El submarino que ofrecieron a la Revolución de Mayo
El submarino que ofrecieron a la Revolución de Mayo Foto: Wikipedia

Mucho antes de que los grandes submarinos se transformaran en símbolos del poder naval del siglo XX, en el Río de la Plata ya circulaba una idea que parecía salida de una novela futurista. En los primeros meses de la Revolución de Mayo, cuando Buenos Aires todavía no podía dominar las aguas y Montevideo seguía siendo el gran bastión realista, un comerciante estadounidense llamado Samuel William Taber ofreció a las autoridades patriotas una solución tan extraña como revolucionaria: construir una máquina submarina para atacar por debajo de la línea de flotación a los buques españoles.

Samuel William Taber: el estadounidense que ofreció un submarino a la Revolución de Mayo

Taber había nacido en Nueva York y llegó al Río de la Plata a fines de 1810, procedente de Cádiz y con intereses comerciales. Sin embargo, según las reconstrucciones históricas disponibles, muy pronto dejó de lado su perfil mercantil para acercarse al gobierno surgido de Mayo y presentar un proyecto militar que buscaba alterar el equilibrio naval en el estuario. La propuesta fue lo suficientemente seria como para ser analizada por Cornelio Saavedra y Miguel de Azcuénaga, quienes habrían dado un visto bueno inicial al plan.

Ese dato no es menor: en 1810 y 1811, el problema del dominio del agua era central para la revolución rioplatense. La propia Armada Argentina recuerda que buena parte de los marinos fieles a la Corona se concentró en Montevideo, donde estaba el Apostadero español, y desde allí los realistas conservaron una posición de ventaja en la Banda Oriental y en los ríos interiores hasta 1814. En ese contexto, cualquier innovación naval tenía un valor estratégico enorme.

Cómo era el submarino de 1810 que buscaba hundir a la flota española

Los planos originales del invento de Taber nunca aparecieron, pero distintas reconstrucciones históricas coinciden en una idea general: se trataba de una embarcación de madera, con forma semejante a una tortuga o caparazón, maniobrada manualmente y equipada con un sistema de perforación en la proa para dañar el casco de los barcos enemigos y colocar explosivos. El objetivo era claro: acercarse bajo el agua, atacar la parte más vulnerable de la nave y retirarse antes de la detonación.

Un comerciante estadounidense acercó a Buenos Aires un proyecto tan audaz como adelantado a su época Foto: Wikipedia

Ese rasgo técnico ubica al proyecto dentro de una tradición de experimentos navales muy tempranos. No era un submarino moderno, sino una “máquina submarina” de guerra pensada para operaciones puntuales, de sigilo y sabotaje. Aun así, de haberse concretado, hubiera representado una de las experiencias más avanzadas y tempranas de guerra subacuática en América del Sur.

El origen de la idea: de Cornelis Drebbel a David Bushnell y la Turtle

La propuesta de Taber no surgía de la nada. Ya en 1620, el neerlandés Cornelis Drebbel había construido en Inglaterra el primer submarino navegable conocido, una nave de madera sellada que recorrió el Támesis a poca profundidad. Más de un siglo después, durante la Revolución de las Trece Colonias, David Bushnell desarrolló la célebre Turtle, considerada la primera nave sumergible usada en combate, aunque su ataque a un buque británico no consiguió el objetivo final.

La Turtle introdujo elementos decisivos para la historia de la navegación submarina: uso del agua como lastre, propulsión manual mediante tornillo, mecanismo de respiración y transporte de una mina o carga explosiva con temporizador. Por eso, cuando los historiadores vinculan el plan de Taber con esa tradición técnica, no están exagerando: su idea encajaba en una línea experimental real, todavía rudimentaria, pero ya probada en el Atlántico norte.

