Mar del Plata, Argentina.
Mar del Plata, Argentina.

Mar del Plata y Biarritz están unidas por algo más que el mar Atlántico. Aunque las separan más de diez mil kilómetros, ambas ciudades comparten una historia urbana y arquitectónica sorprendentemente similar, marcada por el turismo de élite, la influencia europea y la construcción de un balneario asociado al prestigio, el ocio y la vida social.

La ciudad de Biarritz en Francia comenzó a consolidarse como destino turístico a mediados del siglo XIX, cuando la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, eligió este pequeño pueblo pesquero del País Vasco francés como lugar de veraneo.

Biarritz, Francia. Foto: Instagram @nvr_pixel

A partir de entonces, la aristocracia europea transformó la ciudad: surgieron palacios, villas, hoteles de lujo y casinos frente al mar, diseñados para disfrutar del paisaje atlántico y, al mismo tiempo, exhibir estatus.

La arquitectura adoptó un estilo pintoresquista, con influencias francesas y vascas, caracterizado por techos inclinados, fachadas de piedra, balcones ornamentados y grandes ventanales orientados al océano.

Mar del Plata, la “Biarritz argentina”

Décadas más tarde, Mar del Plata recorrió un camino similar. Fundada en 1874, la ciudad comenzó a desarrollarse como balneario a fines del siglo XIX, cuando la élite porteña la adoptó como su principal destino de veraneo.

Mar del Plata, Argentina. Foto: Instagram @mardelplataarg

Hacia la década de 1920, comenzó a construirse el monumental casino, el principal símbolo de la ciudad hasta hoy. El edificio fue diseñado por el arquitecto Alejandro Bustillo, quien utilizó el estilo Luis XIII, con el modelo de la Place Vendôme, de París.

En esa época también se encargó al prestigioso paisajista francés Carlos Thays el diseño del Paseo General Paz, un amplio parque público de cuatro hectáreas acompañando la rambla costera en el tramo céntrico de la ciudad, desde el Hotel Bristol hasta la Playa de los Pescadores.

Biarritz, Francia. Foto: Instagram @nvr_pixel

Inspirados en los modelos europeos, especialmente franceses, los sectores acomodados impulsaron una transformación urbana que buscó inspirarse en ciudades como Biarritz.

Así nacieron los hoteles emblemáticos y, con el tiempo, el llamado “chalet marplatense”, una adaptación local del pintoresquismo europeo que combinó piedra, madera, tejas y una fuerte impronta artesanal.

Mar del Plata, Argentina.

El vínculo entre ambas ciudades se refuerza en su relación con el mar. En Biarritz, el frente costero se convirtió en el corazón de la vida social, con paseos marítimos, miradores y edificios emblemáticos pensados para disfrutar del paisaje atlántico.

Mar del Plata replicó esa lógica: la costa fue el eje de su crecimiento urbano, con construcciones orientadas al océano, rambla, casinos y hoteles que funcionaron como símbolos del auge turístico y del progreso. En ambos casos, el urbanismo se diseñó para integrar arquitectura y naturaleza, haciendo del mar un elemento central de la experiencia urbana.

Biarritz, Francia. Foto: Instagram @nvr_pixel

Con el paso del tiempo, tanto Biarritz como Mar del Plata ampliaron su perfil turístico y se democratizaron, pero conservaron huellas claras de ese origen aristocrático.

Hoy, sus chalets, barrios y edificios históricos siguen contando una historia compartida: la de dos ciudades que, desde orillas opuestas del Atlántico, construyeron una identidad basada en el turismo, la arquitectura y el deseo de recrear un mismo ideal.