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La historia del vermut: nació como receta médica en Europa, viajó a Rosario y hoy es una estrella de la carta de los Bares Notables

De las antiguas recetas medicinales de Europa a las mesas de Pichincha y barrio Belgrano, el vermut atravesó siglos, océanos y generaciones. En Rosario, la bebida encontró una identidad propia, vinculada con la inmigración italiana, la cultura de los bares y una nueva producción artesanal que sorprende al mundo.

Cómo nació el vermut
Cómo nació el vermut Foto: Instagram @belgranovermut
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El sonido del hielo contra el vaso, el gas escapando del sifón y un pequeño plato con aceitunas forman parte de una escena profundamente argentina. En Rosario, esa postal adquiere un paisaje especial: las veredas anchas, la brisa del Paraná y las conversaciones que parecen no tener apuro.

El vermut es mucho más que una bebida aromatizada. Es una ceremonia social que llegó desde Europa, se mezcló con las costumbres de los inmigrantes y terminó convertida en una de las tradiciones más reconocibles del país.

Del vino medicinal al aperitivo moderno

Mucho antes de la aparición de las botellas y las etiquetas comerciales, distintas civilizaciones ya aromatizaban el vino con hierbas, raíces y especias. En la antigua Grecia se preparaban vinos con ajenjo y otras plantas, mientras que los romanos continuaron utilizando estas combinaciones en banquetes y como tónicos digestivos.

El nombre moderno proviene de Wermut, palabra alemana que significa ajenjo. Sin embargo, el gran cambio se produjo en 1786, cuando Antonio Benedetto Carpano presentó en Turín una fórmula comercial elaborada con vino, hierbas, cortezas, azúcar y especias. Aquella preparación convirtió un antiguo remedio de botica en una bebida destinada a abrir el apetito y acompañar los encuentros sociales.

Turín pronto se transformó en la capital del vermut. Allí crecieron casas como Carpano, Cinzano y Martini & Rossi. El estilo italiano, generalmente dulce, especiado y rojizo, comenzó a diferenciarse del francés, caracterizado por un perfil más seco y herbal.

Cómo llegó el vermut a la Argentina

La expansión de la bebida coincidió con la gran inmigración europea de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Millones de italianos llegaron a la Argentina con sus oficios, recetas y costumbres familiares. Entre ellas se encontraba la pausa del aperitivo, ese momento previo a la comida destinado a estimular el apetito y conversar.

El pueblo que hace del vermut una tradición
Vermut Foto: Freepik

A comienzos del siglo XX, la Argentina ya era uno de los mercados más importantes para las marcas italianas. Martini & Rossi, Cinzano y Cora aparecían en almacenes, cafés y avisos publicitarios. Lo que inicialmente se relacionaba con la sofisticación europea terminó llegando a los bares de barrio y a las mesas familiares.

Un dato revela la magnitud del fenómeno: en 1923, Cinzano adquirió una bodega en San Juan destinada a la elaboración de vinos base para vermut. La bebida había dejado de ser únicamente una importación para integrarse a la industria vitivinícola nacional.

Rosario, un puerto abierto a nuevas costumbres

Rosario ocupó un lugar central en este proceso. Su puerto y su crecimiento comercial la convirtieron en un importante punto de asentamiento para las comunidades europeas.

La inmigración italiana en Santa Fe se consolidó especialmente entre 1856 y 1920. En 1914 se registraban 84.593 italianos en la provincia, quienes representaban más de la mitad de la población extranjera santafesina. Esa presencia ayuda a comprender por qué el aperitivo encontró un terreno tan fértil en la región.

Copas de vermut listas para brindar
Copas de vermut listas para brindar Foto: infogourmet

En los bares cercanos al puerto, las cantinas y los almacenes, el vermut comenzó a servirse de una manera sencilla: hielo, soda de sifón y una rodaja de limón o naranja. Alrededor aparecían quesos, fiambres, aceitunas, maníes y pequeños platos caseros.

Así se formó una versión rosarina del ritual, menos solemne que la europea, pero profundamente comunitaria. El vermut se convirtió en una pausa entre la jornada laboral y la cena, en la antesala del almuerzo del domingo o en una excusa para reunirse con amigos.

El sifón y la picada: la fórmula argentina

En la Argentina, el vermut encontró dos compañeros inseparables: el sifón y la picada. El primero permitía regular la intensidad del trago, mientras que la segunda transformaba el aperitivo en una experiencia compartida.

Según la definición citada del Código Alimentario Argentino, al menos el 75% del volumen del vermut debe ser vino. A esa base se incorporan componentes aromáticos y sustancias amargas y, en determinados estilos, caramelo. Esta composición explica su estrecha relación con las bodegas nacionales.

Durante gran parte del siglo XX, el ritual se mantuvo vivo en bodegones y hogares. Más tarde, los cambios en el consumo desplazaron parcialmente a la bebida, que quedó asociada durante algunos años con “el trago de los abuelos”.

De Pichincha a barrio Belgrano: el renacimiento rosarino

El aparente declive no fue definitivo. En la última década, el interés por las recetas artesanales, los productos locales y la coctelería clásica impulsó una recuperación extraordinaria.

Pichincha, reconocido por su historia ferroviaria y su vida nocturna, reúne actualmente vermuterías y bares que reinterpretan el antiguo ritual. Barrio Belgrano aporta proyectos familiares y emprendimientos que transformaron la identidad del oeste rosarino en productos con sello propio.

La historia del vermut
El vermut, tradición en la mesa Foto: Instagram @belgranovermut

En marzo de 2026, la Semana del Vermut de Rosario reunió a más de 40 bares y vinotecas, con degustaciones, recorridos y propuestas gastronómicas. El encuentro demostró que el aperitivo ya no pertenece solamente al terreno de la nostalgia: también genera producción, turismo y movimiento económico.

El vermut rosarino que consiguió reconocimiento mundial

Los productores locales comenzaron a experimentar con vinos argentinos y hierbas regionales. Botánicos familiares para quienes toman mate, como poleo, menta, peperina y burrito, se combinaron con el tradicional ajenjo.

Uno de los casos más destacados es Vermut Pichincha, elaborado con una base de Malbec y botánicos inspirados en el universo del mate. En 2023 recibió una distinción como mejor vermut semidulce en los World Vermouth Awards, un reconocimiento que colocó a una etiqueta rosarina frente a productos de países con tradiciones centenarias.

Una tradición que nunca se fue

¿Por qué volvió el vermut? Tal vez porque nunca desapareció por completo. Permaneció en las alacenas, en los viejos bares y en la memoria de quienes vieron a sus abuelos preparar el copetín.

Las nuevas generaciones actualizaron el ritual. El sifón ahora convive con el agua tónica, la aceituna con las tapas de autor y el vermut rojo con versiones blancas, secas o rosadas. La esencia, sin embargo, continúa intacta: sentarse, compartir y dejar que la conversación dure un poco más.

En Rosario, entre el río, la memoria inmigrante y los barrios que recuperaron las antiguas costumbres, cada vaso de vermut cuenta una historia que comenzó hace siglos y todavía continúa escribiéndose.

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