Mazamorra, charqui y “Carlón”: qué comían los próceres del 25 de Mayo y la fiesta donde podés probarlo todo
Entre el barro de 1810 y el rumor de la plaza, la mesa también hizo patria. Hoy, ese espíritu se recrea en la Fiesta Popular del 25 de Mayo en Gualeguaychú.

Hay algo que se repite cada 25 de Mayo: la escena escolar de paraguas, damas antiguas y el pregón que atraviesa generaciones. Pero si en vez de quedarnos con la postal, lo llevamos al paladar: ¿a qué olía Buenos Aires en 1810? ¿Qué se comía de verdad en una ciudad sin heladeras, con calles de barro y desigualdades marcadas? La respuesta no está solo en los libros: se puede vivir en una fiesta popular que arma un “viaje al tiempo” con puestos de época, comida criolla y bebidas históricas.
En 1810, la mesa no era un lujo uniforme: cambiaba según clase social y territorio. En los sectores populares, predominaban ingredientes rendidores: maíz, carne vacuna y legumbres, con guisos como el puchero que “estiraban” el plato para varios. En las casas más acomodadas, se sumaban pan de trigo, dulces caseros, chocolate caliente y vino. Y como no existía refrigeración, conservar era un desafío: salado y secado fueron técnicas clave.
Experiencia 1810: un viaje al siglo XIX a través de la comida y la bebida
Si querés sentir el “modo 1810” sin máquina del tiempo, hay un atajo infalible: comer y brindar como entonces. En las recreaciones históricas, el atractivo no es solo el plato sino el contexto: pulperías “ambientadas”, vestimenta, música folklórica y puestos que compiten por la mejor estética y receta “de época”. La consigna es clara: rescatar costumbres y hacerlas experiencia.

¿El menú? El imaginario patrio trae mazamorra, pastelitos, bebidas tradicionales, y también joyitas menos mencionadas como el charqui (carne deshidratada) o el “Carlón”, un vino de alto impacto histórico (y alcohólico) que suele aparecer en registros de época y notas especializadas.
Fiesta Popular del 25 de Mayo: qué es y dónde se realiza
La Fiesta Popular del 25 de Mayo es una celebración masiva que convierte el feriado patrio en un evento cultural de jornada completa. Se realiza en Gualeguaychú (Entre Ríos) y el gran tramo festivo se vive en el Corsódromo, con presentaciones sobre la pasarela, música y danzas tradicionales.

Según la información municipal y la cobertura turística, el festejo tiene un “doble ritmo”: actos oficiales por la mañana (izamiento, homenaje, Tedeum) y, más tarde, la gran fiesta con Pericón, Vals, Chamamé y Candombe, además de puestos de comida y bebida “estilo 1810”. La convocatoria incluye instituciones, escuelas, artistas y agrupaciones tradicionalistas, y se menciona una asistencia aproximada de 30 mil personas en ediciones recientes.
Qué costumbres gastronómicas había durante 1810 en Buenos Aires y el interior
En la Buenos Aires de 1810, la comida era una mezcla de disponibilidad, estación y estatus. En sectores populares dominaban preparaciones de olla con base en maíz, carne y legumbres; mientras que en mesas acomodadas aparecían productos más “de influencia española” y de acceso restringido, como el chocolate y ciertos dulces.

En el interior y las rutas largas, la clave era conservar: ahí entra el charqui/charqueado, una técnica de deshidratación al sol y al aire que permitía guardar carne (y hasta pescado) durante más tiempo. Distintas fuentes explican además la diferencia histórica entre charqui y tasajo: el primero ligado al secado (y en algunas tradiciones, sin sal), y el segundo como carne salada y acecinada, asociada a saladeros y circuitos comerciales.
Y si hablamos de bebida, el mate ya era un gran igualador social: se tomaba entre distintos estratos, heredado de prácticas indígenas y adoptado en la vida colonial.
El mito de los pastelitos
“Pastelitos calientes que queman los dientes”: lo repetimos como si fuera crónica confirmada. Pero cuando se rasca el relato, aparece la duda: la veracidad exacta de esa escena frente al Cabildo no pudo confirmarse y parte del “cuento” se consolidó mucho después, con la construcción de tradiciones patrias.

Eso no significa que el pastelito sea invento moderno: hay fuentes culturales que lo ubican como comida al paso, conseguida en puestos callejeros y ligada a la vida urbana colonial, con masa (harina de trigo) y rellenos dulces variados. En otras palabras: puede que el cuadro escolar esté romantizado, pero el pastelito como práctica popular tiene raíces reales.
“Carlón”, el vino que te cuenta una época en un sorbo
El “Carlón” merece párrafo aparte porque es una ventana a los consumos del período. Hay reconstrucciones históricas que lo describen como un vino asociado a Benicarló (España), elaborado con garnacha, de color intenso y alta graduación para la época (se menciona alrededor de 15–16°), que llegaba por barco al puerto de Buenos Aires y muchas veces se rebajaba con agua, hielo o soda para hacerlo más bebible.
A la vez, existen enfoques que hablan de una tradición vitivinícola colonial en Cuyo y mencionan “carlón” como variedad popular en esas coordenadas, lo que sugiere que el término pudo usarse de manera más amplia o evolucionar con el tiempo.


















