Hito revolucionario en China: hallan un antiguo linaje humano que vivió en el final de la Edad del Hielo
Un hallazgo revela un linaje humano desconocido de la Edad de Hielo, el ADN antiguo muestra una diversidad poblacional en Asia oriental mucho mayor de lo que se creía y el descubrimiento reescribe parte de la historia evolutiva humana y sus migraciones prehistóricas.

Investigadores y científicos han identificado en el norte de China un antiguo linaje humano hasta ahora desconocido, a partir de restos hallados en un contexto arqueológico que se remonta al final de la última Edad del Hielo o glaciación. El descubrimiento, de gran relevancia para la antropología y la arqueología, aporta nueva información sobre la evolución humana en Asia oriental durante un período de profundos cambios climáticos y ambientales.
El análisis genético de estos restos sugiere la existencia de una rama humana que no encaja con los linajes previamente conocidos, lo que obliga a replantear parte de los modelos sobre la evolución humana en la región. Según los investigadores, esto evidencia una mayor diversidad poblacional en la Edad del Hielo de la que se había documentado hasta ahora, y abre nuevas líneas de estudio sobre la interacción entre distintos grupos humanos prehistóricos.

Los detalles del hallazgo chino que revoluciona la historia de la evolución humana
El yacimiento de Donghulin, situado en la llanura del norte de China, es un sitio clave para entender el cambio de estilo de vida en la prehistoria, cuando las sociedades pasaron de ser cazadoras-recolectoras a las primeras comunidades agrícolas. En este lugar se han hallado restos de viviendas más estables, herramientas de piedra trabajada con mayor precisión, cerámica y evidencias tempranas del cultivo de mijo, lo que indica una transición hacia formas de vida más sedentarias.
A partir de estos restos, los científicos lograron recuperar y analizar el ADN de dos individuos enterrados en un contexto arqueológico bien definido, además del ADN mitocondrial de un tercero. Este material genético permite vincular directamente a las personas con su entorno cultural y aporta información clave sobre quiénes habitaban la región durante este período de grandes cambios.
El análisis genético del individuo más antiguo, llamado DHL_M1, mostró un resultado inesperado: su ADN no coincide con el de ningún grupo humano conocido del norte de Asia oriental. En lugar de encajar dentro de poblaciones ya identificadas, pertenece a una línea evolutiva muy antigua que se separó del resto hace mucho tiempo.

Los investigadores explican que se trata de un “linaje de divergencia temprana”, lo que en términos simples significa una rama humana que se apartó muy temprano del tronco común de las poblaciones de esa región y luego siguió su propio camino evolutivo. Es decir, no es un antepasado directo de los grupos conocidos, sino una rama paralela muy antigua.
Además, este linaje es tan antiguo como el de otro individuo de referencia, AR19K, que vivió hace unos 19.000 años en la cuenca del río Amur. Aunque ambos comparten un origen remoto, sus historias genéticas fueron distintas, lo que indica que al final de la última Edad de Hielo coexistían en el norte de Asia oriental varios grupos humanos diferentes, no una población única y homogénea.
¿Cómo sobrevivió este antiguo linaje humano al final de la última glaciación?
El estudio sugiere que este antiguo linaje humano sobrevivió al final de la última glaciación en un contexto de fuerte inestabilidad climática y grandes movimientos de población. A medida que el clima se volvía más cálido, los grupos humanos del norte de Asia oriental no permanecieron estáticos: se desplazaron, se mezclaron entre sí y, en muchos casos, fueron reemplazados por nuevas poblaciones que llegaban a la región.
En el caso del linaje identificado en Donghulin, representado por el individuo DHL_M1, los investigadores plantean que no desapareció de forma inmediata, sino que pudo haber persistido durante un tiempo y luego dejar una contribución parcial en poblaciones posteriores, como la representada por DHL_M2. Sin embargo, su señal genética se fue diluyendo a medida que otros grupos con diferentes orígenes ganaban presencia en la zona.

Este patrón encaja con una dinámica de “recambio poblacional” más que con una continuidad lineal: distintos grupos humanos ocuparon el mismo territorio en momentos cercanos, dejando huellas biológicas y culturales diferentes. La supervivencia de estos linajes, por tanto, no dependió de permanecer aislados, sino de su capacidad de integrarse parcialmente en nuevas poblaciones o ser absorbidos por ellas.
Al mismo tiempo, aunque los grupos humanos cambiaban, algunas prácticas como la recolección intensiva y el inicio del cultivo de mijo se mantuvieron y se expandieron. Esto indica que la continuidad no fue tanto genética como cultural, lo que permitió que ciertas formas de subsistencia sobrevivieran incluso cuando los pueblos que las practicaban eran reemplazados o transformados.
Las características del linaje humano hallado recientemente en China
Por su parte, ni el linaje de DHL_M1 ni el de DHL_M2 dejaron una marca en las poblaciones actuales, aunque el segundo nombrado comparte más alelos con las poblaciones actuales que el primero.
El individuo DHL_M2 presenta un haplogrupo mitocondrial G4, un linaje poco común que solo aparece de forma aislada en algunas personas actuales de China y Japón. En cuanto a su cromosoma Y, pertenece al linaje N-F1360, aunque ocupa una posición muy temprana dentro de ese grupo, sin mostrar las ramificaciones más recientes que sí están presentes en poblaciones actuales.
Además, los investigadores comprobaron que ambos individuos comparten niveles similares de ADN heredado de neandertales y denisovanos en comparación con otros asiáticos orientales de la misma época y más recientes. Esto explicaría que la mezcla con homínidos arcaicos ya se había producido antes y se había estabilizado.

El estudio, dirigido por el laboratorio de Qiaomei Fu en el Instituto de Paleontología y Paleoantropología de Vertebrados de la Academia China de Ciencias, es importante porque por primera vez se logra vincular ADN antiguo con un contexto arqueológico bien documentado en esta región. Esto permite conectar de forma directa la información genética con los restos materiales y las formas de vida de las poblaciones del pasado.
Hasta ahora, los pocos genomas disponibles del norte de Asia oriental con más de 10.000 años de antigüedad provenían de hallazgos sin un contexto cultural claro. Esa falta de información hacía difícil relacionar los cambios genéticos con transformaciones concretas en la vida cotidiana, como el paso de la caza y recolección a la agricultura.













