Conflicto de Israel y EE.UU. contra Irán: cómo el agua se puede transformar en un “arma de combate” en Medio Oriente
El bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Irán no solo amenaza el flujo global de petróleo y gas, sino que expone una estrategia de desgaste más amplia, donde recursos vitales como el agua comienzan a convertirse en objetivos de guerra, elevando el riesgo de una crisis humanitaria y económica de escala mundial.

El estrecho de Ormuz ha sido noticia mundial en los últimos días a raíz del anuncio por parte de la Guardia Revolucionaria de Irán sobre su bloqueo.
Esto trajo aparejado que el planeta se ponga en vilo respecto del suministro de petróleo alrededor de la Tierra, debido a que por este pasaje marítimo se comercializa el 20% del crudo mundial, por lo que su bloqueo genera importantes consecuencias respecto del abastecimiento de este bien, con el consecuente aumento de los bienes que dependen de esta industria -que son muchos- y caídas en las bolsas de valores, como se ha visto en las últimas jornadas.

No solo el petróleo y su abastecimiento está en juego con la guerra en Medio Oriente: también por el estrecho de Ormuz se comercializa cerca del 20% del abastecimiento mundial de gas natural licuado, otro motivo por el que este bloqueo genera malestar en las economías regionales y mundiales.
Empero, no solo el gas y el petróleo son bienes que se ven afectados por la guerra en Oriente Próximo: el agua comienza a ser tenida en cuenta como un recurso que se puede transformar en un “arma de guerra”.
¿Guerra de desgaste en Medio Oriente?
Quizá la estrategia militar de Irán para enfrentar al mayor Ejército del mundo, el de los Estados Unidos, y a su aliado Israel, no sea un combate mano a mano porque es probable que las resistencias iraníes no pudieran hacerle frente a tamaño poderío.
Ahí entraría una estrategia de “desgaste” por parte de Teherán, en donde una de las cuestiones sería atacar el abastecimiento de petróleo para Occidente, la otra activar a sus socios en diferentes partes del mundo (Hezbollah en Líbano, los hutíes en Yemen, por nombrar algunos) y la tercera pata de esta estrategia de desgaste sería intentar poner al mundo en contra de Estados Unidos.

¿Cómo lograrían esta tercera “vía de combate”?: generalizando el terror.
Y una de las formas de hacerlo es provocando que los recursos fundamentales para vivir sean escasos, se agoten y la población en Medio Oriente no tenga en claro cuál sería la mejor manera de sobrevivir: si huir de allí y perderlo todo o quedarse y resistir, pese a que el agua -por ejemplo- empiece a escacear.
La región de Oriente Medio, principalmente los países que rodean al golfo Pérsico, tienen escasez de agua potable. Esto se debe a una cuestión natural de la geografía del lugar, pero también se vio incrementada esta falta a raíz de la industria petrolera.

Apenas, esta zona del mundo alberga el 2% de las reservas de agua dulce renovable, algo que es insuficiente para abastecer a los millones de habitantes en la región. Por ello, países de la penísula arábiga y los que rodean al golfo Pérsico precisan de plantas desalinizadoras de agua para poder sobrevivir.
Desde los años de 1950, la idustria petrolera en Medio Oriente dio saltos exponenciales en su desarrollo. Pero esto se siente desde hace años y más ahora, cuando un conflicto de tamaña magnitud como el actual empieza a mostrar que ese desarrollo industrial genera consecuencias negativas en el abastecimiento del agua potable, donde no solo el consumo directo se ve afectado, sino que el agua destinada al riego de las plantaciones también está en peligro.
Esto suscita la consecuencia de que la población civil es la principal perjudicada y la que menos intereses tendría en que se prolongue una guerra a perpetuidad -o a mucho tiempo- en sus países. La ecuación es clara: sin agua no se puede sobrevivir, comienza el caos, el pánico, movilización de poblados enteros, migraciones internas y externas, más deconstrol en la región.
Irán denunció recientemente el bombardeo por parte de los EE.UU. de su planta desalinizadora en la isla de Qeshm, pero al mismo tiempo, Bahréin denunció un ataque similar a una de sus plantas por parte de Teherán. Golpe por golpe, pero a qué costo.
Para poner en situación de qué dotación de agua cuentan algunos países del golfo Pérsico, los siguientes números hablan por sí solos:
- El 93% del agua potable en Kuwait proviene de plantas desalinizadoras.
- En Omán el porcentaje es del 86%.
- En Arabia Saudita es del 70%.
- Israel depende en un 50% de estas plantas.
- Qatar depende de un 48% de las plantas desalinizadoras para obtener agua potable.
- Los Emiratos Árabes Unidos tienen una dependencia del 42%.
La ventaja que tiene Irán respecto de todos estos países enemigos (por estar del bando de los Estados Unidos) es que solo dependen del 3% de su dotación de agua originada en plantas desalinizadoras. Aunque quizá esto no sea así para siempre: el país persa sustrae este recurso de sus aguas subterráneas, pero las mismas ya han sobrepasado el umbral de sobreexplotación.
La falta de recursos para sobrevivir: una estrategia de guerra cruel
Pero la escasez de recursos básicos para que la población civil pueda vivir en paz no es algo nuevo.
Se han visto circunstancias similares en los inicios de la guerra entre Rusia y Ucrania, aunque quizá el ejemplo más paradigmático sea la falta de alimentos y la hambruna que se generó en la Franja de Gaza, cuando el Ejército de Israel combatió mano a mano con el grupo terrorista Hamás, haciendo que la población no militar se peleara en las calles del enclave por un plato de comida y la hambruna afectara a miles de ellos, principalmente a niños.

Y no solo la falta del consumo directo del agua genera consecuencias catastróficas. También se ven afectadas gran cantidad de materias primas que dependen de ella, ralentizando a toda la industria, destruyendo la economía local desde adentro.
Estrategias de guerra, de desgaste del enemigo, formas diferentes de afectar sus recursos y lo más preciado que tiene. El lado más oscuro de la guerra, el más cruento, el que no da tregua ni escapatoria.











