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El castillo oculto en Quequén de 118 años que perteneció a un poeta y hoy se vende por 150 mil dólares

A solo tres cuadras del mar se levanta una construcción cargada de secretos, literatura y recuerdos de la Belle Époque argentina. Fue edificada para el escritor Martín Coronado, tiene una torre con vista panorámica y ahora busca un nuevo dueño.

En la esquina de las calles 511 y 520 de Quequén
En la esquina de las calles 511 y 520 de Quequén Foto: Instagram @marcospropiedades
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En una esquina de Quequén, donde el viento del Atlántico todavía parece arrastrar historias de veranos aristocráticos, se conserva una propiedad capaz de transportar a sus visitantes a comienzos del siglo XX. Se trata del Castillo Astelarra, una residencia monumental que perteneció al poeta y dramaturgo Martín Coronado y que actualmente se ofrece por 150 mil dólares.

La construcción se encuentra en la zona de las calles 511 y 520, a unos 300 metros del mar y cerca del Monumento Gesta de Malvinas. A simple vista, su fachada, sus amplios ventanales y su particular torre la diferencian de cualquier vivienda tradicional. Sin embargo, su verdadero tesoro no está solamente en la arquitectura: también se encuentra en los episodios históricos que atravesaron sus habitaciones.

El refugio frente al mar que eligió Martín Coronado

El castillo fue construido en 1904 por decisión de Martín Coronado, periodista, poeta y dramaturgo argentino. El escritor eligió Quequén para levantar una residencia de verano, siguiendo una costumbre extendida entre algunas de las familias de mayores recursos de Buenos Aires.

Castillo en Quequén
Martín Coronado Foto: Archivo

Coronado, nacido en 1850 y fallecido en 1919, fue una figura destacada del teatro nacional. Sus obras se vincularon con el universo rural y con las tensiones sociales y culturales de la Argentina de su tiempo. En Quequén encontró un escenario completamente distinto, marcado por la tranquilidad de la costa, los grandes médanos y un balneario que entonces comenzaba a recibir a integrantes de la aristocracia porteña.

Si se toma como referencia el año de construcción difundido por los registros periodísticos e inmobiliarios, la propiedad tiene hoy más de 120 años. Por eso, aunque algunas publicaciones la describieron anteriormente como una residencia de 118 años, su antigüedad supera actualmente esa cifra.

Quequén, el balneario elegido por la aristocracia argentina

A comienzos del siglo pasado, Quequén era uno de los destinos de veraneo más exclusivos de la costa bonaerense. Antes de que Mar del Plata se consolidara como el gran centro social del verano argentino, familias adineradas llegaban a estas playas y se hospedaban en el lujoso Hotel Quequén.

Con el paso de los años, algunas de esas familias compraron terrenos cercanos al mar y levantaron viviendas de grandes dimensiones. Entre los nombres relacionados con aquella etapa aparecen Ramón Santamarina, Emilio Mitre, Dardo Rocha y el propio Martín Coronado. Sus residencias representaban mucho más que casas de descanso: eran símbolos de posición social, prosperidad y refinamiento.

Ese período de esplendor comenzó a desvanecerse entre finales de la década de 1920 y comienzos de la de 1930, cuando parte de aquellos veraneantes trasladó sus temporadas a Mar del Plata. Numerosas casonas de Quequén quedaron abandonadas, cambiaron de función o tuvieron un destino incierto. El Castillo Astelarra, en cambio, consiguió mantenerse en pie y conservar buena parte de su identidad.

Por qué terminó llamándose Castillo Astelarra

Después de la muerte de Martín Coronado, la propiedad permaneció vinculada a su historia hasta que, en 1936, fue adquirida por el médico José Astelarra. Fue aquel nuevo propietario quien la utilizó como casa de veraneo y le dio el apellido con el que terminaría siendo reconocida por los vecinos.

