El “Big Ben” porteño cumplió 110 años: la historia oculta de la Torre Monumental que cambió de nombre tras Malvinas
La Torre Monumental de Retiro cumplió 110 años: origen, construcción, reloj, campanas, cambio de nombre tras Malvinas y por qué sigue siendo un ícono porteño.

Frente a las terminales ferroviarias de Retiro y a metros de Plaza San Martín, hay una torre que desde hace más de un siglo marca el tiempo de Buenos Aires con aire británico y corazón porteño. La Torre Monumental, todavía llamada por muchísimos vecinos “Torre de los Ingleses”, cumplió 110 años el 24 de mayo de 2026 y volvió a poner en primer plano una historia donde se mezclan inmigración, arquitectura, política, guerra y memoria urbana.
Fue pensada como un homenaje por el Centenario, se levantó sobre los terrenos de una antigua usina de gas y terminó convertida en uno de los símbolos más reconocibles del barrio de Retiro. Pero su historia no se agota en el apodo que la emparenta con Londres: detrás de ese reloj monumental hay una trama más compleja, vinculada al vínculo entre la Argentina y la colectividad británica, a la transformación de la ciudad y al impacto que dejó la Guerra de Malvinas sobre los nombres y los monumentos porteños.
La historia detrás del “Big Ben” porteño que casi nadie conoce
La Torre Monumental nació a partir del ofrecimiento de los residentes británicos en la Argentina de donar un monumento para conmemorar el Centenario de la Revolución de Mayo, una propuesta que fue aceptada por el Congreso mediante la Ley 6368 de 1909. En un principio, la idea era construir una columna conmemorativa, pero con el avance del proyecto esa iniciativa derivó en una torre reloj de fuerte impronta británica.

El diseño ganador fue el del arquitecto Sir Ambrose Macdonald Poynter, figura clave en la definición estética del monumento. La obra quedó a cargo de la firma Hopkins y Gardom, y desde el principio se pensó como una pieza destinada a sobresalir en una zona estratégica de la ciudad, justo frente a uno de los mayores nodos ferroviarios de Buenos Aires.
Por qué la Torre Monumental no se inauguró en el Centenario
Aunque la torre estaba asociada a los festejos del Centenario de 1910, su inauguración oficial recién ocurrió el 24 de mayo de 1916. La demora respondió a distintas razones: por un lado, el terreno elegido estaba ocupado por la antigua Usina de Gas de Retiro, que debió ser desmontada antes de iniciar la obra; por otro, el contexto internacional complicó la llegada de materiales y alteró los tiempos previstos por el proyecto.
La piedra fundamental pudo colocarse recién el 26 de noviembre de 1910, y el proceso quedó atravesado por los efectos de la Primera Guerra Mundial, que ralentizaron la logística y el abastecimiento. Cuando finalmente se inauguró, en 1916, participaron de la ceremonia el presidente Victorino de la Plaza y el ministro plenipotenciario británico Reginald Tower, en un acto que consolidó a la torre como una de las grandes piezas conmemorativas de comienzos del siglo XX en la ciudad.
El regalo británico que terminó convertido en un ícono de Retiro
La ubicación no fue casual. La torre se levantó en un punto neurálgico del barrio de Retiro, un área vinculada históricamente al ferrocarril, al puerto y a las olas inmigratorias que marcaron el crecimiento de Buenos Aires. Durante buena parte del siglo XX, ese sector funcionó como una verdadera puerta de entrada a la ciudad, y la torre quedó asociada a ese movimiento constante de trenes, viajeros y despedidas.
Con más de 60 metros de altura, el edificio fue concebido para imponerse en el paisaje urbano. Casi todos los materiales utilizados en su construcción fueron traídos desde Inglaterra, al igual que buena parte del personal técnico y de obra. Esa condición reforzó el carácter simbólico del monumento, que desde su origen fue leído como una expresión de la presencia británica en la Argentina de comienzos del siglo XX.
La antigua usina de gas sobre la que se levantó la torre
Antes de que la Torre Monumental dominara el paisaje de Retiro, en ese mismo predio funcionaba una usina de gas que abastecía a la ciudad. El dato no es menor: la transformación del lugar resume, en cierto modo, el pasaje de una Buenos Aires ligada a la infraestructura básica de servicios a otra que empezaba a exhibir monumentos y espacios públicos como signos de modernidad.

