Espionaje en guerra: las misiones secretas que marcaron la historia argentina
Espionaje en guerra: las misiones secretas que marcaron la historia argentina Foto: Wikipedia

La historia suele recordar batallas, próceres y fechas patrias, pero detrás de los grandes episodios hubo otra guerra, mucho menos visible y muchas veces decisiva: la del espionaje. En Argentina, esas operaciones no fueron una rareza ni una nota al pie. Formaron parte de momentos clave, desde las Invasiones Inglesas hasta la Guerra de Malvinas, pasando por la Independencia y las redes clandestinas de la Segunda Guerra Mundial. Cambiaron estrategias, alteraron decisiones y, en más de un caso, inclinaron el rumbo de los acontecimientos sin que la mayoría llegara a enterarse.

La otra cara de la guerra: cuando la historia argentina se escribió en secreto

Mucho antes de que la inteligencia militar se profesionalizara, Buenos Aires ya conocía el valor de la información reservada. A comienzos del siglo XIX, en tiempos de invasiones, tertulias y conspiraciones, la figura de Marie Anne Périchon de Vandeuil, la célebre “Perichona”, quedó asociada a rumores de espionaje, contrabando y mediaciones oscuras entre el poder virreinal y círculos ligados a los británicos. Nunca pudo probarse de manera concluyente que haya sido espía, pero su nombre quedó pegado a esa zona difusa donde la política, los intereses comerciales y la seducción podían convertirse en armas de guerra. Esa Buenos Aires todavía colonial ya intuía que en tiempos de crisis no solo importaba quién controlaba el territorio, sino también quién manejaba los secretos.

La Perichona, historia argentina
La Perichona, historia argentina

San Martín y la “guerra de zapa”: la misión secreta que debilitó a los realistas antes del Cruce de los Andes

Si hubo un líder argentino que entendió como pocos el poder de la inteligencia fue José de San Martín. Mientras organizaba el Ejército de los Andes en Mendoza, no solo entrenaba soldados y reunía recursos: también desplegaba una sofisticada red de información y contrainteligencia para desorientar a los realistas en Chile. Esa estrategia, conocida como “guerra de zapa”, consistió en infiltrar agentes, sembrar rumores, promover deserciones y hacer circular datos falsos sobre los pasos que utilizaría el ejército libertador. En una carta a Tomás Guido del 1 de noviembre de 1816, el propio San Martín describió esa maniobra como una guerra que ya estaba volviendo “terrible” la situación del enemigo.

La escala del plan también explica por qué el espionaje fue tan importante. La preparación del cruce movilizó por dos años a más de 5.400 hombres, unos 1.600 caballos de guerra, cerca de 10.000 mulas y más de 500 reses, además de víveres, pertrechos y rutas cuidadosamente pensadas en la montaña. Nada de eso podía funcionar si el adversario lograba anticipar con certeza por dónde vendría el golpe principal. La genialidad de San Martín no estuvo solo en el cruce, sino en lograr que el enemigo no supiera cuándo, cómo ni con qué fuerza iba a atacar.

La operación silenciosa que ayudó a ganar Chacabuco y abrió el camino de la independencia

La guerra de zapa fue mucho más que una maniobra complementaria: fue una pieza central del plan continental. La dispersión de las fuerzas realistas favoreció el avance patriota y allanó el camino a la victoria de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, antesala de la consolidación de la independencia chilena. En ese punto, la guerra ya había comenzado mucho antes de los disparos. Se había peleado con mensajes, infiltrados, rumores y desinformación, en una lógica que hoy podría definirse como una combinación de espionaje, guerra psicológica y propaganda militar.

Cruce de Los Andes
Cruce de Los Andes

Espías nazis en Argentina: la red secreta que operó durante la Segunda Guerra Mundial

Más de un siglo después, Argentina volvería a quedar en el centro de una guerra secreta, esta vez de alcance global. Durante la Segunda Guerra Mundial, el país fue terreno fértil para redes nazis de propaganda, financiamiento y espionaje. La llamada Operación Bolívar, dirigida por Johannes Siegfried Becker, alias “Sargo”, montó una estructura clandestina que operó desde Argentina y Brasil para transmitir información a Berlín mediante radios ocultas, mensajeros y contactos locales. En Santa Fe, la policía llegó a descubrir una estancia con paredes dobles y una habitación secreta desde la que se radiaban mensajes codificados, incluso con apoyo de equipos vinculados a la tecnología Enigma.

