La guerra interna de 1810: Saavedra, Moreno y las sospechas de asesinato en la Primera Junta
El brindis de Suipacha, el decreto que humilló a Saavedra y el viaje sin regreso de Moreno: ¿accidente o asesinato? Claves de la Primera Junta.

Buenos Aires, 1810. No hay banderas celestes y blancas flameando en cada esquina, no hay un país con nombre definitivo, pero ya existe algo muy argentino: la pelea feroz por el poder dentro del propio bando revolucionario. Cornelio Saavedra y Mariano Moreno compartieron la mesa de la Primera Junta, sí. Pero también compartieron desconfianzas, operaciones, y un choque de proyectos que terminó con un dato imposible de ignorar: Moreno murió en alta mar en 1811, y desde entonces quedó flotando una sospecha difícil de enterrar: ¿fue un accidente o lo “sacaron” del juego?
No es una historia con un solo villano ni con un héroe perfecto. Es, más bien, el minuto cero de una guerra interna: milicia vs. pluma, moderación vs. ruptura, “orden” vs. “revolución”. Y cuando una revolución se parte, la sangre no hace falta derramarla en la plaza: puede alcanzar con una dosis mal medida en un camarote.
Saavedra vs. Moreno: dos revoluciones en una sola Junta
Saavedra era el hombre fuerte de las milicias, el jefe de Patricios, el que concentraba autoridad real en tropas y calle. Moreno, en cambio, era el cerebro político y comunicacional: abogado, periodista, fundador de un aparato de ideas que buscaba acelerar la ruptura con el viejo orden. Esa diferencia no fue un matiz: fue una grieta estructural que atravesó al primer gobierno patrio desde sus semanas iniciales.

El conflicto no tardó en tener símbolos concretos. En tiempos donde los rituales decían tanto como los decretos, el problema era cómo se veía el poder: carruajes, escoltas, honores, tratamiento de “Excelencia”. Y ahí Moreno olfateó un peligro: si la Junta copiaba el boato virreinal, la revolución podía transformarse en una continuidad maquillada.
El brindis que encendió la mecha y el decreto que humilló al presidente
El 5 de diciembre de 1810, en el Regimiento de Patricios, se celebró una cena por el triunfo de Suipacha, la primera gran victoria revolucionaria. En ese clima, un brindis desató el incendio: el capitán Atanasio Duarte, pasado de copas, celebró a Saavedra como “emperador” y hasta apareció una corona (de repostería) en la escena. Saavedra intentó minimizarlo; Moreno lo convirtió en un caso político.
La respuesta fue inmediata y filosa: el Decreto de Supresión de Honores (6 de diciembre de 1810). El texto no solo proclamaba igualdad entre los miembros: prohibía brindis y aclamaciones a individuos particulares, eliminaba escoltas personales y ponía límites formales a la autoridad del presidente. En otras palabras: Moreno le cortó el aura virreinal a Saavedra con un documento publicado en la prensa oficial.

El decreto incluso fijaba castigos: destierro para quien brindara por un miembro de la Junta, y una sanción ejemplar para Duarte. La frase quedó como un dardo histórico: “un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener expresiones contra la libertad de su país”. No era solo moral pública: era disciplina revolucionaria.
La verdadera batalla: el poder se agranda y Moreno se queda solo
Pero la pelea no era por un brindis. Era por el diseño de gobierno. El punto de quiebre llegó el 18 de diciembre de 1810, cuando se discutió qué hacer con los diputados del interior: ¿sumarlos al Ejecutivo o convocarlos a un Congreso? Moreno defendía la idea de un congreso constituyente; el saavedrismo empujó la incorporación directa. Ganó Saavedra. Y Moreno, aislado, presentó su renuncia.
Así nació la Junta Grande, más numerosa, más lenta, y con un equilibrio interno que debilitó la influencia morenista. La política empezó a moverse con otra música: cautela, negociación, y una revolución que buscaba sostenerse sin romper todo de inmediato. Para Moreno, eso era una derrota estratégica.
Exilio con nombre diplomático: el viaje que terminó en misterio
En enero de 1811, Moreno partió rumbo a Europa en misión diplomática. En el mar, su salud se deterioró: mareos, vómitos, debilidad. Y entonces aparece el dato que alimenta el mito: un capitán le administró un emético (medicamento para inducir vómito), pero la dosis habría sido descomunal. La Agencia de Noticias Científicas de la UNQ reconstruye que se usó tártaro emético y menciona una dosis de cuatro gramos, descrita como letal por toxicidad del compuesto (antimonio, entre otros), lo que desencadenó convulsiones casi inmediatas.

Moreno murió el 4 de marzo de 1811. Su cuerpo fue arrojado al mar, envuelto en una bandera británica, como práctica de navegación de la época. Sin tumba, sin autopsia, sin retorno: el Atlántico se convirtió en el lugar perfecto para que la historia se llene de signos de pregunta.
¿Asesinato? Lo que dicen las fuentes y lo que no pueden probar
La sospecha de envenenamiento no nació en Twitter: nació en el siglo XIX y en testimonios posteriores. Hay relatos que sostienen que la dosis fue “mayor que la necesaria” y que se administró sin conocimiento de sus acompañantes, un punto que vuelve una y otra vez en reconstrucciones históricas. Pero una sospecha no es una prueba: lo único sólido es que existió un medicamento altamente tóxico, una administración discutida y un desenlace rápido.
Además, el clima político hacía creíble cualquier teoría: Moreno tenía enemigos internos, el saavedrismo había ganado aire con la Junta Grande, y el morenismo quedaría golpeado también por la crisis posterior. En abril de 1811, la tensión estalló en la calle y se desplazó a varios morenistas, consolidando el giro de poder. No prueba un asesinato, pero describe un escenario donde “sacarlo del medio” era una fantasía demasiado funcional para muchos.

Un dato clave para no repetir mitos como si fueran archivos: la imagen de Moreno como “jacobino sanguinario” también fue construida y discutida históricamente. Incluso documentos atribuidos a él, como el famoso Plan de Operaciones, arrastran una polémica sobre autenticidad; Cancillería resume investigaciones recientes que señalan plagios y la posibilidad de una fabricación posterior para desacreditarlo. Esto no lo vuelve santo, pero sí recuerda algo básico: en política, también se mata con papeles.
Mini línea de tiempo para entender la guerra interna
- 25 de mayo de 1810: nace la Primera Junta.
- 5 de diciembre de 1810: cena en Patricios por Suipacha; brindis por Saavedra.
- 6 de diciembre de 1810: Decreto de Supresión de Honores.
- 18 de diciembre de 1810: se incorporan diputados; nace la Junta Grande; renuncia de Moreno.
- 4 de marzo de 1811: muere Moreno en alta mar.
La revolución también se devora por dentro
La guerra interna de 1810 no fue un chisme de salón: fue una disputa por el ADN del nuevo poder. Saavedra representó la estabilidad posible; Moreno, la aceleración revolucionaria. El problema es que la historia argentina suele repetir esa escena con otros nombres y otros uniformes: cuando el proyecto común se fisura, la energía se va en internas… y el enemigo agradece.
¿Asesinaron a Moreno? No hay evidencia concluyente que lo pruebe, pero sí hay hechos que explican por qué la duda persiste: una muerte sin cuerpo, un medicamento letal, un contexto de conspiraciones y una figura que molestaba por igual a conservadores y oportunistas. En 1810, la revolución empezó a escribir su épica; también, su lado oscuro.

















