Descansar no es sinónimo de inactividad: por qué “no hacer nada” en vacaciones podría agotarte mucho más
Para muchos, relajarse en vacaciones es clave para recuperar el descanso, pero la ciencia advierte algo distinto: puede impedir la recuperación física y mental. Los detalles, en la nota.

Las vacaciones son una de las épocas más esperadas por las personas. Luego de un arduo año de trabajo y estrés, es necesario tomarse un receso para descansar y regresar con mucha más energía. Y aunque la imagen mental suele ser estar acostado en la cama o en una reposera con la promesa de reposar todo lo que podamos, lo cierto es que la ciencia indica que este comportamiento podría ser contraproducente.
Aunque descansar sugiere dormir mucho y mantener poca actividad física, un estudio demostró que sumergirse en un ciclo de letargo y pesadez hace que luego sea aún más difícil volver a trabajar con la energía renovada. Esto ocurre porque cuando el cuerpo pasa del ritmo frenético de la ciudad a la inactividad absoluta, se produce un desajuste en el metabolismo y la circulación, generando rigidez muscular, alterando patrones de sueño y desatando incluso apatía. Pero ¿Qué dicen los estudios científicos?

Según investigaciones publicadas en revistas como Frontiers in Psychology y Journal of Sports Science & Medicine, el descanso activo, entendido como actividad ligera o moderada, favorece la liberación de endorfinas y mejora la recuperación mental, a diferencia del sedentarismo absoluto.
Vacaciones para descansar… y pasear: el descanso activo como estrategia
El cerebro necesita estímulos de baja intensidad para desconectarse del estrés laboral. Caminar al aire libre, leer en un entorno natural o dedicar tiempo a un hobby olvidado son ejemplos de descanso activo, que permiten regenerar la energía sin sobrecargar al organismo. En este sentido, el estudio publicado en
Según un estudio publicado en Psychophysiology Journal, pequeñas dosis de movimiento durante periodos de descanso ayudan a mantener la oxigenación cerebral y la circulación sanguínea, reduciendo la sensación de letargo y mejorando el ánimo.

En este mismo sentido, el estudio sugiere que si en las vacaciones la persona pasa un momento de quietud total, su cuerpo entra en el modo “ahorro de energía” y la circulación se ralentiza, la oxigenación cerebral disminuye y sus músculos se vuelven rígidos debido a que no se utilizan. Esto puede generar sensación de pesadez y hasta en algunos casos, depresión
Por eso, los investigadores recomiendan alternar momentos de quietud con algunas actividades que obliguen al movimiento, sin sobrecargar al organismo. La clave está en evitar que las vacaciones se conviertan en una extensión del estrés acumulado y, por este motivo, el descanso no debe ser sinónimo de la ausencia absoluta de actividad, sino alternar la relajación con el estímulo.



















