
Un grupo de hombres permanece inmóvil frente a una cámara. Hay carne, fuego, mate y vino. Detrás de ellos aparece la inmensidad de la llanura bonaerense. La escena podría resultar familiar para cualquier argentino, salvo por un detalle sorprendente: la fotografía fue tomada hace más de 160 años.
El registro, realizado hacia 1860, es considerado una de las primeras imágenes conocidas de un asado criollo en la Argentina. Sin saberlo, sus protagonistas estaban dejando un testimonio excepcional de una costumbre que, con el paso del tiempo, se transformaría en uno de los grandes símbolos de la identidad nacional.
La escena fue capturada en la histórica Estancia Los Yngleses, ubicada en el Rincón del Tuyú, dentro del actual partido bonaerense de General Lavalle. Allí, en medio del trabajo rural, un fotógrafo aficionado decidió preparar su cámara y conservar para siempre un momento cotidiano.
Quién tomó la primera foto conocida de un asado
La autoría de la imagen se atribuye al escocés George Corbett, quien trabajaba como administrador de Los Yngleses y practicaba la fotografía como aficionado. Además del asado, Corbett habría documentado las construcciones de la estancia, una jornada de esquila, un picnic familiar y otras escenas de la vida en el campo.

Las fotografías fueron realizadas mediante la técnica del ambrotipo, un procedimiento que utilizaba una placa de vidrio. El negativo subexpuesto, colocado sobre un fondo oscuro, adquiría la apariencia de una imagen positiva.
Cada ambrotipo era una pieza única. Las personas debían permanecer quietas durante varios segundos y el fotógrafo tenía que trasladar la cámara, las placas y los elementos necesarios para preparar y revelar la imagen. Retratar un asado en medio de la pampa requería conocimientos, planificación y mucha paciencia.
Los escoceses que llegaron a la pampa bonaerense
La historia de Los Yngleses había comenzado varias décadas antes. John Gibson hijo desembarcó en Buenos Aires en 1819 como representante de Gibson & Co., una empresa de Glasgow dedicada a la fabricación y exportación de textiles.
En 1825, Gibson Sons & Co. adquirió un establecimiento conocido como El Carmen o Rincón de Ajó. Con el tiempo, los habitantes de la zona comenzaron a identificarlo como la estancia de los ingleses, aunque sus propietarios eran escoceses. De esa denominación popular surgió el nombre definitivo: Los Yngleses.

El establecimiento se encontraba en una región expuesta a ataques y fuera de la frontera de protección de la época. Por ese motivo, las construcciones del casco fueron ubicadas de manera circular, una disposición que permitía vigilar distintos flancos y utilizar los cañadones del Tuyú como defensa natural.
La estancia también fue escenario de episodios políticos. Tras la derrota de la rebelión de los Libres del Sud, las fuerzas sublevadas permanecieron allí durante cuatro días. Según los registros históricos, consumieron unos 40 novillos por jornada. Más tarde llegaron Prudencio Rosas y alrededor de 3.600 hombres, quienes permanecieron tres días en el lugar.
Una estancia pionera en la ganadería argentina
Los Gibson tuvieron un papel importante en el desarrollo de la ganadería ovina bonaerense. En 1828 establecieron una primera majada de 570 ovejas criollas e incorporaron carneros de razas europeas como Romney Marsh, Lincoln, Cotswold y Leicester.
El crecimiento fue extraordinario. Para 1883, Los Yngleses contaba con aproximadamente 100.000 ovejas y producía cerca de 220.000 kilos de lana por año. Además, instaló uno de los primeros bañaderos para ovejas e importó una prensa destinada a enfardar la producción.

La lana y los cueros salían desde el puerto de Ajó rumbo a ciudades europeas como Liverpool y Amberes. En 1843 también se instaló una grasería para obtener sebo, un material utilizado en la fabricación de velas y en diferentes actividades industriales.
El descubrimiento de una colección histórica
Los ambrotipos permanecieron lejos de la mirada pública durante décadas. Su enorme valor comenzó a conocerse en junio de 1999, cuando el investigador fotográfico Abel Alexander pudo examinar una colección integrada por seis imágenes.
El descubrimiento fue excepcional. Hasta ese momento solo se conocían en el país nueve vistas urbanas realizadas mediante daguerrotipo y conservadas en el Museo Histórico Nacional. No había aparecido un conjunto semejante de exteriores rurales producido con la técnica del ambrotipo.
En 2019, las seis imágenes atribuidas a Corbett fueron presentadas al público en la exposición “Ambrotipos”, realizada en el Pabellón de las Bellas Artes de la Universidad Católica Argentina. Allí pudieron observarse algunos de los registros fotográficos más antiguos de la vida rural del país.
Por qué la imagen cambió la historia del asado argentino
La fotografía no demuestra quién inventó el asado. La cocción de carne directamente sobre el fuego es una práctica muy anterior y extendida en diferentes culturas. Su importancia radica en que conserva una de las primeras representaciones visuales conocidas de un asado criollo en el campo argentino.
En la escena ya aparecen varios elementos del ritual moderno: el fuego como centro de la reunión, la espera, la bebida compartida y las personas reunidas alrededor de la comida. Lo que entonces era una práctica ligada al trabajo rural ya contenía la dimensión social que terminaría convirtiendo al asado en una tradición nacional.
La paradoja es irresistible: un grupo de escoceses ayudó a conservar una de las imágenes más argentinas de la historia. No buscaban crear un símbolo ni imaginaban que aquella placa de vidrio sobreviviría durante más de un siglo.
Sin embargo, cada vez que la fotografía vuelve a ser observada, también revive aquel fuego encendido en la pampa bonaerense. Fue el instante en que el asado argentino entró para siempre en la historia de la fotografía.



















