Miembros de la Primera Junta de 1810
Miembros de la Primera Junta de 1810 Foto: Wikipedia

¿Y si te digo que parte de la Revolución de Mayo se cocinó, literalmente, entre parientes? No es una metáfora: en 1810, Buenos Aires era una aldea donde la política, el comercio, el Ejército y hasta los bautismos se cruzaban siempre con los mismos apellidos. Y cuando mirás de cerca a los protagonistas del 25 de Mayo, la pregunta cambia: ¿cuánto de esa “red” familiar y social empujó la Primera Junta?

Para entenderlo, empecemos por el dato que sorprende incluso a quienes aman la historia argentina: Manuel Belgrano y Juan José Castelli eran primos segundos. Sí: dos de los nombres más fuertes de la Primera Junta compartían sangre y proyecto. Castelli (nacido el 19 de julio de 1764) y Belgrano (3 de junio de 1770) crecieron con pocos años de diferencia, y ese vínculo familiar se apoyaba en un detalle genealógico muy concreto: la abuela materna de Castelli era hermana del abuelo materno de Belgrano, lo que los convertía en primos segundos.

Belgrano y Castelli: la dupla “intelectual y orador” que también era familia

En los manuales suele aparecer la foto fija: Belgrano como el creador de la bandera y Castelli como el “orador de Mayo”. Pero en 1810 todavía eran, sobre todo, dos abogados con ideas compartidas: libre comercio, educación popular y la emancipación del continente. Castelli fue una de las voces que empujó el Cabildo Abierto y defendió la idea de que, ante la crisis de autoridad en España, la soberanía “volvía” al pueblo.

Manuel Belgrano y Juan José Castelli
Manuel Belgrano y Juan José Castelli

Y no es un dato menor que ambos terminaran sentados en el mismo gabinete: la Primera Junta se formó el 25 de mayo de 1810, presidida por Cornelio Saavedra; con Moreno y Paso como secretarios; y con Belgrano, Castelli, Azcuénaga, Alberti, Larrea y Matheu como vocales. Ese “equipo” fue el primer paso institucional del proceso revolucionario, aunque se presentó formalmente como gobierno a nombre de Fernando VII, una cobertura política habitual en ese contexto.

En la aldea, todo se mezcla: parentescos, matrimonios y política

La Buenos Aires de principios del siglo XIX se movía como un circuito cerrado: familias patricias, comerciantes influyentes, militares de milicias urbanas y abogados formados en Chuquisaca. Por eso, además de los lazos de sangre, había alianzas sociales que funcionaban casi como un “LinkedIn colonial”: casamientos, padrinazgos, compadrazgos, negocios y favores cruzados.

Miguel de Azcuénaga, Primera Junta, Revolución de Mayo de 1810
Miguel de Azcuénaga, Primera Junta, Revolución de Mayo de 1810

Saavedra y Azcuénaga: cuando casarte con tu prima era parte del sistema

Uno de los retratos más nítidos de esa época lo dan los registros parroquiales: Cornelio Saavedra se casó con su prima hermana (con dispensa), algo que hoy parece insólito, pero entonces era una práctica frecuente entre familias que buscaban conservar patrimonio y alianzas. Y en el caso de Miguel de Azcuénaga, vocal de la Junta, ocurre algo similar: contrajo matrimonio con su prima hermana, Justa Rufina de Basavilbaso. Es decir: mientras se debatía el futuro político del Río de la Plata, las élites también se reproducían puertas adentro.

“La familia” no era solo sangre: el compadrazgo también daba poder

Acá viene uno de mis datos favoritos porque suena a novela: en esos años, los bautismos y padrinazgos funcionaban como red política. En la Parroquia de La Merced, por ejemplo, figura que Eusebio Mariano Saavedra (hijo de Cornelio) fue bautizado por Manuel Alberti y tuvo como padrino a Juan Larrea, ambos miembros de la Primera Junta. Además de ser colegas de gobierno, también estaban unidos por vínculos religiosos y sociales, que en ese tiempo tenían un peso enorme en la confianza pública.

Miembros de la Primera Junta Foto: Archivo

Otros “todo queda en familia” que atraviesan la historia argentina

La lógica de apellidos conectados no empieza ni termina en 1810. Hay relaciones familiares que, aunque sean de otras décadas, ayudan a entender un patrón: el poder circuló por las mismas ramas.

  • Belgrano y Rosas: un dato poco difundido es que Belgrano tuvo un hijo con María Josefa Ezcurra, hermana de Encarnación Ezcurra (esposa de Juan Manuel de Rosas), y ese niño fue criado por Rosas y Encarnación.
  • Carlos María de Alvear y Gervasio Antonio de Posadas: tío y sobrino, un parentesco que también marcó trayectorias políticas del siglo XIX.
  • Bernardino Rivadavia y Cornelio Saavedra: según registros divulgados en notas históricas, existió un vínculo de familia política que los conectaba como concuñados.
  • Alem e Yrigoyen: ya en otra etapa, el parentesco tío-sobrino vuelve a aparecer como dato llamativo en la historia política argentina.

Estos ejemplos no “explican” por sí solos la Revolución, claro. Pero sí muestran algo: las redes familiares y sociales eran parte del funcionamiento real del poder en una sociedad donde todos se conocían, se casaban entre sí, se bautizaban entre sí y comerciaban entre sí.

La pregunta incómoda: ¿la Revolución habría sido igual sin esa red?

La Revolución de Mayo no fue un picnic de parientes, ni un acuerdo de sobremesa. Hubo tensiones fuertes, internas y disputas por el rumbo del proceso. Pero cuando observás que Belgrano y Castelli eran familia, que Saavedra y Azcuénaga consolidaban alianzas por matrimonios endogámicos, y que hasta Alberti y Larrea aparecen como padrino y oficiante de bautismo en la familia Saavedra, entendés que el 25 de Mayo también se construyó con confianza previa.

Y ahí está el núcleo de esta historia: en 1810 se discutía la legitimidad del poder, pero el poder se movía en redes humanas concretas: amistad, parentesco, lealtad militar, intereses comerciales y familia.