Por qué Buenos Aires necesitaba una innovación naval contra Montevideo

A comienzos de 1811, el escenario rioplatense había empeorado para Buenos Aires. Francisco Javier de Elío, nombrado virrey por la Junta de Cádiz, se instaló en Montevideo y declaró a esa ciudad capital virreinal, reforzando el frente realista contra la revolución porteña. Desde allí, la autoridad española intentó conservar el control del río y sostener la presión militar sobre un proceso independentista todavía frágil y sin poder naval sólido.

Quién fue Samuel William Taber y cómo era su invento Foto: Wikipedia

En ese marco, el submarino no era una extravagancia sino una respuesta desesperada y creativa a un problema concreto: la incapacidad patriota de disputar el dominio de las aguas con medios convencionales. Antes de la consolidación naval que llegaría más tarde con las campañas de Guillermo Brown, Buenos Aires debió improvisar desde todos los frentes. El proyecto de Taber encarnaba justamente esa mezcla de necesidad, audacia y escasez.

Taber espía en Montevideo: la misión secreta que cambió el destino del proyecto

Cuando la tensión con Montevideo se profundizó, Taber fue enviado a la plaza realista para recolectar información sobre defensas, fuerzas disponibles, recursos y movimiento de buques. Es decir, el inventor de un submarino terminó también cumpliendo tareas de espionaje, una señal del nivel de confianza que había ganado entre las autoridades revolucionarias y de la urgencia del momento político.

La misión terminó mal. Al intentar regresar, Taber fue capturado por los realistas y sufrió prisión en condiciones muy duras. Más tarde recuperó la libertad y procuró retomar el proyecto, incluso solicitando que las piezas de la nave fueran trasladadas a la Ensenada de Barragán, un punto más profundo y discreto que el puerto de Buenos Aires para avanzar con las pruebas o el ensamblaje final. A partir de ahí, sin embargo, el rastro del submarino se vuelve impreciso.

Qué pasó con el submarino de Taber y por qué nunca entró en combate

La explicación más verosímil para el final del proyecto está en el giro político de 1811. Con la instalación del Primer Triunvirato en septiembre de ese año y la posterior firma del Tratado de Pacificación del 20 de octubre de 1811 con Elío, el clima dejó de favorecer una iniciativa secreta y ofensiva como la de Taber. El acuerdo incluía, entre otros puntos, el cese de hostilidades, el levantamiento del bloqueo y la evacuación de tropas porteñas de la Banda Oriental.

En ese escenario, impulsar un submarino de guerra resultaba políticamente contradictorio. Por eso muchos historiadores sostienen que la iniciativa quedó archivada, diluida por el cambio de prioridades del nuevo gobierno y por un contexto diplomático que exigía enfriar el conflicto, al menos de manera formal. El invento no desapareció por inviabilidad técnica solamente: también fue víctima de la coyuntura.

El legado histórico del submarino secreto de 1810 en la Argentina

Aunque nunca entró en combate, el proyecto de Taber conserva un enorme valor simbólico e histórico. Muestra hasta qué punto la Revolución de Mayo fue también un laboratorio de ideas extremas, donde la falta de recursos obligaba a pensar soluciones inesperadas. Años más tarde, en 1814, la situación cambiaría con la campaña naval de Guillermo Brown, que terminó por quebrar el poder realista en Montevideo y modificar el curso de la guerra en el Río de la Plata.

La Tumba del Almirante Guillermo Brown, padre de la Armada Argentina. Cementerio de la Recoleta Foto: Foto generada con IA

Por eso, la historia del submarino de 1810 no es una mera curiosidad pintoresca. Es la prueba de que, en los días más inciertos del nacimiento argentino, hubo hombres convencidos de que la independencia también podía defenderse con inventos improbables, espionaje, tecnología experimental y una imaginación estratégica fuera de época. Samuel William Taber no llegó a cambiar la guerra, pero dejó una de las preguntas más fascinantes de la historia rioplatense: qué habría pasado si aquel submarino realmente hubiese navegado bajo las aguas del Plata para atacar a la flota española.