Avenida Avellaneda
Avenida Avellaneda Foto: NA

Durante años, la avenida Avellaneda fue sinónimo de movimiento constante, pasillos repletos de bolsas, tours de compras del interior y ventas que se sostenían incluso en contextos económicos difíciles. Hoy, ese paisaje empieza a cambiar. En el corazón comercial del barrio de Flores, uno de los centros textiles más importantes de la Ciudad de Buenos Aires, crecen los locales cerrados, bajan las persianas y se multiplican los carteles de “se alquila”. La escena se repite tanto en comercios a la calle como en galerías, y preocupa a quienes viven del circuito comercial de la zona.

Menos gente en la calle y ventas en caída

Comerciantes que aún resisten coinciden en un diagnóstico: hay menos clientes circulando y las ventas presenciales no logran repuntar. Incluso meses que históricamente eran fuertes para el comercio mayorista hoy muestran niveles de actividad muy por debajo de lo esperado. Quienes tienen locales desde hace más de una década aseguran que el cambio no fue repentino, sino progresivo, pero se volvió mucho más visible en el último año.

Antes, la avenida Avellaneda recibía compradores de todo el país y también de países limítrofes. Micros de tours de compras llegaban cada semana, y eso garantizaba volumen. Hoy, ese flujo se redujo notablemente y el impacto se siente en la facturación diaria.

El comercio online y las plataformas internacionales

Uno de los factores que más mencionan los comerciantes es el cambio en los hábitos de consumo. Cada vez más personas compran indumentaria sin salir de sus casas, atraídas por precios competitivos y envíos directos. Las plataformas internacionales, como las de origen asiático, sumaron una presión extra sobre los comercios físicos, que deben afrontar costos fijos elevados.

Muchos locales optaron por reforzar sus canales digitales o directamente mudarse al comercio online, donde el alcance es mayor y los gastos mensuales son menores. Para otros, la transición no fue posible y la única alternativa fue cerrar.

Cierre de locales en Flores Foto: Foto generada con IA

Costos altos, impuestos y alquileres que no bajan

A la caída del consumo se le suma otro problema estructural: los costos. Luz, impuestos, cargas laborales y alquileres elevados forman una combinación difícil de sostener cuando las ventas no acompañan. En algunos casos, los comerciantes son propietarios; en otros, alquilan y aseguran que los valores ya no se corresponden con la rentabilidad real del negocio.

Esta situación explica por qué muchos locales bajan la persiana apenas vence el contrato o reducen personal para sobrevivir. La postal de pasillos semivacíos en galerías que antes estaban llenas se volvió cada vez más común.

Menos tours de compras y más trabas logísticas

Otro reclamo recurrente apunta a las dificultades para el ingreso de micros turísticos y de compras a la zona. Durante años, esos colectivos fueron una pieza clave del engranaje comercial. Las restricciones de tránsito, multas y controles redujeron su presencia, y con eso cayó una parte fundamental del público mayorista.

Sin esos grupos, muchos locales pierden volumen y dependen casi exclusivamente de la venta minorista, que hoy también muestra signos de debilitamiento.

Avenida Avellaneda, Flores. Foto: captura Google Maps.

Un barrio que cambia y busca reinventarse

La crisis en la avenida Avellaneda no significa el fin del polo textil, pero sí una etapa de reconversión. Algunos comerciantes apuestan a nichos específicos, otros a la venta digital o a reducir superficie. El barrio de Flores sigue siendo estratégico por ubicación y tradición, aunque enfrenta el desafío de adaptarse a un consumo más digital, menos impulsivo y mucho más sensible al precio.

Lo que alguna vez fue un imán de compradores hoy atraviesa una transición compleja. La avenida Avellaneda todavía late, pero ya no al ritmo frenético de otros tiempos.