¿Madera que genera energía solar?: China logra crear una especie que lo hace sin depender del Sol
El estudio propone transformar la madera de balsa en una plataforma energética multifuncional. Su estructura interna posee canales microscópicos alineados que facilitan tanto la conducción del calor como la incorporación de nuevos compuestos.

La transición hacia energías limpias enfrenta desafíos conocidos: la dependencia de la radiación solar, la ubicación de los paneles y la necesidad de sistemas de almacenamiento. En ese escenario, un grupo de científicos en China desarrolló una alternativa innovadora que combina naturaleza y tecnología: una madera modificada capaz de captar, almacenar y liberar energía incluso en ausencia de luz.
Madera fotoluminiscente: El avance chino que “guarda” la luz del sol para la noche
El estudio, publicado en la revista ‘Advanced Energy Materials’ y liderado por el investigador Yang Meng, propone transformar la madera de balsa en una plataforma energética multifuncional.

La elección de este material no es casual: su estructura interna posee canales microscópicos alineados que facilitan tanto la conducción del calor como la incorporación de nuevos compuestos. A partir de allí, los científicos eliminaron la lignina (el componente que aporta rigidez y color), logrando una matriz mucho más adaptable y porosa.
Sobre esa base, incorporaron distintos elementos clave. El interior fue recubierto con fosforeno negro, un material capaz de absorber luz en un amplio rango del espectro. Para evitar su degradación, se protegió con una capa compuesta de ácido tánico e iones de hierro. A esto se sumaron nanopartículas de plata, que mejoran la captación lumínica, y un tratamiento superficial que vuelve al material altamente repelente al agua.
De material de construcción a batería lumínica: El fin de la dependencia del sol directo
El resultado no es un panel solar tradicional, sino una estructura natural optimizada a múltiples escalas. La madera capta la luz, la transforma en calor y la almacena gracias al ácido esteárico, un compuesto que actúa como material de cambio de fase.

Cuando la radiación desaparece, este ácido se solidifica y libera el calor de forma gradual. Ese calor puede ser aprovechado por un generador termoeléctrico, que lo convierte en electricidad. En otras palabras, el sistema no produce energía en la oscuridad, sino que administra la que previamente almacenó.
El rendimiento logrado en laboratorio es significativo: la conversión fototérmica alcanza el 91,27%, la capacidad de almacenamiento ronda los 175 kilojulios por kilogramo y el sistema puede generar hasta 0,65 voltios bajo condiciones estándar.

Además, la propia estructura de la madera juega a favor. El calor se desplaza con mayor facilidad a lo largo de la veta que a través de la superficie, lo que mejora la conducción hacia el generador.
Durabilidad y potencia: Las claves que hacen de la madera un conductor energético viable
Más allá de su función energética, esta madera compuesta presenta propiedades adicionales relevantes: mayor resistencia al fuego, alta repelencia al agua y actividad antimicrobiana. Estas características la vuelven especialmente atractiva para aplicaciones en exteriores, donde factores como la humedad, el polvo o los microorganismos suelen afectar el rendimiento de otros sistemas.

Otro dato destacado es su estabilidad: el material mantuvo su desempeño tras más de 100 ciclos térmicos, lo que sugiere una buena durabilidad en condiciones controladas.
Sin embargo, el desarrollo aún enfrenta un desafío clave: escalar su producción y verificar si estas prestaciones se sostienen fuera del laboratorio. Como ocurre con muchas innovaciones en energías renovables, el paso de la prueba experimental a la aplicación masiva será determinante.
De confirmarse su viabilidad, esta “madera energética” podría abrir una nueva vía para complementar la energía solar tradicional, especialmente en contextos donde la disponibilidad de luz es variable.

















