Memoria en papel: la librería de Buenos Aires que sobrevivió al golpe de Estado y vende los libros prohibidos por la dictadura
Desde 1956, este rincón preserva y comercializa los textos que los militares intentaron borrar, convirtiéndose en un refugio de la cultura y la memoria histórica.

En pleno corazón de Buenos Aires, la Librería Hernández se ha convertido en un testimonio vivo de la resistencia ante la censura y la persecución política. Fundada en 1956, este emprendimiento familiar guarda y comercializa los libros que, hace 50 años, fueron prohibidos por la dictadura cívico-militar argentina, catalogados como “textos de ideología subversiva”.
La historia de la Librería Hernández
El 28 de enero de 1977, la librería ubicada en Av. Corrientes 1436 fue escenario de un operativo violento. Fuerzas del Primer Cuerpo de Ejército, acompañadas por policías y civiles, ingresaron al local, vaciaron sus estantes y retuvieron a varias personas. Entre ellos estaba Eduardo Mora, contador e integrante de la familia Hernández, quien fue trasladado a distintos centros de detención hasta su liberación en julio de ese año.

Durante los días posteriores, las revisiones no cesaron. Casi 8.000 libros fueron retirados del local y nunca regresaron. La causa judicial, iniciada por el Ejército, recibió la carátula de “Delito: publicaciones prohibidas”. En abril de 1977, tras una denuncia anónima, las fuerzas de seguridad volvieron a irrumpir en la librería. Sin embargo, al llegar al sótano, encontraron miles de libros que Damián Hernández había logrado ocultar detrás de una pared desde 1975. La magnitud de la colección era tal que los militares no pudieron llevárselos todos.
Mientras tanto, Damián Hernández y Emilce García de Hernández debieron exiliarse en Uruguay hasta la recuperación de la democracia en 1983. No fue sino hasta diciembre de 1977 que la librería pudo volver a abrir sus puertas, retomando su misión de preservar la cultura y la lectura en medio de un país marcado por el miedo y la represión.

Hoy, la Librería Hernández sigue siendo un espacio familiar, administrado por tres generaciones que continúan la lucha por la lectura, la cultura y la libertad de expresión. A 50 años del golpe cívico-militar, la librería no solo exhibe y vende los libros que alguna vez intentaron borrar, sino que también representa la resistencia de la memoria frente al olvido.












