ARCA intensifica controles sobre monotributistas: billeteras virtuales en el centro de la polémica
ARCA intensificó su control sobre los monotributistas y comenzó a cruzar automáticamente los movimientos en billeteras virtuales con la facturación declarada. Esta nueva fiscalización ya genera recategorizaciones y exclusiones de oficio, incluso cuando se trata de transferencias personales o reintegros, encendiendo la alarma entre miles de contribuyentes.

La fiscalización sobre los monotributistas volvió a encender las alarmas. Desde febrero, la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) profundizó un sistema de monitoreo que cruza automáticamente los movimientos en billeteras virtuales con la facturación declarada. Esta nueva etapa del control fiscal ya está derivando en recategorizaciones de oficio y exclusiones del Monotributo, generando preocupación en miles de contribuyentes.
El mecanismo funciona de manera completamente automatizada. ARCA recibe cada mes la información que envían plataformas como Mercado Pago, Naranja X, Personal Pay y otras. Con esos datos, el organismo suma todos los depósitos asociados a cada CUIT, sin distinguir si corresponden a ventas, transferencias entre cuentas propias, reintegros o movimientos personales. Luego, compara ese monto con la facturación registrada en el mismo período. Cuando detecta una diferencia importante, presume ingresos no declarados y procede a recategorizar o excluir al contribuyente del régimen simplificado.

Advertencia entre profesionales
Un punto clave que despertó enojo entre profesionales y cámaras es que el sistema no diferencia operaciones comerciales de movimientos ajenos a la actividad económica. Esto significa que un reintegro bancario o una transferencia familiar puede ser interpretado como ingreso sujeto a impuestos. La falta de esta distinción ya provocó casos en los que ARCA elevó de categoría a pequeños contribuyentes o los expulsó del Monotributo pese a no haber superado los límites establecidos por ley.
El trasfondo tecnológico del proceso está en MOREO, la plataforma informática que ARCA utiliza para la recategorización de oficio. El sistema consolida los movimientos de todas las billeteras virtuales de una misma persona y ejecuta los ajustes sin intervención humana. MOREO fue diseñado para acelerar tareas de fiscalización, pero la automatización extrema y la imposibilidad de contextualizar cada operación están generando resultados controvertidos.
Qué sucede con las notificaciones
La situación se volvió más sensible porque las notificaciones llegan directamente al Domicilio Fiscal Electrónico, muchas veces sin previo aviso ni etapa de inducción. Aunque en enero ARCA ya había advertido a monotributistas sobre los movimientos detectados en la sección “Nuestra Parte”, ahora esos datos se utilizan como disparador de medidas inmediatas.
Frente a estas notificaciones, los contribuyentes tienen 15 días hábiles para presentar un descargo a través de “Presentaciones Digitales”. Para revertir una exclusión o recategorización, deben acompañar documentación que demuestre el origen de los fondos detectados. Sin una apelación válida, la exclusión del régimen se vuelve definitiva e implica automáticamente el alta en IVA, Ganancias y Autónomos, además de la imposibilidad de volver al Monotributo durante tres años.

La escalada en los controles coincide con debates legislativos sobre la llamada “Ley de Inocencia Fiscal”, que prometía evitar la persecución impositiva a pequeños contribuyentes. La contradicción entre el discurso y la intensificación de la fiscalización alimentó críticas y pedidos de revisión del sistema. Varios especialistas señalan que el monitoreo masivo de billeteras virtuales representa un nuevo paradigma en la política tributaria, pero que requiere ajustes urgentes para evitar injusticias.
Para los monotributistas, el mensaje es claro: cualquier movimiento digital cuenta. La recomendación general es ordenar las finanzas, evitar mezclar cuentas personales con comerciales y conservar comprobantes de cada operación. Con el avance de los controles, la frontera entre la economía cotidiana y la fiscalización se volvió más delgada que nunca.
















