Estados Unidos reactivó una de las bases navales más grandes del mundo: del abandono a ser clave en la detención de Nicolás Maduro
En medio de un despliegue militar impresionante en el Caribe, las fuerzas militares estadounidenses recuperaron un centro de operaciones en Puerto Rico.
Puerto Rico, un Estado Libre Asociado a Estados Unidos, es escenario desde agosto de ejercicios que incluyen prácticas de desembarco en embarcaciones anfibias, y recibió en sus aeropuertos cazas estadounidenses. De este modo, el territorio centroamericano funciona como una plataforma estratégica para la proyección de fuerzas de Washington en la región, aprovechando su ubicación geográfica clave en el Caribe y su infraestructura militar y civil adaptada para operaciones conjuntas.
En este contexto, las fuerzas militares estadounidenses no dudaron en reactivar Roosevelt Roads, una de las mayores bases navales de la nación norteamericana en el mundo, que desde su cierre en 2004 no había logrado superar su condición de “base abandonada”.
Incluso, la base ubicada en Ceiba fue fundamental para llevar a cabo el operativo de Estados Unidos contra el Gobierno de Venezuela y lograr la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro.
Roosevelt Roads fue, durante los pasados dos meses, zona de ejercicios militares por parte del Ejército estadounidense y sirvió de paso para el transporte de Maduro a Nueva York.
En ese punto estratégico de Puerto Rico también se desplegaron cazas F-35 de última generación enviados por el Pentágono en el marco de la operación que Estados Unidos lleva adelante en el Caribe. Si bien el objetivo oficial fue el combate contra el narcotráfico, este movimiento también funcionó como una señal de presión política hacia el gobierno de Maduro en Venezuela.
La importancia de Roosevelt Roads para Estados Unidos
La base naval de Roosevelt Roads, ubicada en Puerto Rico, fue concebida desde sus orígenes como una pieza clave de la estrategia militar estadounidense en el Caribe. Impulsada a comienzos del siglo XX por Franklin D. Roosevelt, cuando aún se desempeñaba como subsecretario de la Armada, la instalación comenzó a operar formalmente en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial.
Durante ese conflicto, su función principal fue reforzar el sistema defensivo de Estados Unidos frente a la amenaza de los submarinos alemanes, que tuvieron una presencia especialmente activa en el Caribe y el golfo de México. De hecho, una porción significativa de los barcos hundidos durante la guerra se concentró en esa región, lo que convirtió a Roosevelt Roads en un punto logístico y operativo de alto valor.
Con el inicio de la Guerra Fría, la base amplió su rol y pasó a ser un centro de apoyo fundamental para la Flota del Atlántico de Estados Unidos y para las fuerzas de la OTAN. Su ubicación la transformó en una plataforma ideal para operaciones y entrenamientos, además de servir como respaldo para despliegues en distintos escenarios internacionales.
Uno de sus momentos más relevantes se dio en 1962, durante la crisis de los misiles en Cuba, cuando Roosevelt Roads funcionó como un punto clave para tareas de vigilancia, detección y apoyo logístico en el marco del bloqueo naval impuesto a la isla. También tuvo participación en otras intervenciones militares de Estados Unidos en la región, como la invasión de República Dominicana en 1965 y, en menor medida, en las operaciones en Granada y Panamá.
Sin embargo, el rol central de la base estuvo estrechamente vinculado al uso de Vieques y Culebra como campos de entrenamiento con munición real. Durante décadas, esas islas fueron utilizadas por fuerzas estadounidenses y aliadas para maniobras y pruebas de armamento, una práctica que generó un creciente rechazo en la población local por sus consecuencias ambientales y sanitarias.
La tensión alcanzó su punto máximo en 1999, tras la muerte de un civil puertorriqueño durante un ejercicio militar, hecho que desató protestas masivas y aceleró el debate sobre la presencia militar en la zona. Finalmente, en 2003, Estados Unidos puso fin al uso de Vieques y Culebra como centros de entrenamiento. Esa decisión dejó a Roosevelt Roads sin su principal razón operativa.
Al perder su función estratégica, la base fue considerada prescindible por las autoridades militares estadounidenses y terminó cerrando definitivamente en 2004, marcando el final de una de las instalaciones militares más importantes que Estados Unidos tuvo en el Caribe durante el siglo XX.
La importancia de Roosevelt Roads para Puerto Rico
Más allá de su valor militar, Roosevelt Roads tuvo un peso clave en la economía de Puerto Rico. Durante años fue uno de los principales motores de empleo de la isla: generaba alrededor de 3.000 puestos de trabajo civiles y aportaba unos 300 millones de dólares anuales a la actividad económica local.
El cierre de la base despertó fuertes temores sobre sus consecuencias económicas. Incluso la entonces gobernadora Sila Calderón intentó evitar la clausura, sin éxito. El golpe se sintió con especial fuerza en el municipio de Ceiba, cuya dinámica económica estaba profundamente ligada a la actividad de la instalación naval.
La base no solo ofrecía empleo directo, sino que sostenía un entramado de servicios y comercios: desde supermercados y locales gastronómicos hasta espacios recreativos, que daban trabajo a buena parte de la población local. Su desaparición dejó a Ceiba y a zonas cercanas sin uno de sus principales sostenes económicos.
En ese contexto, la reciente presencia militar volvió a encender expectativas. Según el alcalde de Ceiba, Samuel Rivera Valle, en los últimos meses la llegada de más de mil efectivos estadounidenses ya tuvo un impacto positivo, con obras de mejora en el aeropuerto de Roosevelt Roads y un aumento del movimiento económico en la zona. Hoteles, restaurantes y comercios de Ceiba, Fajardo y Luquillo comenzaron a notar el repunte.
Rivera sostiene que una eventual reapertura permanente de la base sería altamente beneficiosa para la región. No solo la vincula a operaciones de seguridad, como la lucha contra el narcotráfico, sino también a su valor estratégico, que podría volver a colocar a Puerto Rico en un lugar central dentro de la agenda de defensa de Estados Unidos.














