Larralde y el vínculo con Cafrune
Larralde y el vínculo con Cafrune Foto: Facebook

Hay historias que nunca terminan de cerrarse. En la música popular argentina, una de ellas es la muerte de Jorge Cafrune. Y cada vez que aparece la voz de José Larralde, esa herida vuelve a abrirse. En una entrevista radial luego reeditada y viralizada por terceros, al autor de Herencia pa’ un hijo gaucho se le atribuye una posición firme: según su mirada, Cafrune no fue víctima de un complot, sino de un accidente. La escena volvió a instalar una pregunta que lleva casi medio siglo sin apagarse: ¿murió el “Turco” por azar o por el clima de persecución que dominaba al país en 1978?

Larralde habla sobre la muerte de Cafrune. Video: TikTok @tukmaradio_

Por qué la palabra de José Larralde sigue teniendo peso

La palabra de Larralde no pesa por oportunismo ni por espectáculo. Pesa porque viene de adentro del folklore. José Teodoro Larralde Saad, nacido en Huanguelén en 1937, es una de las voces más respetadas de la canción criolla argentina. El Ministerio de Cultura lo definió como un cantor ligado a la denuncia social y a la vida rural, y también recordó algo clave para esta historia: Cafrune admiraba profundamente su obra y llegó a grabar composiciones suyas. Entre ambos no hubo apenas camaradería artística; hubo reconocimiento entre pares, afinidad de mundo y una misma manera de mirar al país.

Cafrune y Larralde Foto: Facebook

De hecho, el propio Larralde contó alguna vez cómo conoció a Cafrune. Según relató en una extensa charla radial rescatada después por Bichos de Campo, una cinta casera con canciones suyas terminó en manos del jujeño casi por casualidad. Cafrune la escuchó, frenó otras decisiones artísticas y quiso incluir temas de ese joven autor al que todavía no conocía personalmente. Ese episodio no solo retrata el olfato musical del “Turco”; también muestra el tipo de vínculo que unía a los grandes nombres del folklore de entonces: menos marketing, más intuición, ruta, guitarreada y oído para detectar verdad en una voz nueva.

Quién fue Jorge Cafrune y por qué su figura se volvió legendaria

Para entender por qué hoy sigue importando lo que Larralde diga sobre Cafrune, hay que recordar quién era Cafrune en la Argentina de los años 60 y 70. Nacido en Jujuy en 1937, se convirtió en una de las grandes figuras del llamado tiempo dorado del folklore. En Cosquín 1962 fue revelación, en 1965 protagonizó una escena histórica al presentar a una joven Mercedes Sosa y, con el correr de los años, su figura se volvió masiva también fuera del país. Argentina.gob.ar y distintas crónicas periodísticas coinciden en que era mucho más que un cantor popular: era un difusor de cultura nativa, un símbolo de raíz y una voz asociada a las causas sociales.

Cantó una zamba prohibida frente a la dictadura Foto: Archivo

Ese perfil, precisamente, lo volvía incómodo en tiempos de censura. La Nación reconstruyó que para el Cosquín de 1978 existían listas de temas prohibidos y control militar sobre lo que podía sonar en el festival. Canal 26 y otros medios recordaron que, cuando el público le pidió “Zamba de mi esperanza”, Cafrune lanzó una frase que quedó para la historia: aunque no estuviera en el repertorio autorizado, si el pueblo la pedía, él la iba a cantar. En el palco estaba Luciano Benjamín Menéndez, luego condenado por crímenes de lesa humanidad. La postal decía mucho más que un recital: resumía el choque entre una cultura popular viva y una dictadura obsesionada con disciplinarlo todo.

La cabalgata a Yapeyú: el viaje simbólico que terminó en tragedia

Días después de aquella noche, Cafrune inició otra travesía de enorme carga simbólica: una cabalgata hacia Yapeyú para homenajear a José de San Martín en el año del bicentenario de su nacimiento. El plan, según reconstrucciones recientes, era unir Buenos Aires con la cuna del Libertador y llevar un cofre con tierra de Boulogne-sur-Mer, lugar donde murió San Martín. No era una improvisación ni una excentricidad romántica: cabalgar formaba parte de su identidad artística y ya había realizado una gira a caballo por el país en 1967. El viaje, en ese sentido, condensaba su forma de entender la patria, el arte y la tradición.

La tragedia ocurrió en la noche del 31 de enero de 1978, a la altura de Benavídez. La versión oficial habló de un accidente: una camioneta, identificada en muchas crónicas como un Rastrojero, lo embistió mientras avanzaba a caballo por la ruta. Fue trasladado con heridas gravísimas y murió durante la madrugada del 1° de febrero. Pero desde entonces la sospecha acompañó cada reconstrucción. La Nación, Infobae y El Destape recordaron que el contexto represivo, la censura previa en Cosquín y algunos testimonios posteriores alimentaron la hipótesis de un crimen político. Aun así, la familia también planteó matices: Yamila Cafrune llegó a sostener que, hasta donde sabían, había sido un accidente, aunque las dudas del contexto jamás desaparecieron del todo.

La versión de Larralde: una verdad incómoda para el mito

Es ahí donde la mirada de Larralde vuelve a hacer ruido. No porque clausure el debate, sino porque proviene de alguien que conoció a Cafrune, que entendía la lógica de esas giras, el oficio de andar caminos y la dimensión humana del personaje. Su versión, tal como fue reviralizada, va a contramano de una parte del imaginario popular que durante décadas leyó aquella muerte como una ejecución encubierta. Pero incluso si Larralde creyó que fue un accidente, eso no borra el peso de la época: Cafrune había desafiado prohibiciones, estaba marcado por el poder y se movía en una Argentina donde la violencia estatal ya era una política sistemática.

Por eso la muerte de Cafrune sigue siendo mucho más que un expediente o una efeméride. Se convirtió en una pregunta moral sobre la Argentina de la dictadura, sobre el precio de cantar lo que no debía cantarse y sobre el destino de quienes construyeron su voz contra el silencio impuesto. Larralde aporta una verdad posible; la historia, en cambio, sigue dejando abierta la herida. Y tal vez ahí radique el núcleo del misterio: no solo en cómo murió Cafrune, sino en por qué su final todavía conmueve como si hubiera ocurrido ayer.