
Lácteos Verónica solicitó la apertura de su concurso preventivo de acreedores tras declarar un pasivo de $15.945 millones. La compañía intenta reorganizar sus obligaciones y evitar el cierre definitivo de sus plantas de Clason, Lehmann y Suardi, ubicadas en Santa Fe.
La crisis mantiene en alerta a trabajadores, productores tamberos, bancos y proveedores, mientras la empresa busca una salida que le permita recuperar progresivamente la actividad.
Una deuda millonaria y miles de cheques rechazados
El expediente fue presentado ante el Juzgado Nacional en lo Comercial N.º 17, de la Ciudad de Buenos Aires.
La empresa, administrada por la familia Espiñeira, declaró una deuda bancaria cercana a los $4.745 millones. A esa cifra se suman más de 2.900 cheques rechazados, por un valor acumulado superior a los $11.200 millones.
De esta manera, el pasivo reconocido alcanza los $15.945 millones. Entre los acreedores aparecen bancos, cooperativas de crédito y numerosos proveedores vinculados con la cadena láctea.
Plantas paralizadas y salarios atrasados
Los problemas financieros afectaron directamente a las fábricas de Clason, Lehmann y Suardi, donde la actividad quedó interrumpida. Los trabajadores también iniciaron reclamos por el atraso en el pago de sus salarios.

Antes de acudir a la Justicia, Lácteos Verónica había iniciado un Procedimiento Preventivo de Crisis. La propuesta contemplaba la desvinculación de aproximadamente 200 empleados, pero no logró resolver el conflicto ni normalizar la producción.
La situación también impacta sobre las economías de las localidades vinculadas con las plantas, debido a que numerosos transportistas, comerciantes y prestadores de servicios dependen de su funcionamiento.
El impacto sobre los productores tamberos
Alrededor de 150 productores tamberos denunciaron pagos pendientes por la leche entregada a la compañía. Diferentes estimaciones ubicaron esas obligaciones en torno a los USD 60 millones.
La falta de cobro representa un problema inmediato para los tambos, que deben afrontar diariamente costos de alimentación, energía, combustible, sanidad animal y personal.
Además, los productores necesitan encontrar rápidamente otras industrias que reciban la materia prima, debido a que la producción de leche no puede detenerse ni almacenarse durante períodos prolongados.
Qué implica el concurso preventivo
El concurso preventivo de acreedores es un procedimiento judicial que permite que una empresa con dificultades económicas negocie nuevas condiciones de pago.
Su apertura no significa que Lácteos Verónica haya quebrado. El objetivo es reorganizar las deudas y alcanzar un acuerdo que permita conservar las operaciones.

Sin embargo, el futuro de la compañía dependerá de su capacidad para presentar una propuesta viable, conseguir el respaldo de los acreedores y recuperar los ingresos necesarios para mantener la actividad.
El plan para reactivar la planta de Suardi
En medio de la crisis apareció una alternativa para recuperar parte de la producción. La cooperativa Copalac, con sede en Morteros, alcanzó un acuerdo para trabajar a fasón en la planta de Suardi.
El proyecto contempla el procesamiento de leche cruda para elaborar leche en polvo y permitiría reincorporar temporalmente a unos 30 trabajadores.
Aunque la medida no resuelve la situación general de la compañía, podría convertirse en un primer paso para preservar empleos y reactivar una de sus instalaciones.
El futuro de Lácteos Verónica
La histórica compañía, dedicada a la producción de quesos, manteca y leche en polvo, atraviesa uno de los momentos más difíciles de su trayectoria.
Ahora, trabajadores, tamberos y proveedores esperan conocer cómo avanzará el proceso judicial. La principal incógnita es si Lácteos Verónica podrá reorganizar una deuda cercana a los $16.000 millones y evitar el cierre definitivo de sus tres plantas. solicitó la apertura de su concurso preventivo de acreedores tras declarar un pasivo de $15.945 millones. La compañía intenta reorganizar sus obligaciones y evitar el cierre definitivo de sus plantas de Clason, Lehmann y Suardi, ubicadas en Santa Fe.
La crisis mantiene en alerta a trabajadores, productores tamberos, bancos y proveedores, mientras la empresa busca una salida que le permita recuperar progresivamente la actividad.
Una deuda millonaria y miles de cheques rechazados
El expediente fue presentado ante el Juzgado Nacional en lo Comercial N.º 17, de la Ciudad de Buenos Aires.
La empresa, administrada por la familia Espiñeira, declaró una deuda bancaria cercana a los $4.745 millones. A esa cifra se suman más de 2.900 cheques rechazados, por un valor acumulado superior a los $11.200 millones.
De esta manera, el pasivo reconocido alcanza los $15.945 millones. Entre los acreedores aparecen bancos, cooperativas de crédito y numerosos proveedores vinculados con la cadena láctea.
Plantas paralizadas y salarios atrasados
Los problemas financieros afectaron directamente a las fábricas de Clason, Lehmann y Suardi, donde la actividad quedó interrumpida. Los trabajadores también iniciaron reclamos por el atraso en el pago de sus salarios.
Antes de acudir a la Justicia, Lácteos Verónica había iniciado un Procedimiento Preventivo de Crisis. La propuesta contemplaba la desvinculación de aproximadamente 200 empleados, pero no logró resolver el conflicto ni normalizar la producción.
La situación también impacta sobre las economías de las localidades vinculadas con las plantas, debido a que numerosos transportistas, comerciantes y prestadores de servicios dependen de su funcionamiento.
El impacto sobre los productores tamberos
Alrededor de 150 productores tamberos denunciaron pagos pendientes por la leche entregada a la compañía. Diferentes estimaciones ubicaron esas obligaciones en torno a los USD 60 millones.
La falta de cobro representa un problema inmediato para los tambos, que deben afrontar diariamente costos de alimentación, energía, combustible, sanidad animal y personal.
Además, los productores necesitan encontrar rápidamente otras industrias que reciban la materia prima, debido a que la producción de leche no puede detenerse ni almacenarse durante períodos prolongados.
Qué implica el concurso preventivo
El concurso preventivo de acreedores es un procedimiento judicial que permite que una empresa con dificultades económicas negocie nuevas condiciones de pago.
Su apertura no significa que Lácteos Verónica haya quebrado. El objetivo es reorganizar las deudas y alcanzar un acuerdo que permita conservar las operaciones.
Sin embargo, el futuro de la compañía dependerá de su capacidad para presentar una propuesta viable, conseguir el respaldo de los acreedores y recuperar los ingresos necesarios para mantener la actividad.
El plan para reactivar la planta de Suardi
En medio de la crisis apareció una alternativa para recuperar parte de la producción. La cooperativa Copalac, con sede en Morteros, alcanzó un acuerdo para trabajar a fasón en la planta de Suardi.
El proyecto contempla el procesamiento de leche cruda para elaborar leche en polvo y permitiría reincorporar temporalmente a unos 30 trabajadores.
Aunque la medida no resuelve la situación general de la compañía, podría convertirse en un primer paso para preservar empleos y reactivar una de sus instalaciones.
El futuro de Lácteos Verónica
La histórica compañía, dedicada a la producción de quesos, manteca y leche en polvo, atraviesa uno de los momentos más difíciles de su trayectoria.
Ahora, trabajadores, tamberos y proveedores esperan conocer cómo avanzará el proceso judicial. La principal incógnita es si Lácteos Verónica podrá reorganizar una deuda cercana a los $16.000 millones y evitar el cierre definitivo de sus tres plantas.


















