Gideon Sa’ar, canciller de Israel, durante su exposición en la ONU
Gideon Sa’ar, canciller de Israel, durante su exposición en la ONU Foto: REUTERS

La última sesión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas dejó al descubierto cómo los conflictos territoriales, aunque distantes geográficamente, pueden entrelazarse en la diplomacia contemporánea. Durante un intercambio particularmente tenso en Nueva York, el canciller de Israel, Gideon Sa’ar, respondió a críticas del Reino Unido sobre la política israelí en Cisjordania recurriendo a una comparación que rápidamente escaló el debate: la soberanía de las Islas Malvinas.

El episodio se produjo bajo presidencia británica del Consejo, un detalle que no pasó desapercibido dado que fue precisamente la secretaria de Estado para Asuntos Exteriores del Reino Unido, Yvette Cooper, quien objetó la presencia israelí en territorios considerados en disputa, entre ellos Jerusalén Este. Cooper sostuvo que las políticas del gabinete israelí erosionaban principios fundamentales del derecho internacional, con especial énfasis en los asentamientos y la violencia de colonos.

El canciller de Israel habló sobre las Islas Malvinas en una reunión de la ONU

La respuesta de Sa’ar apuntó directamente a la idea de “derecho histórico”, un concepto central en la narrativa israelí sobre la región. Para ilustrar su posición, el canciller citó a Malvinas como ejemplo de un territorio cuya soberanía Londres ejerce pese a la distancia geográfica y a un reclamo vigente por parte de Argentina. Según su argumento, Israel considera que su vínculo con lugares como Jerusalén, Hebrón o Shiloh se apoya en una continuidad histórica que, afirma, no puede ser desestimada en foros multilaterales.

Una mención que no es casualidad

La mención al Atlántico Sur no fue accidental ni inédita. En ocasiones previas, Sa’ar había aludido al conflicto de soberanía entre Argentina y Reino Unido, particularmente cuando Buenos Aires expresó su malestar por la participación de la empresa privada israelí Navitas Petroleum en un proyecto hidrocarburífero en la zona. En aquel caso, el propio canciller aclaró públicamente que se trataba de una iniciativa empresarial y no de una política estatal, subrayando su deseo de que la disputa entre ambos países se resolviera por vías pacíficas.

Javier Milei y Benjamín Netanyahu. Foto: Presidencia

El nuevo cruce diplomático volvió a instalar la cuestión Malvinas en el escenario internacional, esta vez como herramienta retórica dentro de un debate más amplio sobre el estatus de Jerusalén y otros territorios en disputa en Medio Oriente. Para Argentina, el gesto tuvo una lectura ambivalente. Mientras la referencia podría interpretarse como un reconocimiento implícito de la existencia de un conflicto pendiente, también evidencia cómo Malvinas se utiliza con frecuencia como ejemplo en discusiones ajenas a la agenda bilateral con el Reino Unido. En diciembre, el canciller argentino Pablo Quirno había valorado positivamente los comentarios de Sa’ar que reconocían la necesidad de una negociación bajo el marco de las resoluciones de la ONU.

Tras el intercambio en Nueva York, tanto Quirno como Sa’ar se preparan para participar de la primera sesión de la Junta de Paz en Washington, un foro impulsado por Estados Unidos para discutir la reconstrucción de Gaza y el futuro de la región tras años de conflicto con Hamas. Allí, la agenda se centrará en temas humanitarios y de seguridad, aunque el episodio en la ONU dejó claro que las tensiones sobre soberanía —ya sea en Medio Oriente o en el Atlántico Sur— continúan influyendo en la diplomacia global.