El Obelisco estuvo a diez días de ser demolido en 1939: el rechazo estético de los porteños y qué lo frenó
Hubo un voto, una ordenanza y 10 días de plazo: en 1939 el Obelisco estuvo a punto de desaparecer por desprendimientos del revestimiento. La historia completa.

Hoy parece imposible imaginar la 9 de Julio sin su aguja blanca. Pero hubo un momento en que el Obelisco estuvo oficialmente sentenciado. Fue en 1939, cuando una ordenanza del Concejo Deliberante dispuso su demolición “hasta el nivel del suelo”. ¿La razón? Un problema técnico real que encendió una discusión mucho más grande: estética, dinero, política y, sobre todo, el miedo a que el símbolo más joven de la Ciudad se convirtiera en peligro público.
La chispa: cuando el Obelisco empezó a “descascararse”
El punto de partida no fue un capricho abstracto: se desprendieron lajas/placas del revestimiento exterior, lo que alimentó el temor a que cayeran sobre peatones. En la reconstrucción histórica de la Legislatura porteña, el antecedente se ubica en 1938, cuando comenzaron a desplomarse baldosas del recubrimiento y se especuló con vibraciones del subte bajo la estructura.
Ese detalle técnico fue suficiente para que la conversación pública se volviera una tormenta perfecta: seguridad, costos de mantenimiento y una pregunta incómoda para una Buenos Aires que se modernizaba a ritmo de piqueta: ¿vale la pena sostener un monumento nuevo que todavía no aprendimos a querer?
El voto que casi lo borra del mapa y por qué fue tan feroz
El 13 de junio de 1939, el Concejo Deliberante resolvió que el Obelisco debía caer. La discusión no se limitó a “se rompió / se arregla”: se mezclaron argumentos de seguridad, de estética y de economía (no querían seguir invirtiendo fondos).

La Nación reconstruye ese clima como una grieta temprana: defensores que advertían el costo y el absurdo de demolerlo, y detractores que lo tildaban de “adefesio” y amenaza para el tránsito peatonal. Incluso aparece el componente político: el Obelisco había sido impulsado desde la Intendencia de Mariano de Vedia y Mitre y no todos estaban dispuestos a concederle ese legado.
Para entender 1939 hay que volver a 1936: un ícono nacido a contrarreloj
El Obelisco se inauguró el 23 de mayo de 1936 a las 15, en la Plaza de la República, como parte del rediseño urbano que incluía el ensanche de Corrientes y la apertura de la 9 de Julio. La obra fue un prodigio de velocidad para la época: los trabajos comenzaron el 20 de marzo de 1936, participaron 157 obreros y el costo rondó los 200.000 pesos moneda nacional.
Pero esa hazaña tiene una sombra que casi nunca entra en las postales: durante la construcción se registró la muerte del obrero italiano José Cosentino, dato que los relatos institucionales consignan como parte del proceso.
Un lugar cargado de capas: de la iglesia demolida a la primera bandera
Donde hoy se levanta el Obelisco estaba la iglesia de San Nicolás de Bari, demolida en el marco de la modernización del área. En esa torre, además, se izó oficialmente por primera vez en Buenos Aires la bandera argentina el 23 de agosto de 1812, hecho que quedó recordado en las inscripciones del monumento.

La demolición del templo no fue lineal: el Gobierno porteño reconstruye un litigio con la Curia y fija un hito concreto, la última misa el 16 de agosto de 1931; y también señala que en 1935 se inauguró el nuevo San Nicolás en Santa Fe al 1300, para que el barrio no quedara sin su referencia religiosa.
La ingeniería que lo sostuvo y el detalle que lo condenó
El Obelisco no se plantó en un vacío: se levantó en un punto donde el subsuelo ya estaba atravesado por infraestructura, incluyendo trazas de subte. Clarín detalla que fue un desafío técnico construirlo sobre el cruce de líneas (hoy B y C) y que se diseñaron fundaciones de hormigón armado para distribuir cargas sin afectar lo existente.
Paradójicamente, el elemento que lo “vistió” al nacer fue el que lo puso en jaque: tras los desprendimientos, se retiraron las placas/lajas y se reemplazaron por revoque/mampostería, una decisión de reparación que terminó siendo parte de su imagen definitiva.
El salvataje: veto, jurisdicción y una City que ya lo estaba adoptando
Cuando el reloj corría, la discusión escaló: el tema llegó a la esfera nacional y se argumentó que no era una simple obra pública municipal sino un monumento con otra autoridad de decisión. En ese marco, el intendente Arturo Goyeneche vetó la ordenanza y frenó la demolición.

Lo más interesante es lo que sugiere esa secuencia: en apenas tres años, el “armatoste” ya estaba dejando de ser un objeto extraño para convertirse en referencia urbana. La Nación cuenta que incluso comercios usaban su cercanía como punto de ubicación (“frente al Obelisco”, “a metros del Obelisco”), señal de que el ícono empezaba a funcionar como brújula cotidiana.
Los intensos primeros años del Obelisco
- Fecha clave: martes 13 de junio de 1939.
- Decisión: el Concejo Deliberante votó una norma que ordenaba la demolición inmediata.
- Plazo: había 10 días para ejecutarla.
- Freno final: el intendente Arturo Goyeneche vetó la ordenanza y el Obelisco se salvó.

















