El pueblo conocido como la NASA Argentina
El pueblo conocido como la NASA Argentina Foto: Foto generada con IA

En el camino hacia la Costa Atlántica existe un pequeño pueblo que suele pasar desapercibido para quienes viajan rumbo al mar, pero que esconde una de las historias tecnológicas más curiosas del país. Se trata de Pipinas, un destino con identidad propia que combina pasado industrial, legado espacial y propuestas culturales únicas. Su ubicación estratégica sobre la Ruta Provincial 36 convierte a este paraje en una parada ideal para quienes buscan una escapada diferente antes de llegar a las playas.

Un pueblo con un apodo singular: “la NASA argentina”

Pipinas ganó notoriedad en los últimos años gracias a un título llamativo: “la NASA argentina”. Este apodo no es casual. La localidad fue sede del Polo Espacial Punta Indio, un predio donde se realizaron ensayos del programa nacional de lanzadores. Allí se probaron los vehículos experimentales VEX, prototipos del futuro cohete Tronador, pieza clave del desarrollo aeroespacial del país. Aunque solo uno de los lanzamientos fue exitoso, la actividad dejó una huella imborrable: en la entrada del pueblo se exhibe una réplica a escala real del lanzador Tronador II, hoy uno de los principales atractivos turísticos.

Un pueblo donde se probaron los vehículos del proyecto Tronador Foto: Punta Indio Web

Ese legado espacial es el motivo por el que muchos viajeros hacen una pausa durante el trayecto para observar la réplica del cohete y conocer un capítulo poco difundido de la ciencia argentina. Además, funciona como símbolo de identidad para una comunidad que logró reconvertirse tras el cierre de su histórica fábrica de cemento.

Un pasado industrial que se transformó en atractivo turístico

Fundado en 1913, Pipinas creció alrededor de una gran cementera que impulsó la economía local. El cierre de la fábrica en 2001 dejó al pueblo en una situación compleja, pero años más tarde la comunidad supo reinventarse: el edificio administrativo se transformó en un hotel gestionado por una cooperativa de vecinos, un ejemplo de recuperación productiva basada en la organización local. Además, el predio conserva parte de su mística industrial y se integra con la oferta turística actual.

Este proceso de resiliencia no solo atrajo visitantes interesados en la historia regional, sino que también potenció nuevas actividades culturales y turísticas, convirtiendo a Pipinas en un destino alternativo para quienes buscan experiencias fuera del circuito convencional.

Un museo a cielo abierto que recorre la identidad del pueblo

Otro de los grandes atractivos de Pipinas es su Museo a Cielo Abierto, formado por 17 murales que narran la historia local: desde el origen rural hasta la etapa industrial y el posterior capítulo espacial. El recorrido invita a caminar por sus calles arboladas mientras los murales funcionan como ventanas hacia distintas épocas del pueblo. También se destaca el sendero “Cenizas del Recuerdo”, que permite comprender la relevancia de la antigua cementera en la vida de la comunidad.

A mitad de camino hacia la Costa se esconde un destino que sorprende con su pasado espacial Foto: Pipinas.com

Este entramado artístico convierte a Pipinas en una galería al aire libre donde cada fachada suma una pieza al relato colectivo. Para viajeros interesados en cultura, patrimonio y fotografía, es una propuesta imperdible.

Una escapada ideal para combinar campo, historia y tecnología

Ubicado a la altura del kilómetro 155 de la Ruta 36, Pipinas es una parada accesible para quienes viajan hacia los balnearios del sur de la Costa. Entre naturaleza, legado científico y arte urbano, este pequeño pueblo ofrece una pausa distinta entre el campo y el mar, perfecta para una visita en familia o con amigos.