El Río Amazonas solamente puede cruzarse en botes. Foto: Pexels
El Río Amazonas solamente puede cruzarse en botes. Foto: Pexels

A pesar de que el Amazonas es el río más caudaloso del planeta y un eje vital para millones de personas, no existe un puente que lo cruce de margen a margen. Esto no se debe a una única razón, sino a una combinación de factores geográficos, hidrológicos, ambientales y económicos que hacen que esta obra, aunque posible desde el punto de vista técnico, resulte innecesaria, costosa y ambientalmente riesgosa.

Durante siglos, los ríos fueron, y siguen siendo, las verdaderas “autopistas” de la selva, y la vida diaria de las comunidades ribereñas se organizó en torno a embarcaciones y rutas fluviales. En ese contexto, la idea de un puente que conecte márgenes distantes del Amazonas no surgió como una prioridad en términos económicos ni logísticos, lo que explica por qué Brasil tampoco avanzó en proyectos de ese tipo.

Río Amazonas. Foto: Pexels
Río Amazonas. Foto: Pexels

La primera razón es geográfica: gran parte del Amazonas atraviesa zonas de selva densa, con asentamientos dispersos y enormes tramos prácticamente deshabitados. No hay autopistas que requieran cruzarlo ni grandes núcleos urbanos enfrentados que justifiquen una obra multimillonaria; en síntesis, la demanda no compensa el costo.

El segundo factor es hidrológico. El río es extremadamente variable: su caudal y su ancho cambian de manera drástica entre la estación seca y la lluviosa, llegando a multiplicarse varias veces. Además, transporta troncos, sedimentos y vegetación que dificultan cualquier estructura fija. Construir allí significa lidiar con un sistema inestable.

El tercer componente es ecológico: la cuenca amazónica es uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta y un puente implicaría caminos de acceso y alteraciones profundas en el bosque. Por eso Brasil prioriza ferris y transporte fluvial, alternativas mucho menos invasivas.

El puente del Amazonas que abrió la selva al mundo

El único proyecto que se acerca a un cruce de envergadura es el puente Río Negro, en Manaos, inaugurado en 2011. Aunque no atraviesa el Amazonas, conecta la capital del estado de Amazonas con la ciudad de Iranduba cruzando el río Negro, uno de sus afluentes más importantes.

Se construyó allí porque, a diferencia de la mayor parte de la cuenca, la región de Manaos concentra una población elevada, actividad industrial y una demanda real de conexión terrestre. El puente alivió la dependencia absoluta de ferris y permitió integrar mejor a las comunidades del otro lado del río.

El Puente de Río Negro es el puente atirantado más grande de Brasil, con una longitud total de 3,6 kilómetros. Foto: Wikipedia.

Su impacto fue tal que se lo considera el primer puente amazónico que abrió la puerta al desarrollo en medio de la selva tropical más grande del mundo. Sin embargo, este caso es la excepción que confirma la regla: incluso en Manaos, donde la densidad urbana es alta, la decisión no fue extender la estructura hasta cruzar el propio Amazonas. Las dificultades logísticas, el costo y los posibles daños ecológicos mantienen a este gigante sin un puente que lo atraviese de costa a costa.