La relevancia de esa red fue tan grande que, décadas después, siguió siendo materia de estudio en investigaciones sobre espionaje del siglo XX. No se trató de una leyenda urbana ni de una exageración de posguerra: existió una verdadera estructura clandestina con ramificaciones en distintos países sudamericanos, que aprovechó neutralidades, complicidades, intereses económicos y zonas grises del poder regional para operar. En ese tablero, Argentina no fue un observador pasivo, sino un escenario clave.

Los archivos que revelaron cómo operaban las actividades nazis en el país

La dimensión de esas actividades quedó además reflejada en la labor de la Comisión Especial Investigadora de Actividades Antiargentinas, creada en la Cámara de Diputados en 1941. Sus archivos muestran que el Estado y el Congreso siguieron de cerca escuelas, asociaciones, medios gráficos, empresas y dirigentes vinculados al nacionalsocialismo en el país. La comisión reunió 42 cajas de documentación y llegó a vincular organizaciones locales con la embajada alemana, además de reconstruir la difusión de propaganda nazi, el funcionamiento de escuelas alemanas y el financiamiento de publicaciones afines al Tercer Reich. Entre los episodios más notorios figura el acto nazi del Luna Park de 1938, que visibilizó ante la opinión pública la magnitud de esas redes.

Los fantasmas del acto nazi en el Luna Park de Buenos Aires en 1938
Los fantasmas del acto nazi en el Luna Park de Buenos Aires en 1938

Ese pasado volvió a cobrar fuerza en los últimos años. En abril de 2025, el Archivo General de la Nación publicó en línea alrededor de 1.850 piezas documentales sobre actividades nazis en Argentina y casi 1.300 decretos presidenciales secretos y reservados producidos entre 1957 y 2005. El organismo explicó que ese acervo incluye investigaciones de fuerzas de seguridad sobre jerarcas nazis llegados al país y documentos sobre inteligencia, compra y venta de armas, organización del servicio de inteligencia y lucha anticomunista. Lo que durante décadas solo podía consultarse en forma presencial pasó así a estar disponible para investigadores y ciudadanos.

Malvinas y el radar británico en Chile: el espionaje que anticipaba los movimientos argentinos

La Guerra de Malvinas demostró, una vez más, que el espionaje podía convertirse en un factor decisivo. Reconstrucciones históricas sostienen que el Reino Unido coordinó con Chile una operación de vigilancia electrónica para seguir los movimientos de la Fuerza Aérea Argentina desde el continente. La denominada Operación Fingent incluyó la instalación de un radar transportable británico en territorio chileno, operado por personal británico vestido de civil, con el objetivo de detectar despegues desde Río Grande, Río Gallegos, Ushuaia y parte de la Patagonia. Esa información, según los relatos disponibles, se transmitía por vías seguras y le daba a la flota británica un margen crucial para preparar defensas e interceptores antes de los ataques argentinos.

Guerra de Malvinas Foto: Archivo

En una guerra aérea de distancias extremas, conocer con minutos de ventaja qué estaba por ocurrir podía significar la diferencia entre resistir un ataque o ser sorprendido. Malvinas no fue solo una guerra de aviones, buques y posiciones en las islas. También fue una guerra de radares, señales, comandos y anticipación. La colaboración de Chile, en ese contexto, se convirtió en uno de los capítulos más incómodos pero también más reveladores del conflicto.

De los espías de la Independencia a las operaciones clandestinas del siglo XX

Mirada en conjunto, la historia argentina revela un patrón fascinante: detrás de los grandes conflictos siempre hubo una trama paralela de infiltrados, mensajeros, dobles discursos, archivos reservados y operaciones discretas. Desde la guerra de zapa de San Martín hasta los espías nazis y el radar británico en Malvinas, la información fue un arma tan poderosa como los fusiles o los cañones. Tal vez por eso el espionaje incomoda tanto a la memoria colectiva: porque obliga a aceptar que las guerras no siempre se definieron a la vista de todos.

La historia secreta argentina que todavía sigue saliendo a la luz

A medida que se abren archivos, se digitalizan documentos y aparecen nuevas reconstrucciones, queda claro que una parte importante de la historia nacional todavía estaba escrita entre sombras. La Argentina que solemos recordar en los manuales también se jugó en habitaciones ocultas, cartas cifradas, pactos silenciosos y maniobras encubiertas. Y aunque muchas de esas operaciones no aparezcan en las estampas clásicas de la memoria escolar, su impacto fue real. Porque a veces, el destino de un país no se decide solamente en el campo de batalla: también se define en silencio.