
Cuando se piensa en José de San Martín, la memoria suele recuperar al militar de uniforme, al estratega que atravesó la cordillera de los Andes o al líder que cambió para siempre la historia sudamericana. Sin embargo, existe una faceta mucho menos conocida: la del hombre que eligió rodearse de arte durante su exilio europeo.
En su dormitorio había cuadros y litografías relacionados con su pasado, sus afectos y los grandes acontecimientos militares de su época. Aquellas obras no formaban una colección destinada a impresionar visitantes. Eran imágenes elegidas para acompañarlo en la intimidad, lejos de América y del protagonismo político.
El exilio en Boulogne-sur-Mer: el refugio francés donde San Martín guardó sus tesoros
San Martín se instaló en Boulogne-sur-Mer, una ciudad portuaria del norte de Francia, durante la etapa final de su prolongado exilio. Allí vivió junto con su familia y pasó sus últimos días, en un escenario muy diferente de los campos de batalla que habían marcado su juventud.

Dentro de la residencia, su habitación se convirtió en un pequeño refugio. Los muebles cotidianos compartían espacio con obras seleccionadas personalmente por el General, como si las paredes funcionaran como un álbum silencioso de recuerdos.
La casa de Boulogne-sur-Mer conserva testimonios de esa etapa y permite aproximarse a la vida privada del Libertador. Documentos, armas, uniformes y elementos familiares ayudan a reconstruir cómo fue su existencia en Francia.
La pregunta resulta inevitable: ¿qué imágenes quería contemplar San Martín cuando ya se encontraba lejos de los ejércitos y del poder?
Los retratos predilectos del General: qué obras de arte adornaban su habitación
Una de las piezas más importantes era el retrato conocido como “San Martín con bandera”. La pintura mostraba la cabeza del Libertador entre los pliegues de la enseña argentina y ocupaba un lugar destacado en el dormitorio. Según el Museo Histórico Nacional, fue realizada en Bruselas en 1827 por la maestra de pintura de Mercedes, su hija.
La obra poseía un valor que superaba lo artístico. Asociada a un obsequio de Merceditas, representaba el recuerdo de la patria y el profundo vínculo familiar que acompañó al General durante su vejez.
Cerca de esa pintura se encontraba un retrato litográfico de Simón Bolívar, conservado por San Martín hasta el final de su vida. La presencia del líder venezolano tenía una enorme carga simbólica por el histórico encuentro de Guayaquil de 1822. Más allá de las discusiones posteriores, aquella imagen demuestra que Bolívar continuó ocupando un lugar dentro de la memoria personal del Libertador.

También integraba el conjunto “Anciano español”, una obra de 1811 atribuida a José Gil de Castro y tradicionalmente vinculada con la figura del apóstol Santiago el Menor. Gil de Castro fue uno de los retratistas más importantes de los protagonistas de la emancipación sudamericana.
El mar tenía además una presencia especial. En la habitación había una litografía del barco Woodford atravesando una tormenta, realizada en 1825. La tradición familiar sostiene que el propio San Martín habría coloreado la escena con acuarelas, un detalle que revela el valor afectivo atribuido a la obra.

A esta imagen se sumaban cuatro litografías sobre el combate naval de Aboukir, conocido como la Batalla del Nilo. Representaban el enfrentamiento entre las flotas británica y francesa de 1798. Eran escenas de guerra, estrategia y poder naval contempladas por un hombre que había dedicado gran parte de su vida al estudio militar.
La intimidad en Francia: cómo estaba decorada la residencia donde falleció en 1850
El dormitorio combinaba aquellas imágenes históricas con un mobiliario relativamente sobrio. Allí había una cama de hierro con colcha y dosel de cretona floreada, una mesa de luz, un lavabo, un armario con escritorio de caoba y una mesa central cubierta con paño verde.
La decoración se completaba con un sofá de estilo Imperio, cinco sillas y dos sillones. Uno estaba ubicado de espaldas a la ventana y era el lugar preferido de San Martín para leer o escuchar lecturas en voz alta, debido a los problemas de visión que sufrió durante sus últimos años.

En aquella habitación convivían la sencillez cotidiana, el deterioro físico de la vejez y los recuerdos de una vida extraordinaria. San Martín ya no conducía ejércitos, pero seguía rodeado de símbolos militares, escenas históricas y rostros unidos a su trayectoria.
Allí murió el 17 de agosto de 1850, a los 72 años. Los objetos que lo acompañaron permiten recuperar no solo el lugar de su fallecimiento, sino también la atmósfera íntima de sus últimos días.
El destino de las obras: qué ocurrió con los cuadros del General tras su fallecimiento
Después de la muerte de San Martín, las obras y los muebles quedaron bajo el cuidado de su familia. Posteriormente, su nieta Josefa Balcarce y San Martín de Gutiérrez Estrada donó al Museo Histórico Nacional los objetos que habían integrado el dormitorio de Boulogne-sur-Mer.

El envío llegó acompañado por un croquis que señalaba la ubicación exacta de cada pieza. Gracias a ese documento fue posible realizar una reconstrucción fiel del ambiente. La sala conservada en el museo porteño contiene muebles, cuadros y objetos originales pertenecientes al Libertador.
Detrás del héroe inmortalizado en monumentos aparece así un hombre mayor que escuchaba lecturas junto a la ventana, contemplaba escenas marítimas y conservaba cerca los rostros de Bolívar y de su propia juventud.
Los retratos ocultos de San Martín no hablan solamente de arte. También revelan qué personas, episodios y recuerdos decidió mantener cerca hasta el final de su vida.



















