La pregunta que “dibujó” la Patagonia: el día en que un valle eligió bandera y cambió el mapa para siempre
En una escuelita de Río Corintos, en plena cordillera chubutense, una consulta simple empujó una decisión compleja: ¿Chile o Argentina? Detrás de esa escena hubo tratados, peritos, mapas imperfectos y un arbitraje británico que terminó de sellar la frontera.

Hay preguntas que pesan más que un discurso. En el sur del continente, a comienzos del siglo XX, una de esas preguntas se escuchó en un aula rural: “¿Se considera usted argentino o chileno?”. Según la memoria local y reconstrucciones periodísticas, esa consulta quedó asociada al llamado Plebiscito de 1902 en el Valle 16 de Octubre, cerca de Trevelin.
El escenario fue la Escuela Nacional N.° 18 “Benjamín Zorrilla”, a unos 13 km de Trevelin, en Río Corintos. Y aunque con el tiempo se popularizó la idea de un “plebiscito” clásico, algunos investigadores y notas históricas señalan que no habría existido una votación formal con urnas, sino más bien una consulta/pronunciamiento ante la comisión arbitral, algo clave para entender cómo se construyen los relatos de identidad.
Lo indiscutible es el contexto: Argentina y Chile discutían dónde debía pasar la frontera en un tramo donde la geografía se burlaba del papel.
El problema de fondo: cuando la Cordillera no alcanza para ser “línea”
El gran nudo estaba escrito desde el Tratado de Límites de 1881, que fijaba que la frontera seguiría la Cordillera de los Andes hasta el paralelo 52, por “las cumbres más elevadas que dividan las aguas”. El problema real apareció cuando los relevamientos demostraron que, en sectores patagónicos, las “altas cumbres” y la “divisoria de aguas” no coincidían. Ese choque técnico se volvió político:
- Para Argentina, el criterio debía ser más orográfico (cumbres).
- Para Chile, más hidrográfico (cuencas que desaguan al Pacífico).

El propio informe del arbitraje británico dejó algo demoledor: la región entre latitudes patagónicas relevantes presentaba valles transversales, ríos al Pacífico y una configuración donde ambas líneas eran “frecuentemente irreconciliables”, y el texto de los acuerdos resultaba ambiguo.
Por qué aparece un británico en esta historia y por qué su rol fue decisivo
Como el desacuerdo escalaba, el diferendo terminó en arbitraje británico, apoyado en acuerdos previos que permitían recurrir a una “potencia amiga”. En el laudo internacional publicado a nombre del rey Eduardo VII, se detalla que, ante divergencias persistentes, se designó una comisión técnica y se envió al terreno a Sir Thomas Holdich, integrante del tribunal y comisionado para estudiar la zona disputada.

Holdich aparece en el corazón del relato local porque su presencia en los valles cordilleranos incluyó el contacto con los pobladores, en momentos en que la “frontera” aún era, para muchos, una abstracción.
La escena patagónica: colonos galeses, pobladores originarios y un Estado que recién llegaba
El Valle 16 de Octubre no era un espacio vacío. La zona se pobló tras expediciones y asentamientos vinculados a la colonización galesa en Chubut y su avance hacia áreas más fértiles. En ese marco, la Escuela 18 fue formalizada hacia fines del siglo XIX y terminó convertida en punto simbólico: allí se reunió gente del valle cuando el arbitraje necesitó información “humana” además de mapas.
Un dato revelador, repetido en reconstrucciones locales: a la hora de elegir, influyeron factores concretos, como el acceso a instituciones ya instaladas del lado argentino (servicios, administración, escuela), y también la cuestión clave de los títulos de propiedad.
Lo que decidió el laudo: un mapa “intermedio” y valles que quedaron de un lado
El arbitraje no se casó al 100% con una sola postura: el tribunal sostuvo que no era escoger “cuál línea era correcta”, sino definir una frontera dentro del rango de reclamos extremos.
Y en el texto del laudo aparecen nombres que todavía resuenan en la Patagonia: al describir tramos desde Nahuel Huapi hacia el sur, se fijan líneas por divisorias y puntos obligatorios, y se menciona que quedan para Argentina valles como “Nuevo”, “Cholila” y la “Colonia 16 de Octubre”, entre otros.

En paralelo, reseñas históricas sobre la Escuela 18 y el hecho conmemorativo indican que el arbitraje definió un reparto amplio del área discutida, y que la región del valle fue una de las beneficiadas para el lado argentino.
¿Por qué esta historia sigue viva? Porque las fronteras también se “fabrican”
La cordillera suele presentarse como “frontera natural”, pero investigaciones académicas recuerdan que la frontera se construyó con comisiones, trabajo de campo, redes humanas e instalación de hitos, es decir: con decisiones políticas y técnicas, no con magia geográfica.
Por eso, cada vez que Trevelin vuelve a mirar hacia la Escuela 18, no está celebrando solo una postal: está recordando que la Patagonia moderna se terminó de moldear con tratados, arbitrajes y presencia territorial. Y que, a veces, el destino de un lugar entra por una puerta sencilla: la de un aula.

















