Japón crea un ministerio específico para deportaciones y control de extranjeros

Sanae Takaichi, primera ministra, ha anunciado una medida estricta contra la inmigración irregular, una decisión celebrada por su base política que busca fortalecer el control gubernamental.

Sanae Takaichi, primera ministra de Japón.
Sanae Takaichi, primera ministra de Japón. Foto: REUTERS

Japón endurece su política migratoria ante el envejecimiento y la masificación turística. La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, ha anunciado una medida estricta contra la inmigración irregular, una decisión celebrada por su base política que busca fortalecer el control gubernamental y regular la convivencia entre residentes extranjeros y nacionales.

Esta política, que incluye la deportación de inmigrantes ilegales, se enmarca en un contexto donde el país reconoce su necesidad de mano de obra extranjera debido a su acelerado envejecimiento demográfico, al tiempo que busca ser más intransigente con quienes incumplan las reglas.

Una mano dura para regular la convivencia

El eje central de la nueva política es fortalecer la supervisión gubernamental sobre los residentes extranjeros y establecer mecanismos más estrictos para garantizar el cumplimiento de las normas. La mandataria, de 64 años, ha proclamado una postura firme, señalando que habrá intransigencia ante el incumplimiento por parte de la población extranjera. Este movimiento no es aislado, sino que forma parte de una estrategia más amplia para modificar la realidad económica de Japón y recuperar su estatus como una de las principales potencias mundiales.

La medida surge a pesar de que el gobierno japonés reconoce una necesidad estructural de mano de obra migrante. Japón es una de las naciones con el porcentaje de población anciana “al alza”, un desafío demográfico que presiona al mercado laboral. La política parece buscar un equilibrio complejo: atraer trabajadores de manera controlada y legal, mientras se sanciona con severidad la estancia irregular.

“Reconoció que el país necesita mano de obra migrante ante el envejecimiento demográfico”, se destaca de sus declaraciones, subrayando esta contradicción aparente.

Japón vuelve a poner en funcionamiento sus reactores nucleares. Foto: Unsplash.

Una postura anunciada: de la campaña al gobierno

La línea dura contra la migración no es nueva en el discurso de la primera ministra. Durante su campaña para liderar el Partido Liberal Democrático, ya había adoptado “posiciones firmes contra los migrantes”. Esta continuidad entre su retórica electoral y la acción de gobierno explica por qué la medida es “muy festejada por quienes la siguen”. Su enfoque también se extiende a otro fenómeno vinculado a la globalización: el turismo masivo.

Sanae Takaichi, primera ministra de Japón. Foto: via REUTERS

El turismo masivo, otra frente de preocupación

Junto a la inmigración, la mandataria había expresado preocupación por el creciente número de turistas extranjeros, cuya cifra “año tras año se superaba”. El mal comportamiento de algunos visitantes, que “a veces molesta a la población local”, ha sido un tema recurrente en su agenda. Así, la política migratoria se complementa con una visión cultural más amplia que busca gestionar el impacto de la apertura internacional en la vida cotidiana de los japoneses.

Estas decisiones marcan un rumbo claro para la administración actual, que vincula las reformas económicas con una reafirmación del control cultural y legal. En un Japón que navega entre la necesidad de abrirse al mundo y el deseo de preservar su orden social, la gestión de la inmigración se perfila como uno de los terrenos políticos más delicados y definitorios.