Irán: la Guardia Revolucionaria se consolida como poder central en el Estado y en la conducción de la guerra
La IRCG emirgió tras el asesinato del líder suplemo Ali Khamenei. Con la fuerza suficiente, se logró posicionar en el centro de la escena política y militar.

La Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) de Irán emergió como un actor dominante dentro del control del Estado y en la conducción de la guerra tras el asesinato del líder supremo Ali Khamenei y varios altos asesores al inicio del conflicto. Como consecuencia de esta situación, dejó un vacío de poder que la Guardia llenó rápidamente.
Desde la ausencia de Kharmenei, se creó un vacío en la toma de decisiones que fue ocupado por la IRGC, una fuerza paramilitar con 190.000 efectivos. Expertos señalan que Irán pasó de ser una teocracia tradicional a un sistema más parecido a una “junta militar”, donde los militares son los que mueven los hilos, mientras que el líder cumple un papel simbólico dentro de su rol social.

En la práctica, la IRGC controla el Consejo de Seguridad Nacional, encargado de definir la estrategia de defensa y seguridad del país. El 24 de marzo reemplazó a Larijani por Muhammad Zulghadr, un funcionario de la Guardia, y entre sus miembros también destacan Muhammad Bagher Qalibaf, presidente del Parlamento e influyente dentro de la IRGC, junto a varios generales que operan desde búnkeres.
La IRGC tiene el control total de Irán y planean mantenerse en el poder a toda costa
La Guardia mantiene control sobre los misiles más avanzados de Irán y dirige las operaciones desde su cuartel general Khatam al-Anbiya, mientras que la descentralización de su estructura le permite operar en 31 subdistritos y miles de células móviles de la Basij de forma autónoma, incluso si falla la comunicación con el mando central.

Aunque la IRGC domina, no es un grupo homogéneo. Existen sectores pragmáticos liderados por Qalibaf que oscilan entre el radicalismo y la moderación según convenga, y sectores intransigentes que podrían bloquear cualquier acuerdo o limitar el desarrollo nuclear. Esta diversidad interna hace incierto si un eventual acuerdo con Estados Unidos podría ser respetado por todas las facciones.
La descentralización también ha sido clave para resistir ataques selectivos. Tras bombardeos recientes, las células de la Basij se ocultaron en mezquitas, escuelas y campamentos bajo puentes, lo que dificulta ataques de precisión por parte de Estados Unidos o Israel. Incluso si se eliminan líderes, el control operativo y militar se mantiene intacto.
Amenazas externas como grupos kurdos en Irak o posibles levantamientos populares dentro de Irán han perdido fuerza, ya que los refuerzos de la IRGC y los ataques con misiles y drones han desalentado cualquier intento de insurrección, consolidando aún más el poder de la Guardia.
Al inicio de la guerra, algunos ciudadanos celebraron la muerte de Khamenei, pero la represión y la capacidad de la Guardia Revolucionaria para mantener el control han debilitado cualquier entusiasmo por la resistencia popular.
Actualmente, el régimen se muestra más fuerte y organizado que nunca, y la IRGC actúa como garante del poder central mientras mantiene la capacidad de operar de manera descentralizada y autónoma en el plano militar. Un maestro de Mashhad, ciudad del noreste de Irán, resumió el sentimiento de muchos: “Antes hablábamos del fin del régimen cuando terminara la guerra. Ahora tememos qué hacer con un régimen que es más fuerte y poderoso que nunca”.
