Ese cambio urbano también ayuda a entender por qué la torre terminó convirtiéndose en un emblema visual del barrio. No sólo porque se levantó en un sitio clave, sino porque apareció en un momento en que Retiro consolidaba su identidad como área de conexión entre el microcentro, el ferrocarril, el puerto y el río.
El reloj que suena como el Big Ben y domina el paisaje porteño
Si hay un elemento que hizo inolvidable a la Torre Monumental, ese fue su reloj. El mecanismo fue fabricado por la firma Gillett & Johnston, de Croydon, Inglaterra, la misma casa relojera vinculada a otros grandes relojes monumentales. Su melodía reproduce los célebres Cuartos de Westminster, lo que explica por qué el monumento quedó asociado en el imaginario colectivo al famoso Big Ben londinense.
En su interior, la torre conserva cinco campanas de bronce. Cuatro de ellas forman el carrillón que marca los cuartos de hora, mientras que la campana principal —la más grande— pesa alrededor de siete toneladas y señala las horas. El reloj, además, coordina sus cuatro cuadrantes visibles desde distintos puntos de Retiro, lo que lo convirtió en una referencia urbana y visual para generaciones de porteños y viajeros.
Qué significan los símbolos británicos que todavía se ven en su fachada
La fachada de la Torre Monumental también habla. Sobre sus frisos y sectores ornamentales pueden reconocerse distintos emblemas históricos del Reino Unido: la rosa de la Casa Tudor por Inglaterra, el cardo por Escocia, el dragón rojo por Gales y el trébol por Irlanda. También aparecen escudos vinculados a la Argentina y al universo británico, en una combinación que vuelve al edificio una pieza singular dentro del patrimonio porteño.
Esa iconografía no fue un detalle decorativo aislado, sino una parte central del mensaje original del monumento. La torre fue concebida como un gesto de homenaje y cercanía diplomática, y por eso su lenguaje arquitectónico quedó cargado de signos identitarios que aún hoy siguen visibles para quien la observe con atención.
De Plaza Británica a Plaza Fuerza Aérea: cómo cambió su historia tras Malvinas
La historia de la torre cambió de forma drástica después de la Guerra de Malvinas. Hasta entonces, el espacio donde se encuentra era conocido como Plaza Británica, y el monumento era popularmente identificado como Torre de los Ingleses. Tras el conflicto de 1982, tanto la plaza como la torre fueron rebautizadas: la primera pasó a llamarse Plaza Fuerza Aérea Argentina, y el monumento recuperó oficialmente su denominación original, Torre Monumental.

Ese giro no fue sólo simbólico. Durante aquellos años, el monumento sufrió ataques y actos de vandalismo que dañaron parte de su estructura y de sus instalaciones. Sin embargo, el viejo nombre nunca desapareció del todo del habla cotidiana, y todavía hoy muchos porteños la siguen llamando “la Torre de los Ingleses”, como una muestra de cómo la memoria urbana suele resistir incluso a los cambios oficiales.
El atentado, el deterioro y la restauración de uno de los grandes íconos porteños
Con el paso de las décadas, la torre atravesó etapas de deterioro, cierres y restauraciones. Permaneció clausurada hasta su reapertura en 2001, cuando comenzó a funcionar también como centro de información cultural y patrimonial. Más recientemente, el edificio volvió a ser objeto de tareas de puesta en valor, con trabajos sobre el reloj, el ascensor, el sistema eléctrico y distintos sectores estructurales para recuperar plenamente su uso como mirador.
Esa recuperación fue clave para reposicionar a la torre no sólo como monumento histórico, sino también como experiencia urbana. Después de años en los que su acceso estuvo limitado o interrumpido, volvió a integrarse a los recorridos patrimoniales y turísticos de la ciudad, con una renovada atención puesta en su valor arquitectónico e histórico.
Qué se ve desde el mirador de la Torre Monumental
Uno de los grandes atractivos del edificio está en su mirador del sexto piso, desde donde pueden apreciarse algunas de las vistas más potentes de la ciudad. Desde allí se observan Plaza San Martín, el edificio Kavanagh, el Sheraton, las estaciones ferroviarias de Retiro, Puerto Nuevo, la Reserva Ecológica y el Río de la Plata.
Esa panorámica resume buena parte de la historia urbana de Buenos Aires: el vínculo con el río, el rol del ferrocarril, la densidad del centro y la escala monumental de una ciudad que se fue construyendo, también, a partir de sus miradores. En ese sentido, la Torre Monumental no sólo marca la hora: también ofrece una lectura en altura del pasado y del presente porteño.
Por qué, 110 años después, los porteños todavía la llaman “de los Ingleses”
A 110 años de su inauguración, la Torre Monumental conserva una rareza que pocos íconos urbanos sostienen con tanta fuerza: oficialmente tiene un nombre, pero en la memoria colectiva muchas veces sigue teniendo otro. Esa convivencia entre denominación formal y apodo popular es parte de su identidad, y explica por qué el monumento mantiene una presencia tan fuerte en el imaginario de la ciudad.
Tal vez por eso su historia sigue despertando interés. Porque no se trata sólo de una torre con reloj, ni de una réplica menor del Big Ben, sino de un fragmento vivo de Buenos Aires: una obra nacida del Centenario, levantada en el corazón de Retiro, golpeada por la historia y todavía capaz de condensar en una sola silueta más de un siglo de transformaciones argentinas.

















