Alfajores
Alfajores Foto: Foto generada con IA Canal 26

En la Argentina, hablar de alfajores es hablar de memoria, de viajes familiares, de identidad y de tradición. Pero pocos saben que el primer alfajor argentino no nació en una gran fábrica ni en una postal turística, sino en una casa de Santa Fe, en un contexto histórico clave para el país: la sanción de la Constitución Nacional de 1853. La historia es tan fascinante como simbólica y conecta dos hitos fundacionales de nuestro ADN cultural y político.

Santa Fe, 1853: cuando la historia y la cocina se cruzaron

En mayo de 1853, Santa Fe fue el epicentro de un momento decisivo: representantes de trece provincias se reunieron en el Congreso General Constituyente para redactar la Constitución Nacional, un año después de la Batalla de Caseros y del Acuerdo de San Nicolás. Sin hoteles disponibles en la ciudad, varios constituyentes se alojaron en casas particulares. Una de ellas pertenecía a Hermenegildo Zuviría, un inmigrante español que, sin saberlo, estaba a punto de entrar en la historia.

Hermenegildo Zuviría Foto: Archivo

Zuviría, junto a sus hermanas, elaboraba bizcochos de origen andaluz, finos discos de masa a base de harina, yema, grasa y agua, que se cocinaban en horno de barro. Esos bizcochos, pensados inicialmente como galletas, se untaban con dulces caseros. Pero fue la necesidad de aprovechar las claras de huevo sobrantes la que dio lugar a una idea innovadora: cubrirlos con merengue italiano y unirlos con dulce de leche.

El nacimiento del alfajor santafesino

Así nació el primer alfajor argentino, primero con dos capas y luego con tres, dando origen al clásico alfajor santafesino. Por su delantal blanco, los vecinos apodaron cariñosamente a Hermenegildo “Don Merengo”, nombre que luego llevaría la primera alfajorería del país, fundada oficialmente en 1851 y considerada la más antigua de la Argentina.

Los constituyentes probaron los alfajores Foto: Archivo

Mientras en la planta alta de su casa se debatían los artículos de la Ley Fundamental, en la planta baja se cocinaba una receta que atravesaría generaciones. Los constituyentes, entre ellos figuras clave como José Benjamín Gorostiaga y Juan María Gutiérrez, fueron agasajados durante meses con estos alfajores artesanales, que rápidamente se convirtieron en un símbolo de hospitalidad santafesina.

“Traé alfajores”: una frase con historia

Cuenta la tradición oral que, al finalizar la Convención, Zuviría regaló alfajores a los constituyentes para llevar a sus provincias. Con el tiempo, ese gesto habría inspirado una de las frases más populares del habla cotidiana argentina: “Traé alfajores”, asociada al regreso de un viaje con presentes para la familia.

El escritor santafesino Mateo Booz inmortalizó esta escena en su obra Aleluyas del Brigadier, donde describe a los convencionales regresando a sus hogares con alfajores Merengo en el equipaje, como recuerdo de aquellos días fundacionales.

Una receta que atraviesa siglos

Aunque el edificio original fue demolido en 1948, la marca Merengo continúa activa y mantiene una receta prácticamente intacta desde hace más de cien años. Tres generaciones de la familia Zuviría estuvieron al frente del negocio, que luego pasó a manos de descendientes, conservando su carácter artesanal y familiar.

El meregue, el ingrediente estrella del alfajor Foto: instagram @merengo.sa

Hoy, el alfajor santafesino no solo es patrimonio local: figura entre los mejores del mundo según rankings internacionales y sigue siendo un emblema de la repostería nacional, desde las vitrinas tradicionales hasta celebraciones contemporáneas, como el alfajor gigante compartido por Lionel Messi tras la consagración mundial.

Más que una golosina, un símbolo nacional

El primer alfajor argentino no es solo una delicia: es un puente entre la historia política y la vida cotidiana. Nació en el mismo espacio donde se pensó el país y sigue recordándonos que, a veces, la identidad también se construye con azúcar, paciencia y memoria.