Una pileta al lado de Aeroparque
Una pileta al lado de Aeroparque Foto: Instagram @controladoresaeroparque

Hubo un verano en Buenos Aires en el que la escena era, literalmente, de película: familias enteras extendían la toalla, el agua brillaba como una cinta interminable y, a pocos metros, un avión rugía antes de despegar. No era Miami, ni Mar del Plata. Era la Costanera Norte, y el espejo de agua no era el río: era una pileta pública monumental construida pegada a Aeroparque, promocionada en su época como “la más grande del mundo”.

Hoy, donde se ordenan autos en una playa de estacionamiento, existió una obra desmesurada de ocio popular: 840 metros de largo, 80 de ancho y una profundidad promedio cercana a 1,20 m, pensada para uso familiar. Se inauguró alrededor de 1950 y se abastecía con agua tomada del Río de la Plata, renovada por su cercanía al borde costero.

Antes de la pileta: cuando la ciudad todavía miraba al río

Para entender por qué alguien imaginó una pileta de casi un kilómetro junto a una pista aérea, hay que retroceder varias décadas y mirar el mapa como lo miraban los urbanistas: Buenos Aires crecía, se densificaba y buscaba “ganarle” metros al río para crear paseos, parques y nuevos usos. La Costanera Norte se proyectó como paseo en el marco del Plan de Estética Edilicia (1925) impulsado durante la intendencia de Carlos Noel, y buena parte de esa costa se formó sobre tierras de relleno (incluso con material de excavaciones de obras como el subte).

Un balneario popular alimentado con agua del Río de la Plata Foto: Instagram @controladoresaeroparque

En agosto de 1938, una ordenanza destinó esos terrenos ganados al Río de la Plata a un gran parque público llamado Parque de la Raza. Pero esa idea “verde” convivió con otra ambición: que la ciudad tuviera un aeropuerto dentro de su propio límite urbano.

El Aeroparque-parque: un aeropuerto pensado como espacio de esparcimiento

La paradoja está escrita en el origen: Aeroparque fue concebido como un “aeródromo dentro de un parque”, y se inauguró en 1947 sobre esos terrenos costeros. En la práctica, el área combinó por un tiempo lo impensado: infraestructura aeronáutica y recreación masiva, dos lenguajes urbanos que hoy parecen incompatibles.

En esa lógica, el Estado impulsó instalaciones deportivas y de descanso como parte de una política más amplia de esparcimiento popular: piletas, colonias, “bautismos de vuelo” y paseos. La pileta de Aeroparque fue, en ese tablero, la pieza más extravagante: el lugar donde el descanso se volvía una postal de modernidad.

Cómo era el balneario: vestuarios, confitería y el río “domesticado”

El complejo no era solo agua. Tenía vestuarios y una confitería para atender a las multitudes que llegaban en temporada. Y sí: se podía nadar de día y de noche, mientras los aviones despegaban “en primera fila”.

Funcionó desde 1950 una pileta pública descomunal de 840 metros junto a Aeroparque Foto: Instagram @controladoresaeroparque

El dato más llamativo es el método: la pileta se llenaba con agua del río, un detalle que conecta esta obra con una Buenos Aires que, hasta mediados del siglo XX, todavía se animaba a usar el Río de la Plata como balneario (especialmente en Costanera Sur). Esa relación se fue deteriorando con el tiempo, entre otros motivos, por la contaminación y por cambios de hábitos y ofertas recreativas.

Línea de tiempo (para entender el “nacimiento y borrado”)

  • 1920–1930: avances de relleno y consolidación de la Costanera Norte; planificación urbana para crear paseos y parques.
  • 1938: terrenos destinados al Parque de la Raza como espacio público.
  • 1946: decretos municipales ceden sectores a la autoridad aeronáutica para instalar el Aeroparque.
  • 1947: inauguración de Aeroparque.
  • 1949–1950: se consolidan obras; se inaugura la pileta/ balneario junto a la cabecera norte.
  • Finales de los 50: registros y reconstrucciones históricas señalan que el balneario deja de funcionar; la infraestructura empieza a quedar desafectada.
  • Años 60: ampliaciones y normas de seguridad impulsan reconfiguraciones del predio; el aeropuerto gana terreno.
  • Principios de los 70: desaparecen los últimos tramos de la pileta y el área se transforma (estacionamientos y nuevas obras).
  • 1997: aún quedaban edificios del complejo; luego fueron reemplazados por nuevas instalaciones del aeropuerto.

¿Por qué se perdió? La explicación más sólida: ganó la lógica aeroportuaria

No hay una única hipótesis, pero la más firme conecta el cierre con la expansión y modernización de Aeroparque: más pista, más rodajes, más seguridad, más operaciones. En criollo: el aeropuerto necesitó el espacio y el balneario quedó fuera de época.

En la Costanera Norte, donde hoy hay estacionamientos Foto: Instagram @controladoresaeroparque

La historia, además, tiene un trasfondo urbano mayor: a partir de las décadas del 50 y 60 se multiplicaron restricciones y clausuras sobre balnearios del Río de la Plata por problemas ambientales; el río dejó de ser “pileta natural” y la ciudad empezó, lentamente, a darle la espalda. En ese clima, una pileta alimentada con agua del río también quedó atrapada entre dos fuerzas: la necesidad social de refrescarse y la nueva conciencia sanitaria/ambiental.

La postal que explica un país

La pileta de Aeroparque no es solo una rareza: es una pieza de historia social. Habla de un tiempo en que el descanso masivo fue política pública y en que la modernidad se medía en obras grandes: aeropuerto, costanera, recreación. También es una advertencia sobre cómo se borra el pasado: lo que fue orgullo urbano puede terminar reducido a un “¿acá había una pileta?”.

Quizá por eso sigue fascinando: porque condensa una Buenos Aires posible que existió por un rato y luego se evaporó como el agua al sol de enero.