Caída del consumo y crisis en el sector
Caída del consumo y crisis en el sector Foto: Foto generada con IA Canal 26

Durante décadas fue sinónimo de diseño, producción nacional y expansión comercial. Hoy, su nombre aparece vinculado a un dato alarmante: más de 60 cheques rechazados y la admisión formal de que ya no puede cumplir con sus obligaciones. La crisis de una histórica marca de calzado vuelve a poner en primer plano el impacto real de la caída del consumo y la apertura importadora sobre la industria argentina del sector.

La empresa Lannot S.A., dueña de la reconocida marca femenina Viamo, ingresó recientemente en concurso preventivo de acreedores, luego de declarar un estado de cesación de pagos que, según su propia presentación judicial, se volvió irreversible. El giro expone con crudeza cómo incluso compañías consolidadas quedaron atrapadas en un escenario económico cada vez más adverso.

Cuando ajustar ya no alcanza

Antes de llegar a esta instancia, la firma aplicó prácticamente todas las herramientas conocidas para intentar sostenerse. Redujo personal, cerró locales, ajustó costos y modificó su modelo productivo. Sin embargo, nada fue suficiente.

El punto de quiebre se produjo a fines del año pasado, cuando la empresa dejó de pagar un crédito bancario superior a los $80 millones, lo que desencadenó una cadena de incumplimientos. Desde entonces, no logró regularizar pagos de salarios, cargas sociales ni compromisos corrientes. La falta de liquidez quedó expuesta en números contundentes: 65 cheques rechazados por más de $85 millones, un síntoma claro del deterioro financiero.

En su expediente, la compañía reconoció que intentó estirar su supervivencia mediante refinanciaciones, financiamiento fiscal y diferimiento de deudas, pero el contexto terminó por empujarla al límite.

De crecer con producción propia a achicar la estructura

Fundada a fines de los años 80, Viamo logró posicionarse como una de las marcas más reconocidas del calzado femenino argentino. Llegó a contar con más de 25 locales, producción local y presencia en distintos puntos del país.

Ese esquema comenzó a resquebrajarse con la caída sostenida del consumo interno y el cambio de reglas del mercado. Durante el último año, la empresa avanzó con más de 30 despidos, redujo drásticamente su planta de trabajadores y cerró puntos de venta. Incluso intentó aplicar un Procedimiento Preventivo de Crisis para pagar indemnizaciones reducidas, lo que generó conflictos laborales y reclamos judiciales.

Hoy, la estructura es mucho más chica. Mantiene alrededor de 77 empleados registrados y concentra su operación en un puñado de locales y en su planta y administración ubicadas en la Ciudad de Buenos Aires, además de un depósito logístico orientado al comercio electrónico.

La famosa zapatería que sigue en crisis Foto: Redes

La apuesta por importar, un giro que no funcionó

Uno de los movimientos más relevantes fue el cambio de estrategia productiva. Frente a la pérdida de competitividad de la fabricación local, la empresa decidió importar calzado desde el exterior para complementar su oferta.

El objetivo era claro: reducir costos. Según la propia firma, un zapato importado podía ser entre 30% y 40% más barato que uno producido en el país. La idea era usar ese “mix” para sostener la producción nacional. Sin embargo, la estrategia no dio los resultados esperados.

La combinación de menor demanda, aumento de pasivos y una transición incompleta terminó acelerando el deterioro financiero, en lugar de revertirlo.

Un reflejo de una crisis más amplia

El caso no es aislado. La industria del calzado atraviesa una de sus etapas más difíciles en años, con fábricas que reducen turnos, cierran plantas o directamente abandonan la producción local para pasar a importar. La caída del consumo y la competencia externa reconfiguraron un sector que históricamente fue intensivo en mano de obra.

Lo que impacta del caso Viamo es que muestra que ni siquiera achicar, despedir e importar garantizan la supervivencia cuando el mercado se contrae y el financiamiento se agota.

Mientras el concurso preventivo define el futuro de la compañía, la historia deja una señal de alerta: en el nuevo escenario económico, incluso las marcas emblemáticas pueden quedar al borde de desaparecer.