Cierre de locales de Garbarino
Cierre de locales de Garbarino Foto: redes

Se apaga una marca histórica del retail argentino. Tras la quiebra decretada por la Justicia, Garbarino inició el cierre de sus últimas sucursales en la Ciudad de Buenos Aires y avanza la liquidación de mercadería y activos que quedan en la empresa.

La escena es tan simbólica como contundente: persianas bajas, carteles improvisados y un movimiento final de clientes que buscan aprovechar remanentes o resolver reclamos pendientes. El proceso se enmarca en la resolución del Juzgado Nacional en lo Comercial N.° 7, con intervención del juez Fernando D’Alessandro, que dio paso a la etapa de liquidación bajo control de la sindicatura.

Qué pasó con Garbarino y por qué se llegó a este final

El cierre definitivo llega después de años de crisis, con un concurso preventivo que no logró encarrilarse y sin ofertas efectivas en el tramo final del proceso (incluido el mecanismo de salvataje). Con la quiebra, la empresa queda desapoderada de sus bienes y se abre la etapa clave: inventariar, administrar y vender activos para intentar cubrir deudas.

En su auge, Garbarino fue sinónimo de electrodomésticos y electrónica en todo el país: llegó a contar con más de 200 sucursales y miles de trabajadores. La contracara actual es el repliegue total del negocio físico y el cierre de los últimos puntos de venta.

Dónde quedan los últimos locales

Con el canal digital fuera de funcionamiento, lo que queda de la operación se concentró en locales puntuales en CABA, vinculados a liquidación y atención limitada de consultas/reclamos. Entre las direcciones mencionadas en la cobertura del cierre aparecen: Uruguay 552 (zona Tribunales), Av. Cabildo 2025 (Belgrano) y Potosí 4138 (Almagro).

Tiendas Garbarino, NA
Tiendas Garbarino, NA

La disponibilidad de productos cambia día a día, no hay reposición y gran parte del remanente depende de lo que haya quedado físicamente en cada sucursal.

Qué se vende en la liquidación: del “línea blanca” a tecnología

La liquidación incluye categorías clásicas del rubro: heladeras, lavarropas, cocinas, televisores, informática y pequeños electrodomésticos (pavas eléctricas, tostadoras, freidoras, entre otros). En muchos casos, se trata de stock final, con unidades de exhibición o embalajes imperfectos, según describen medios que siguieron el remate.

Como no hay e‑commerce activo, la compra es presencial y la “oportunidad” depende del inventario real disponible en el momento.

Reclamos, garantías y postventa: qué conviene tener en cuenta

Otro punto sensible es la postventa: con la estructura reducida al mínimo, la atención se limita y la resolución de problemas puede ser más lenta o quedar sujeta a instancias del proceso concursal. Algunas coberturas advierten que el servicio quedó prácticamente desarticulado, por lo que conviene guardar documentación (factura, remito, número de orden) y canalizar reclamos por las vías habilitadas.

Si el producto tiene garantía del fabricante, esa vía puede ser relevante (más allá de la garantía comercial del vendedor), especialmente en electrónica y línea blanca.

El calendario judicial: acreedores y próximos pasos

La quiebra abre un cronograma formal: los acreedores (bancos, proveedores, exempleados) tienen una ventana para presentar créditos y verificaciones dentro del expediente. En notas sobre el caso se menciona como fecha 24 de junio para esa etapa, y luego un período posterior para que la sindicatura eleve informes.

En paralelo, se relevarán bienes y activos: mercadería, depósitos y también participaciones/activos industriales vinculados a la compañía, como plantas radicadas en Tierra del Fuego que se mencionan dentro del inventario a considerar.

¿Se termina todo o puede “volver” Garbarino?

Aunque el cierre de locales marca un punto final para la operación tradicional, hay un elemento que todavía puede tener valor: la marca. Distintos medios remarcan que Garbarino conserva reconocimiento y podría tratarse como activo intangible dentro de la quiebra, con chances de venta o licencia a terceros si la Justicia y la sindicatura avanzan por esa vía.

En otras palabras: puede terminar la empresa tal como se la conocía, pero el nombre podría sobrevivir en manos de otro operador, eventualmente con un modelo distinto (más digital, más acotado o con acuerdos comerciales).