Cianobacterias en provincia de Buenos Aires. Foto: Unsplash

Las cianobacterias volvieron a generar alerta en la provincia de Buenos Aires luego de que el mapa interactivo del Gobierno Bonaerense mostrara un incremento de sectores bajo vigilancia por la presencia de estos organismos microscópicos en el agua.

Se estima que serían alrededor de 13 los lugares afectados en distintos municipios de la región.

Estudio que detecta la presencia de cianobacterias. Foto: Freepik

¿Qué partes de Buenos Aires estarían afectadas con cianobacterias?

Entre las zonas catalogadas bajo alerta naranja, que indica riesgo moderado, se encuentran las lagunas Sauce Grande en Monte Hermoso, Cuero de Zorro en Rivadavia, Cañadón en Pehuajó, Rocha en Chacabuco, así como cuerpos de agua en Lobos, Monte, Chis Chis en Lezama, Las Barrancas, Tablillas, La Saladita y el Río de La Plata en Avellaneda.

Por su parte, la única zona bajo alerta roja, con riesgo alto, es La Salada, en Pehuajó. En estos lugares se observa el agua de un verde intenso y homogéneo, motivo por el cual las autoridades recomiendan no ingresar al agua, evitar el consumo de alimentos y mantener alejados a niños y mascotas hasta que la floración desaparezca.

Según especialistas, la exposición a cianobacterias puede provocar vómitos, diarrea, dolor de cabeza, debilidad muscular y alergias en la piel.

La Subsecretaría de Recursos Hídricos y la Autoridad del Agua de la provincia realizan evaluaciones diarias sobre la presencia de estas bacterias en los cuerpos de agua. El sistema de alerta se divide en cuatro colores: verde, sin riesgo; amarillo, con pequeñas manchas verdes; naranja, agua de color verde brillante; y rojo, masa verde oscura, prohibiendo el baño.

Hay varios cuerpos de agua comprometidos con cianobacterias. Foto: Freepik

¿Qué son las cianobacterias?

Las cianobacterias son bacterias Gram-negativas que contienen clorofila y realizan fotosíntesis, por lo que históricamente se las conoce como algas verde-azules.

Están presentes en aguas dulces, saladas y salobres, y muchas especies producen toxinas que pueden liberarse al agua, constituyendo un riesgo para la salud humana y ambiental.

Su proliferación se relaciona con la acumulación de nutrientes como nitrógeno y fósforo, temperaturas elevadas, días sin viento y abundante luz solar, un proceso natural conocido como eutrofización, que actualmente se ve acelerado por factores humanos y climáticos.