Gerardo Romano. Foto: NA.
Gerardo Romano. Foto: NA.

El actor Gerardo Romano es bien conocido por sus papeles en series y películas argentinas, pero también lo es por hablar sin filtro de su vida, con cierto humor y sinceridad. En su paso por Otro día Perdido, el ciclo conducido por Mario Pergolini, recordó cómo fue su juventud y por qué lo echaron de la iglesia a la que asistía todos los sábados y domingos.

Según Romano, su vínculo con la religión era muy estrecho, pero algunas situaciones de la vida hicieron que se alejara. Con su característico humor, el actor no esquivó ninguna pregunta y recordó dos episodios clave que marcaron su relación con la Iglesia y que terminaron por alejarlo definitivamente.

Ante la consulta de si era “mujeriego”, Romano respondió sin rodeos: “Mucho”, resaltó. Pero no solo eso, sino que explicó que esa conducta estaba vinculada a su necesidad de “recuperar” años de celibato.

Gerardo Romano. Foto: NA.
Gerardo Romano. Foto: NA.

En la entrevista, el actor de “El Marginal” aseguró que durante su juventud era profundamente católico: asistía a misa todos los sábados y domingos y mantenía un fuerte vínculo con la Iglesia. Sin embargo, esa relación se quebró tras una experiencia puntual.

“Estuve arrodillado en mi primera confesión, de mi primer orgasmo”, contó y recordó la reacción del sacerdote. “Me echó. Ese momento marcó un antes y un después. Me sentí echado. Y cumplí con eso: no aparecí más”, expresó.

Su intento de recuperar la fe y volver a la iglesia

Gerardo Romano contó además que, ya de adulto, tuvo un intento de acercarse nuevamente a la fe: “A los 50 años terminé en Luján a las ocho de la mañana, fisurado, con unos amigos”, relató.

Gerardo Romano, actor. Foto: NA.
Gerardo Romano, actor.

En ese contexto, decidió ingresar a un confesionario y hablar con un sacerdote. Allí realizó una confesión directa sobre algunos de los aspectos más polémicos de su vida: “Tuve sexo múltiple, tomé drogas, participé de orgías”.

“Me sacó la tarjeta y me dijo ‘vaya, vaya’”, recordó, al insistir en que en ese episodio el cura también lo había echado y había desaprobado su conducta sin “el perdón de Dios”. “Después no volví más”, sentenció.