Quién es Diosdado Cabello, el hombre más fiel a Nicolás Maduro en Venezuela: ¿una amenaza para el liderazgo de Delcy Rodríguez?
Figura clave del chavismo desde sus inicios, el ministro del Interior concentra el control del aparato armado y de Inteligencia del país caribeño. Su rol resulta determinante en el nuevo escenario político que se abrió tras la caída de Nicolás Maduro.
Militar de carrera, político por ambición y una de las caras históricas del chavismo, Diosdado Cabello maneja un poder que muy pocos tienen en Venezuela. La oposición le tiene miedo, el chavismo duro lo idolatra y Estados Unidos ofrece 25 millones de dólares por su captura. Con ese peso encima, sigue siendo una de las figuras más influyentes del escenario político, clave en el control de la seguridad y en el rumbo que tomó el poder tras la salida de Nicolás Maduro.
Tras el derrocamiento del presidente venezolano en medio de un bombardeo de Estados Unidos sobre Caracas, todas las miradas se concentran en el dirigente más poderoso del oficialismo, señalado como el número dos del chavismo. Incluso, fue quien aseguró que el Gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, no descansa “ni un instante” hasta lograr la liberación y el regreso de Nicolás Maduro, capturado por Washington junto a su esposa, Cilia Flores.
Nacido en El Furrial, estado de Monagas, Cabello se formó como militar en la Academia Militar de Venezuela y dio el salto a la política de la mano de Hugo Chávez. A lo largo de su trayectoria ocupó casi todos los cargos clave del Estado: fue ministro, diputado, vicepresidente y presidente de la Asamblea Nacional, además de haber ejercido la presidencia del país durante algunas horas tras el fallido golpe de Estado de 2002.
Desde 2014, su nombre quedó asociado a denuncias judiciales y acusaciones de corrupción, narcotráfico y lavado de dinero, que él siempre rechazó y que el chavismo denunció como una persecución política. Estados Unidos le impuso sanciones y ofreció una recompensa millonaria por información que condujera a su captura, en el marco de su presión contra el régimen venezolano.
En 2024, en medio de la crisis política desatada tras las elecciones presidenciales, fue nombrado ministro de Interior y Justicia, un movimiento interpretado como un intento de reforzar el control interno del oficialismo. Meses después, una misión de la ONU lo señaló como una figura central del aparato represivo del Estado, al responsabilizarlo por el endurecimiento de la represión contra la oposición antes y después de la investidura presidencial.
En paralelo a esas denuncias, su figura también quedó bajo la lupa de Estados Unidos. Las autoridades norteamericanas lo vinculan con el llamado “Cartel de los Soles”, una presunta red integrada por altos mandos militares venezolanos acusados de traficar cocaína hacia Estados Unidos y otros mercados. Según documentos judiciales, Cabello habría conspirado con organizaciones como las FARC para facilitar el tránsito de drogas, brindar protección armada a los cargamentos y obstaculizar investigaciones antidrogas, acusaciones que él rechaza y califica como parte de una ofensiva “imperialista”.
Diosdado Cabello y una carrera muy ligada a la política en Venezuela
El vínculo de Diosdado Cabello con el poder en Venezuela se remonta a 1992, cuando participó como teniente en los intentos de golpe de Estado encabezados por Hugo Chávez contra el presidente Carlos Andrés Pérez. A diferencia de otros militares rebeldes, no cumplió condena y, tras el triunfo electoral del chavismo en 1999, inició un recorrido ascendente dentro del Estado.
Desde entonces, ocupó cargos estratégicos en áreas clave. Fue director de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, ministro de la Secretaría de la Presidencia, vicepresidente de la República y titular de carteras sensibles como Interior y Justicia e Infraestructura. Durante el golpe de abril de 2002, asumió por algunas horas la presidencia en medio del vacío de poder generado por la detención de Chávez, un episodio que consolidó su peso dentro del oficialismo.
Tras la muerte de Hugo Chávez en 2013, su nombre apareció como posible sucesor natural dentro del chavismo. Sin embargo, optó por respaldar la continuidad del proyecto político con Nicolás Maduro, una decisión que le permitió conservar poder e influencia en la estructura interna del régimen. Desde entonces, se afianzó como un actor clave en la toma de decisiones y en el control del oficialismo.
Con el paso de los años, su figura se volvió cada vez más polémica. Estados Unidos le impuso sanciones y ofreció recompensas por información que condujera a su captura, mientras que organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos lo señalan como una de las piezas centrales del aparato represivo del Estado venezolano. Estas acusaciones reforzaron su perfil como uno de los dirigentes más temidos y determinantes del poder en Venezuela, con un rol decisivo en la estabilidad y el rumbo del chavismo.












