
Entre conventillos de chapa, barcos, arte, fútbol y antiguas leyendas, La Boca celebra su día cada 23 de agosto. El tradicional barrio porteño, marcado por la inmigración genovesa, llegó a soñar con su propia independencia y construyó una identidad que todavía cautiva al mundo.
La fecha recuerda la creación, el 23 de agosto de 1870, del Juzgado de Paz de La Boca del Riachuelo y de la parroquia San Juan Evangelista. Aunque la historia del lugar comenzó mucho antes, aquel acontecimiento significó su separación administrativa de Barracas y San Telmo.
En 2002, la Legislatura porteña estableció oficialmente el 23 de agosto como Día del Barrio de La Boca.
Este domingo, el barrio cumple 156 años y renueva el orgullo por un pasado construido alrededor del puerto, el trabajo y la inmigración.
Por qué el barrio se llama La Boca
El nombre está relacionado con su ubicación geográfica: La Boca se encuentra junto a la desembocadura del Riachuelo en el Río de la Plata. Durante el siglo XIX, ese punto funcionó como uno de los principales puertos naturales de Buenos Aires.
Alrededor de los muelles comenzaron a instalarse marineros, carpinteros, comerciantes, estibadores y trabajadores de los astilleros. Muchos provenían de Génova y de otras zonas de Liguria, Italia. Su presencia fue tan importante que dejó marcas en las costumbres, el lenguaje y la organización social del barrio.
Incluso el apodo “xeneize”, utilizado para identificar a los hinchas de Boca Juniors, deriva de “zeneize”, palabra que significa genovés en lengua ligur.
La increíble historia de la República de La Boca
Uno de los capítulos más curiosos comenzó durante la segunda mitad del siglo XIX. Según la tradición oral, un grupo de vecinos genoveses, cansado de la falta de respuestas a los problemas de la zona, impulsó un movimiento para lograr mayor autonomía.
Algunas versiones ubican el episodio en 1876 y aseguran que los rebeldes llegaron a bajar la bandera argentina e izar una propia. También se cuenta que Julio Argentino Roca intervino para terminar con la aventura separatista, que habría durado apenas unos días.
En ese momento, Roca todavía no era presidente, sino una influyente figura política y militar.
La documentación histórica no permite confirmar cada detalle de la leyenda. Sin embargo, aquel relato representa el carácter independiente, rebelde y comunitario que La Boca conserva hasta la actualidad.
Décadas después aparecieron distintas asociaciones conocidas como Repúblicas de La Boca. Tenían presidentes, ministros, títulos ceremoniales y gobiernos simbólicos, pero sus objetivos eran culturales, recreativos y solidarios.
Entre sus integrantes estuvo Benito Quinquela Martín, nombrado “Gran Almirante de Tierra y Mar”. La tradición continúa actualmente mediante la denominada Tercera República de La Boca.
Conventillos, colores y solidaridad entre vecinos
El crecimiento de la inmigración impulsó la construcción de conventillos, viviendas colectivas con habitaciones distribuidas alrededor de un patio central.
En La Boca, muchas casas fueron levantadas con madera y chapas de zinc, frecuentemente sobre pilotes para resistir las inundaciones del Riachuelo.
La tradición sostiene que los colores de las fachadas surgieron de los restos de pintura que los trabajadores llevaban desde los astilleros. Como nunca alcanzaba un solo tono para cubrir una vivienda completa, los vecinos combinaban diferentes colores.
Pero detrás de aquella imagen pintoresca existían condiciones difíciles. Los incendios eran habituales y podían destruir varias casas en pocos minutos. Por esa razón, el inmigrante italiano Tomás Liberti convocó a los vecinos para organizar una respuesta comunitaria.
El 2 de junio de 1884 nació la Sociedad Italiana de Bomberos Voluntarios de La Boca, considerada la primera institución de su tipo en la Argentina. Su lema fue “Volere è Potere”, que significa “Querer es poder”.
Quinquela Martín, Caminito y el alma del puerto
Benito Quinquela Martín convirtió a La Boca en protagonista de su obra. Pintó barcos, grúas, incendios y trabajadores portuarios, pero también devolvió al barrio buena parte de lo que había recibido.
El artista donó terrenos y edificios destinados a la educación, la salud y la cultura. El actual Museo Benito Quinquela Martín, ubicado frente al Riachuelo, conserva la mayor colección de sus óleos y aguafuertes, además de la casa donde vivió y trabajó.
Quinquela también impulsó la recuperación de Caminito, un antiguo recorrido ferroviario transformado durante la década de 1950 en un museo a cielo abierto.
Sus conventillos pintados, esculturas y artistas callejeros terminaron por crear una de las postales argentinas más famosas del mundo.

















