El Banco Central de la República Argentina. Foto: Reuters.
El Banco Central de la República Argentina. Foto: Reuters.

La decisión del Banco Central de la República Argentina (BCRA) de transferir $24,4 billones al Tesoro Nacional volvió a poner en debate uno de los pilares centrales del programa económico del Gobierno de Javier Milei: la política de “emisión cero”. Aunque desde el Ministerio de Economía aseguran que la operación no implica expansión monetaria neta, distintos economistas cuestionaron el mecanismo y advirtieron sobre sus efectos en el balance de la autoridad monetaria.

El anuncio fue realizado por el ministro de Economía, Luis Caputo, quien explicó que la transferencia de utilidades del Banco Central permitirá fortalecer los depósitos del Tesoro en pesos y avanzar en la recompra de Letras Intransferibles (LI), instrumentos de deuda que el Tesoro mantiene con el BCRA.

La medida se conoció después de la publicación de los estados contables del Banco Central correspondientes a 2025. Según esos datos, la entidad que conduce Santiago Bausili registró ganancias por $34,4 billones, un incremento interanual del 34%, y cerró el ejercicio con un patrimonio neto de $51,3 billones, un 66,3% superior al del año anterior.

Fachada del Banco Central de la República Argentina. Foto: Foto generada con IA Canal 26

Transferir dinero al Tesoro podría debilitar al Banco Central

Caputo sostuvo que la operación tendrá como resultado una reducción de la deuda bruta del Tesoro equivalente a aproximadamente 3,3% del Producto Bruto Interno (PBI). Desde el oficialismo remarcan que no se trata de una emisión destinada a financiar gasto corriente, sino de un movimiento contable orientado a mejorar la hoja de balance del Estado consolidado.

Sin embargo, el anuncio despertó fuertes cuestionamientos entre economistas y analistas financieros, que advierten que el giro de utilidades sí constituye una forma de financiamiento monetario al Tesoro.

Uno de los críticos fue el economista Gabriel Caamaño, director de la consultora Outlier, quien cuestionó la consistencia del esquema oficial. A través de sus redes sociales, sostuvo que “hay que cortar con la contabilidad creativa” y remarcó que cancelar Letras Intransferibles mediante utilidades devengadas no mejora realmente el balance del Banco Central.

Según Caamaño, si las Letras Intransferibles eran consideradas previamente como un “simple asiento contable ilíquido” dentro del activo del BCRA, reemplazarlas por otro asiento contable no modifica la situación patrimonial de fondo ni reduce la deuda consolidada entre Tesoro y Banco Central.

El economista explicó además que el propio BCRA clasifica los giros de utilidades como una fuente de financiamiento monetario al Tesoro. Para Caamaño, el efecto podría resultar “neutro” únicamente si el dinero transferido queda inmovilizado en depósitos dentro del mismo Banco Central y no se utiliza para otros fines.

En la misma línea se expresó Santiago Casas, economista jefe de EcoAnalytics. El especialista advirtió que la operación, lejos de fortalecer al Banco Central, podría deteriorar su balance. Según explicó, mientras caen los activos por la cancelación de Letras Intransferibles, aumentan simultáneamente los pasivos debido a los depósitos del Tesoro.

Otro de los cuestionamientos llegó desde el Observatorio de Políticas para la Economía Nacional (OPEN). El economista Federico Machado sostuvo que las ganancias del Banco Central no provienen de ingresos genuinos obtenidos en el mercado, sino de una operación contable dentro del propio sector público.

Billetes de pesos, dinero
Las implicancias del giro de utilidades del Banco Central al Tesoro.

Machado explicó que gran parte de las ganancias surgieron porque el Tesoro recompró Letras Intransferibles utilizando fondos provenientes del Fondo Monetario Internacional (FMI) por un valor superior al registrado contablemente por el Banco Central. Esa diferencia generó una ganancia extraordinaria para la entidad monetaria, que luego fue transferida nuevamente al Tesoro en concepto de utilidades.

El debate vuelve a poner bajo la lupa el delicado equilibrio entre la necesidad del Gobierno de sostener el orden fiscal y monetario y las tensiones que generan algunas herramientas financieras utilizadas para alcanzar ese objetivo sin romper formalmente con la promesa de “emisión cero”.