La base científica más extrema de la Antártida: temperaturas de -75°C, meses de oscuridad y aislamiento extremo
La estación Amundsen-Scott, ubicada sobre el Polo Sur, lleva el nombre de dos figuras de la exploración polar. La plataforma glacial se desplaza cerca de 10 metros por año, una dinámica que obliga incluso a reubicarla anualmente el marcador oficial.

En el corazón helado de la Antártida, donde el sol desaparece durante meses y las temperaturas pueden caer por debajo de los –75°C, funciona una de las instalaciones científicas más extraordinarias del planeta: la National Science Foundation Base Amundsen-Scott. Ubicada exactamente sobre el Polo Sur geográfico, esta estación estadounidense representa mucho más que un centro de investigación: es un laboratorio viviente diseñado para resistir uno de los ambientes más hostiles de la Tierra.
Gestionada por la National Science Foundation (NSF), la base opera sobre una inmensa capa de hielo de más de 2.700 metros de espesor y a una altitud de 2.835 metros sobre el nivel del mar. Allí, científicos y técnicos desarrollan investigaciones clave para comprender la atmósfera terrestre, el comportamiento del hielo antártico, el universo profundo y la atmósfera terrestre.
Cómo nació la Base Amundsen-Scott en el Polo Sur
La estación lleva el nombre de dos figuras emblemáticas de la exploración polar: Roald Amundsen y Robert Falcon Scott. El primero alcanzó el Polo Sur en diciembre de 1911, mientras que el segundo murió junto a su expedición durante el regreso, en uno de los episodios más dramáticos de la exploración antártica.

Décadas después, en 1956, Estados Unidos inauguró la estación en el marco de la Operación Deep Freeze, el gigantesco despliegue logístico que consolidó la presencia científica permanente en la Antártida durante el Año Geofísico Internacional.
La primera estructura, conocida como “Old Pole”, fue construida entre 1956 y 1957 por la Marina estadounidense. Sin embargo, las condiciones extremas del continente pronto demostraron las limitaciones del diseño. El viento constante y la acumulación de nieve terminaron sepultando la instalación, que fue abandonada en 1975.
Ese mismo año comenzó a funcionar la famosa cúpula geodésica o “Dome”, una gigantesca estructura de 50 metros de diámetro y 16 de altura que durante décadas simbolizó la presencia humana en el Polo Sur. Pero el movimiento permanente del glaciar y la presión de la nieve volvieron a poner a prueba la ingeniería antártica.
La moderna estación elevada que resiste el clima más extremo del mundo
El hielo sobre el que se asienta Amundsen-Scott no permanece inmóvil. La plataforma glacial se desplaza cerca de 10 metros por año, una dinámica que obliga incluso a reubicar anualmente el marcador oficial del Polo Sur.
Ante ese escenario, a fines del siglo XX se diseñó una solución arquitectónica radicalmente distinta: una estación elevada y modular capaz de adaptarse al entorno. La construcción comenzó en 1999 y la nueva base fue inaugurada oficialmente el 12 de enero de 2008.

La estructura actual está elevada sobre pilotes especiales que permiten reducir la acumulación de nieve debajo de la estación y extender su vida útil. Además, incorpora sistemas internos que convierten a la base en una pequeña ciudad autosuficiente en medio del desierto blanco más inhóspito del planeta.
En su interior hay dormitorios, laboratorios, talleres, cocina, salas de comunicación, áreas comunes y espacios recreativos. Durante el verano austral pueden convivir allí unas 150 personas, aunque en invierno la dotación se reduce a cerca de 50 habitantes, completamente aislados por la noche polar.
Cómo viven los científicos aislados durante meses en la Antártida
La vida cotidiana en Amundsen-Scott depende de una logística extremadamente precisa. Los suministros llegan desde la base McMurdo mediante aviones equipados con esquíes que operan únicamente entre noviembre y febrero, cuando las condiciones meteorológicas permiten aterrizar en el Aeródromo Jack F. Paulus.

Durante el invierno, la oscuridad permanente y el frío extremo hacen imposible cualquier operación aérea. En ese período, la base queda completamente aislada del resto del mundo.
Las condiciones ambientales son únicas incluso para estándares antárticos. La humedad relativa rara vez supera el 1%, el aire es extremadamente seco y la ausencia de flora y fauna convierte al entorno en un paisaje prácticamente estéril. Solo ocasionalmente aparece algún skua, una de las pocas aves capaces de acercarse a la zona.
En medio de temperaturas imposibles, aislamiento total y un paisaje dominado únicamente por hielo y oscuridad, la Base Amundsen-Scott continúa siendo un símbolo de la capacidad humana para adaptarse, investigar y expandir los límites del conocimiento científico en el rincón más austral del planeta.















