

Cuántas horas hay que dormir por día
“Dormir menos de seis horas o más de nueve aumenta el riesgo de morir antes. Esa es la evidencia”, afirma el especialista de manera contundente.
En ese sentido, explica que a partir de los 25 o 30 años el cerebro comienza a perder capacidad de sueño, por lo que es completamente normal que, con el paso del tiempo, el descanso no sea igual al de la adolescencia. “A los 18 uno se acostaba y 13 horas después se despertaba en la misma posición. Eso a los 40 ya no pasa”, señala.
Sin embargo, advierte que existe una creencia muy extendida que no siempre es correcta: pensar que cuanto más se duerme, mejor. “Dormir más de nueve horas podría ser una señal de que algo no está funcionando bien en el organismo. El cuerpo, de manera natural, no necesita dormir 9, 10 u 11 horas”, sostiene.
En esa línea, agrega que las personas que duermen diez horas no lo hacen porque sea saludable, sino porque hay un problema subyacente que las lleva a necesitar más descanso. “No es algo que se note de un día para el otro. Tal vez no se manifiesta mañana ni pasado, pero puede aparecer dentro de diez años”, advierte.
Por último, el médico remarca que para un descanso adecuado y reparador, lo ideal es dormir entre 7 y 8 horas por noche, un rango que se asocia con mejor salud física, mental y mayor expectativa de vida.
No solo dormir, sino también descansar
Dormimos creyendo que estamos descansando, pero no siempre es así. Un estudio reciente reveló que dormir con luz, incluso tenue, puede aumentar el riesgo de ACV, diabetes, hipertensión y otros trastornos metabólicos. La razón es clara: la luz interfiere con el ritmo circadiano y evita que el sueño alcance la profundidad necesaria.

Cuando el descanso se ve alterado, también se desregula la producción de hormonas clave para el cuerpo. Sin oscuridad, el organismo no logra reparar tejidos, desinflamar ni recuperar energía de forma eficiente. Dormir bien no es solo una cuestión de horas, sino de calidad.
Por eso, uno de los hábitos más simples —y a la vez más subestimados— para cuidar el cerebro y el corazón es dormir en oscuridad total. Si no se puede controlar la luz del ambiente, un buen antifaz puede marcar la diferencia: es pequeño, accesible y efectivo. Un aliado silencioso para una salud más larga y mejor.


















