Verdeliss corrió 24 horas sin parar sobre una cinta.
Verdeliss corrió 24 horas sin parar sobre una cinta. Foto: EFE.

La influencer y atleta Estefanía Unzu Ripoll, más conocida como Verdeliss, protagonizó un impresionante desafío que puso al límite su resistencia física y mental: corrió durante 24 horas seguidas sobre una cinta. La hazaña, patrocinada por Decathlon, se llevó a cabo desde las 19:00 del 25 de febrero hasta las 19:00 del 26, en una de las sucursales de la marca en Madrid. En total, completó un recorrido superior a los 250 kilómetros.

Verdeliss, la deportista que no conoce de límites

La decisión de encarar este nuevo desafío no es casual. Llega después de un año especialmente intenso para Verdeliss, quien en 2025 afrontó el exigente reto de correr siete maratones en siete días, en siete continentes distintos. En total, acumuló 295 kilómetros y logró quedarse con el primer puesto en la categoría femenina, un antecedente que terminó de posicionarla como una de las figuras más destacadas del running de resistencia.

Verdeliss finaliza el desafío de permanecer 24 horas seguidas sobre una cinta de correr. Video EFE.

Cómo se llevó a cabo la prueba

La prueba de 24 horas comenzó dentro de la tienda Decathlon ubicada sobre la calle Orense, en un formato poco habitual: correr sin detenerse sobre una cinta durante toda la jornada. El objetivo es sostener el movimiento de manera continua, sin pausas, para mantener el ritmo durante las 24 horas completas.

En sus redes sociales, la propia influencer explicó que el reto busca poner a prueba los límites de la voluntad frente al cansancio extremo y la privación de sueño. Una frase que compartió y que sintetiza su enfoque resume esa idea: “Cuando el cuerpo empieza a pedir pausa, la cabeza es capaz de continuar”.

Desde la organización aseguraron que se dispuso un operativo especial para garantizar la seguridad y el seguimiento constante de la deportista. Hay personal de apoyo durante toda la actividad y espacios habilitados para que el público pueda observar el desarrollo del desafío dentro del horario comercial. Más allá de la marca deportiva, la iniciativa se plantea como un experimento de resistencia integral, donde el componente mental adquiere un peso central.

Verdeliss corrió 24 horas sin parar sobre una cinta. Foto: EFE.

Este tipo de propuestas se inscribe dentro de una tendencia en crecimiento: los desafíos de ultraresistencia que captan la atención tanto de audiencias digitales como de creadores de contenido vinculados al deporte. En ese contexto, la magnitud de los logros recientes de la navarra y la repercusión que generan sus proyectos la distinguen dentro del universo del running extremo.

A lo largo de la jornada, Verdeliss apeló a su experiencia previa en competencias de larga distancia para regular el esfuerzo y sostener la concentración. La logística del lugar también acompañó con los recursos necesarios para que la actividad pudiera desarrollarse en condiciones adecuadas.

Verdeliss corrió 24 horas sin parar sobre una cinta. Foto: EFE.

Cuál fue el momento crítico

Si bien las primeras horas transcurrieron con buenas sensaciones, al llegar a la mitad de la prueba, el panorama cambió. “Hasta la hora doce me encontré fuerte, pero después empezó la verdadera lucha”, reconoció al finalizar. Más que el cansancio, lo que se impuso fue el desgaste psicológico.

En lo físico, explicó que correr en cinta tiene su propia exigencia. La repetición constante del gesto provoca microimpactos continuos en las mismas zonas, lo que castiga especialmente las piernas.

Para sostenerse en los momentos críticos recurrió a una estrategia. “Me repetía que no estaba cansada, que solo era dolor. He parido sin epidural, esto no es nada para mí”.

Verdeliss corrió 24 horas sin parar sobre una cinta. Foto: EFE.

La alimentación, una ecuación clave en la ultradistancia

A lo largo de las 24 horas, su alimentación se basó sobre todo en purés de arroz y batidos de frutas infantiles, elegidos por su fácil digestión y rápida asimilación. El desafío pudo verse en tiempo real desde afuera del local, lo que se transformó en una especie de tribuna improvisada para quienes se acercaron a acompañarla.