La Emperatriz: así era la locomotora diseñada por argentinos que llegó a ser la más veloz de Sudamérica a principios del siglo XX
Se volvió leyenda al cubrir Buenos Aires–Rosario en 3 horas y 21 minutos en 1926, con un promedio de 90,4 km/h y picos estimados de hasta 140 km/h. Tras su baja en 1968, fue preservada como patrimonio ferroviario.

“La Emperatriz” fue una locomotora a vapor diseñada en Rosario por ingenieros argentinos que, en pleno auge ferroviario, logró una marca de velocidad tan impactante que todavía hoy sorprende cuando se la compara con tiempos actuales entre Buenos Aires y Rosario.
Lo más fascinante es que su historia no se explica solo por hierro, carbón y vapor, sino también por competencia, orgullo técnico y una pulseada periodística que empujó a la máquina y a su tripulación a ir más allá de lo habitual.
A continuación, el recorrido completo de esta “joya” nacional: cómo nació, cómo se volvió imbatible en 1926 y por qué hoy descansa, con estatus de pieza patrimonial, bajo custodia ferroviaria.
El origen de La Emperatriz: una pieza clave en la historia ferroviaria argentina
“La Emperatriz” era la locomotora N° 191 de la serie PS10, un lote de diez unidades numeradas del 191 al 200 concebidas para servicios rápidos de pasajeros del entonces Ferrocarril Central Argentino.
Su “ADN” es bien rosarino: el modelo fue diseñado en los Talleres Rosario por ingenieros del ferrocarril, en una época en la que el país apostaba fuerte a la innovación ferroviaria.
La fabricación, en cambio, se encargó al exterior: la serie fue construida por la North British Locomotive Company Limited (Escocia) y entregada en 1914.

En lo técnico, era una “máquina de escuela”: rodado Pacific 4-6-2, pensada para correr rápido y estable, con ruedas motrices de alrededor de 1,80 m (tan grandes que la gente se acercaba a las estaciones solo para verlas).
El nombre de la serie también decía mucho: PS10 viene de Passenger Superheater, porque trabajaba con vapor sobrecalentado, un salto de eficiencia que permitía entregar más presión y rendimiento en los cilindros.
Y no era solo técnica: el propio Ferroviario Club Central Argentino destaca su estética “limpia” y elegante, con cañerías ocultas, líneas puras y un esquema negro con filetes “passenger” (blanco y rojo) que la hacía inconfundible.
Cómo logró convertirse en la locomotora más veloz de Sudamérica en 1926
La escena es de película: febrero de 1926, una noticia internacional llega al país, el hidroavión “Plus Ultra”, y los diarios se disputan quién llega primero a los lectores.
Según el relato histórico que se conserva, se organizó un tren especial con una misión concreta: cubrir Buenos Aires–Rosario antes del amanecer para distribuir ejemplares en la ciudad, evitando demoras y paradas.

En esa hazaña, “La Emperatriz” quedó asociada a una cifra que define su mito: 303 km en 3 horas y 21 minutos, con una velocidad promedio de 90,4 km/h.
Sobre la fecha exacta, hay una diferencia según las fuentes: FIUBA y algunos relatos periodísticos ubican el récord el 11 de febrero de 1926, mientras que Wikipedia menciona el 13 de febrero; lo consistente entre versiones es el tiempo total y el promedio alcanzado en el tramo.
¿Y la velocidad máxima? No hay un dato oficial único, pero varias reconstrucciones coinciden en picos cercanos a 140 km/h, un número descomunal para la infraestructura y la tecnología de la época.
Ese rendimiento no fue “magia”: la PS10 estaba pensada para correr, con ruedas grandes (más velocidad final) y un sistema de vapor sobrecalentado que mejoraba la entrega de potencia.
A esto se suma el factor humano. La figura del maquinista Francisco Savio aparece asociada durante años a la 191 y a su cuidado extremo, con una disciplina de mantenimiento que alimentó el prestigio de la locomotora.
En otras palabras: máquina de elite + trazado clave + presión por llegar a horario. Y así, “La Emperatriz” se convirtió en la locomotora más veloz de Sudamérica en aquel momento.
Datos rápidos (para dimensionar la proeza):
- Serie: PS10, unidades 191–200.
- Año de construcción/entrega: 1914.
- Tramo emblemático: Buenos Aires–Rosario (303 km).
- Tiempo récord: 3 h 21 min; promedio 90,4 km/h.
- Velocidad máxima citada: 140 km/h.
La Emperatriz después de 1968: fin de servicio y su descanso en el Museo Nacional Ferroviario
Como toda gran protagonista, también tuvo su última función: la locomotora 191 trabajó por última vez en 1968, cerrando más de medio siglo de actividad ferroviaria.
Luego vino un período ingrato, común a muchas piezas industriales históricas: tras la baja, quedó relegada y llegó a estar en condiciones de abandono, hasta que el impulso de preservación cambió el rumbo.

La recuperación se explica por un nombre propio: el Ferroviario Club Central Argentino (FCCA), que impulsó su restauración con una lógica casi artesanal y obsesiva por el detalle.
De acuerdo con el testimonio difundido en esa reconstrucción, tras años de trámites, el trabajo fuerte arrancó en 2001, demandó alrededor de 7.000 horas y logró un hito: en 2003 la máquina pudo “volver a vapor” por primera vez tras la restauración.
En términos patrimoniales, hoy la situación es clara: la 191 pertenece al Museo Nacional Ferroviario y está cedida en custodia al FCCA, en la zona de Pérez (Santa Fe), donde se trabaja para conservarla y, cuando se puede, mostrarla “viva”.
Incluso en los últimos años se registró su instalación como pieza central del espacio museístico local, con el objetivo de exhibirla y poner en valor la memoria ferroviaria regional.
“La Emperatriz” no es solo una locomotora rápida. Es la prueba de que, a principios del siglo XX, la Argentina podía diseñar tecnología ferroviaria de punta, competir en rendimiento y, un siglo más tarde, todavía discutir su legado como parte de un patrimonio que merece ser cuidado.



















