Aviones de combate.
Aviones de combate. Foto: USAF/Cover Images via Reuters Co

Exportar aviones de combate no solo implica una transacción económica, sino también establecer lazos políticos, militares y tecnológicos duraderos, incluyendo entrenamiento, soporte, repuestos y actualizaciones, al crear ecosistemas de defensa que pueden durar décadas y afectar el equilibrio estratégico global. Estados Unidos esto lo tiene muy claro y esa es la razón principal por la que vende constantemente estas aeronaves militares a otros países.

Los aviones de combate son una de las expresiones más visibles de la capacidad industrial, militar y geopolítica de un país; por lo que muchas naciones deciden comprarle directamente a la nación norteamericana distintas aeronaves persiguiendo ese fin.

Estados Unidos es el país con mayor exportación de aviones de combate en el mundo. Foto: REUTERS

El liderazgo de Estados Unidos en este rubro no responde al azar, sino a una industria aeronáutica militar sólidamente establecida, respaldada por décadas de innovación tecnológica y por una extensa red de alianzas internacionales. Aeronaves como el F-16, el F-15, el F/A-18 y, más recientemente, el F-35 se consolidaron como modelos de referencia y fueron incorporadas por numerosas fuerzas aéreas de Europa, Asia, Medio Oriente y América Latina.

En contraste con China, cuyas exportaciones de cazas permanecen acotadas y focalizadas en un número reducido de países, Estados Unidos se impone en el mercado global con una oferta que articula tecnología de punta, compatibilidad con los sistemas de la OTAN y contratos de soporte y mantenimiento de largo plazo.

Los países que más aviones de combate exportan

Estados Unidos encabeza ampliamente el ranking de países exportadores de aviones de combate, con un total de 1.071 unidades vendidas al exterior. Esta posición dominante se explica por la fortaleza de su complejo industrial-militar, la diversidad de modelos disponibles y una política sostenida de cooperación con aliados estratégicos, que incluye no solo la provisión de aeronaves, sino también entrenamiento, asistencia técnica y acuerdos de mantenimiento a largo plazo. Estas condiciones le permiten consolidar su presencia en múltiples regiones del mundo y mantener una ventaja significativa frente a sus competidores.

En un segundo escalón se ubica Francia, con 223 aviones exportados, una cifra considerable si se tiene en cuenta la escala de su industria y su enfoque en modelos específicos de alta tecnología. El éxito de las aeronaves francesas responde, en gran medida, a una estrategia que combina autonomía industrial, diplomacia activa y flexibilidad en los acuerdos de venta, lo que le permitió posicionarse como un proveedor confiable para distintos países, especialmente en Europa, Medio Oriente y Asia.

Más atrás aparece China, que registra 94 aviones exportados y avanza de manera gradual en el mercado internacional. Si bien incrementó su presencia en los últimos años, sus ventas se concentran en un grupo reducido de países y enfrentan límites vinculados a la confianza en sus sistemas, la interoperabilidad con estándares occidentales y la proyección global de su red de soporte técnico.

Rusia, por su parte, contabiliza 78 aviones exportados, un número que refleja tanto la histórica relevancia de su industria aeronáutica como las dificultades recientes para sostener su participación en el mercado global. Las sanciones internacionales, las restricciones financieras y los cambios en el escenario geopolítico impactaron de forma directa en su capacidad de cerrar nuevos contratos y de mantener el ritmo de exportaciones que había caracterizado a décadas anteriores.