Misión Artemis II de la NASA.
Misión Artemis II de la NASA. Foto: via REUTERS

Calcular el valor real de los programas de la NASA es una tarea compleja que va más allá de los dólares y centavos. Aunque la agencia es responsable de innovaciones cotidianas como los purificadores de aire o las lentes resistentes a rayones, el regreso de misiones tripuladas con el programa Artemis II reavivió el debate sobre si el gasto astronómico se justifica en el contexto actual.

Cada lanzamiento de las misiones Artemis I a IV tiene un costo aproximado de 4.100 millones de dólares. Para entender a dónde va el dinero, basta con mirar los componentes de la misión Artemis II:

  • Cápsula Orión: construirla y lanzarla cuesta cerca de 1.000 millones de dólares.
  • Módulo de servicio: el sistema de energía y soporte vital, provisto por la Agencia Espacial Europea, suma otros 300 millones.
  • Sistema de lanzamiento: el cohete y sus impulsores demandan 2.200 millones, a lo que se agregan 570 millones en infraestructura terrestre.
  • Un dato curioso: incluso los componentes más básicos tienen costos exorbitantes; el baño de la nave, que presentó fallas durante la misión, tuvo un costo reportado de 23 millones de dólares.
Conferencia de prensa de la NASA tras el arribo del Artemis II.
Conferencia de prensa de la NASA tras el arribo del Artemis II. Foto: NASA

La relación del gobierno de Estados Unidos con la NASA

La relación del presidente Donald Trump con la NASA fue ambivalente. Si bien impulsó el regreso a la Luna, en su segundo mandato propuso recortar el presupuesto de 2026 en un 25%, iniciativa frenada en gran parte por el Congreso. Sin embargo, la agencia no escapó al ajuste del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), que resultó en la salida de unos 4.000 empleados.

Pese a los recortes de personal, la ambición política sigue intacta. Trump firmó una orden ejecutiva para establecer una base lunar permanente en 2030 que incluya reactores nucleares funcionando como trampolín para futuras misiones humanas a Marte. Para muchos sectores en Washington, el gasto no es solo científico, sino de seguridad nacional: Estados Unidos compite hoy directamente con las ambiciones de Pekín.

Lanzamiento de la misión Artemis II a la Luna Foto: REUTERS

Al respecto, el senador Ted Cruz fue tajante en una audiencia reciente. “No se equivoquen, estamos en una nueva carrera espacial con China. China no ha ocultado sus objetivos... trabaja para plantar su bandera en la Luna hacia 2030”, sostuvo.

Para enfrentar esta competencia, el Congreso asignó a la NASA 24.400 millones de dólares para 2026, lo que representó apenas el 0,35% del gasto federal total, pero garantizó la presencia estadounidense frente a la estación Tiangong de China.

El panorama cambió con la irrupción de actores privados como SpaceX y Blue Origin. Según explicó a DW el director de la Agencia Espacial Europea, Joseph Aschbacher, “el espacio ha cambiado completamente en los últimos años. Los actores comerciales fuertes y los gobiernos están entendiendo lo importante que es el espacio”.

Con centros de datos proyectados en órbita y la red Starlink dominando los satélites terrestres, la misión Artemis II no es solo un viaje de exploración, sino la piedra angular de una nueva economía fuera de los límites de la Tierra.