Acuerdo Argentina–Estados Unidos: el acero y el aluminio siguen con aranceles del 50% y generan tensión en la industria
El entendimiento comercial dejó afuera a un sector estratégico que exporta más de US$600 millones al año. Las ventas de acero y aluminio continúan pagando un 50% de arancel, mientras el Gobierno promete revisar la medida y las empresas reclaman cambios urgentes.

El acuerdo comercial que quedó firmado entre Argentina y Estados Unidos dejó afuera a una industria clave y estratégica: el acero y el aluminio.
Pese al entendimiento bilateral, esos productos continúan alcanzados por aranceles del 50%, una carga que condiciona la competitividad de las empresas locales en uno de sus principales mercados externos.
La decisión responde a la aplicación de la Sección 232, una normativa que habilita al presidente estadounidense, Donald Trump, a fijar aranceles adicionales por razones de “seguridad nacional”. Durante la gestión del republicano, primero se impuso un gravamen del 25% y luego, en junio de 2025, se lo elevó al 50%. Desde entonces, el sector siderúrgico y metalúrgico argentino aguarda una revisión que le permita recuperar condiciones más favorables de acceso.
¿Por qué impacta tanto que el acero y el aluminio no hayan entrado en el acuerdo?
Según la consultora Analytica, “los grandes ausentes del acuerdo comercial son el aluminio y el acero, que tienen un arancel del 50% y sobre los cuales había grandes expectativas de un trato preferencial”. Si bien el gobierno estadounidense manifestó disposición a analizar la situación, lo cierto es que el entendimiento alcanzado solo incluyó materias primas básicas de fundición, algunas aleaciones y un conjunto acotado de manufacturas vinculadas principalmente a la industria aeronáutica.
El grueso de las exportaciones argentinas hacia ese destino continúa, por ahora, excluido.
El impacto económico no es menor. En los últimos cinco años, el aluminio y sus manufacturas representaron cerca del 7,5% de las exportaciones argentinas, con un promedio anual de alrededor de 510 millones de dólares, lo que la convierte en la tercera categoría más relevante.
Por su parte, el hierro y el acero implicaron aproximadamente el 2,1%, con ventas externas promedio de 143 millones de dólares anuales. En conjunto, el rubro supera los 600 millones de dólares por año.
En el plano empresarial, la medida afecta de manera directa a compañías como ArcelorMittal Acindar, Aluar y a las firmas del Grupo Techint, entre ellas Tenaris y Ternium. En todas ellas se mantiene la expectativa de que las negociaciones bilaterales avancen hacia un esquema más equilibrado.
Desde ArcelorMittal Acindar señalaron que valoran los avances en la agenda comercial bilateral y cualquier paso que fortalezca el vínculo entre ambos países. Sin embargo, remarcaron la importancia de que, en futuras revisiones, se contemplen los productos de acero no planos dentro del esquema de negociación, un segmento clave para la industria local.

En el plano político, el canciller Pablo Quirno intentó llevar tranquilidad. Durante la conferencia de prensa en la que se anunció el acuerdo, aseguró que existe “una voluntad política explícita de revisar los aranceles al acero y al aluminio”. No obstante, evitó precisar plazos o mecanismos concretos para una eventual rebaja. “Tenemos que tener un poco más de paciencia, pero el compromiso está intacto”, afirmó, y destacó que los acuerdos comerciales son dinámicos y se encuentran sujetos a revisiones periódicas.
Mientras tanto, el Gobierno argentino adoptó medidas internas para amortiguar el impacto. En diciembre prorrogó por tres meses la quita de retenciones al acero y al aluminio. A través del decreto 930/25, justificó la decisión al señalar que persisten condiciones que afectan de manera directa la competitividad de las exportaciones y que resulta necesario mitigar los efectos adversos derivados de medidas de protección adoptadas por otros países.
Para la industria, cada punto porcentual de arancel implica millones de dólares y puestos de trabajo en juego. La expectativa es que las próximas rondas de negociación permitan corregir una exclusión que, por ahora, deja a uno de los sectores más relevantes del comercio exterior argentino fuera de los beneficios del nuevo acuerdo.

