Castillo en Quequén
A solo tres cuadras del mar se levanta una construcción centenaria que fue testigo de la Belle Époque argentina Foto: Instagram @viajarenfoco

Desde entonces, la construcción pasó a ser conocida como el Castillo Astelarra o Chalet Astelarra. Aunque no se trata de una fortaleza medieval, su torre, sus dimensiones y su imponente presencia ayudaron a instalar el término “castillo” en el imaginario colectivo de Quequén.

Detrás de sus muros quedaron guardados los ecos de reuniones familiares, extensas temporadas estivales y atardeceres observados desde lo alto. Más de un siglo después, la vieja residencia continúa dominando el paisaje urbano con una apariencia que remite directamente a la Belle Époque.

Cómo es el castillo que se vende por 150 mil dólares

La publicación inmobiliaria más reciente describe una propiedad de aproximadamente 638 metros cuadrados cubiertos, desarrollada sobre un terreno de unos 2.920 metros cuadrados. Cuenta con ocho ambientes principales, nueve dormitorios, cuatro baños y distintos sectores distribuidos en varias plantas.

En la planta baja se encuentran la entrada principal, una sala de estar, un living, comedor, cocina, depósito, dormitorios, baños y una galería. La planta siguiente incorpora varias habitaciones y nuevos espacios de estar, mientras que los niveles superiores conducen hacia uno de los rincones más llamativos de la residencia.

Castillo en Quequén
A solo tres cuadras del mar se levanta una construcción centenaria que fue testigo de la Belle Époque argentina Foto: Instagram @viajarenfoco

Se trata de su mirador hexagonal, rodeado de ventanas. Desde allí puede contemplarse una panorámica de 360 grados que incluye sectores de Quequén y parte de Necochea. La cercanía con el océano suma además una perspectiva privilegiada de la costa bonaerense.

El inmueble también posee subsuelo, terraza, espacios semicubiertos y un parque de grandes dimensiones. Por sus características, el aviso plantea diferentes posibilidades de uso, como la instalación de un hotel boutique, un centro cultural, oficinas, un emprendimiento residencial o incluso un establecimiento médico.

Una sorprendente rebaja que volvió a ponerlo en el centro de la escena

En 2023, cuando su venta alcanzó repercusión nacional, el castillo había sido publicado por aproximadamente 400 mil dólares. Posteriormente aparecieron avisos por 360 mil dólares y otras valuaciones, hasta llegar a la oferta actual de 150 mil dólares. La diferencia representa una reducción considerable frente al precio que se difundía tres años atrás.

La publicación vigente presenta los 150 mil dólares como un valor especial y de oportunidad. No obstante, el precio final, la vigencia efectiva de la oferta y las condiciones de comercialización deben verificarse directamente con la inmobiliaria responsable, debido a que pueden coexistir anuncios de distintos operadores.

El valor llama especialmente la atención porque no se ofrece únicamente una casa junto al mar. Quien compre la propiedad también recibirá un fragmento de la historia cultural y turística bonaerense, aunque deberá considerar los costos de mantenimiento, restauración y adaptación que normalmente implica una construcción centenaria.

El futuro de una joya histórica de la costa argentina

El destino del Castillo Astelarra sigue abierto. Podría recuperar su función residencial, transformarse en un emprendimiento turístico o convertirse en un espacio cultural dedicado a conservar la memoria de Martín Coronado y de la antigua Quequén. Su ubicación, su parque y la distribución interna permiten imaginar diferentes alternativas.

Pero su venta también plantea una pregunta que va más allá del mercado inmobiliario:¿cómo preservar las construcciones que todavía cuentan la historia de la costa argentina?

Mientras espera a su próximo propietario, el castillo continúa allí, frente al viento marino, con su torre hexagonal vigilando la ciudad. Fue refugio de un poeta, atravesó el esplendor y la caída de un balneario aristocrático y sobrevivió durante más de un siglo. Ahora puede cambiar nuevamente de manos por 150 mil dólares, una cifra sorprendente para una propiedad cuyos muros guardan una parte irrepetible de la Belle Époque bonaerense.

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