Un país que se encuentra en guerra creó un río artificial de más de 130 kilómetros en el medio del desierto: la impresionante construcción
Una de las redes de transporte y gestión de agua más integradas del mundo es un gran orgullo para una nación ubicada en Medio Oriente.

Hace años que Israel es noticia todos los días por la guerra librada el 7 de octubre de 2023 contra Hamás en la Franja de Gaza. Sin embargo, el Estado judío no solo ocupa titulares por el conflicto bélico, sino también por una de las obras de ingeniería más impactantes de Medio Oriente. En pleno desierto del Néguev, una de las zonas más áridas del país, logró crear un río artificial de más de 130 kilómetros de extensión.
Esta infraestructura, clave para garantizar el acceso al agua en regiones donde las precipitaciones son prácticamente inexistentes, una red técnica que combina canales abiertos, tuberías presurizadas, túneles subterráneos, estaciones de bombeo y embalses distribuidos estratégicamente.

De este modo, Israel creó una infraestructura hídrica nacional capaz de mover agua a través de un territorio marcado por la presión climática. Bajo esa lógica, se construyó una de las redes de transporte y gestión de agua más integradas del mundo, un sistema que conecta el norte húmedo con las regiones áridas del sur y que depende tanto de fuentes naturales como del agua desalinizada del Mediterráneo.
Cómo funciona el río artificial que construyó Israel
El eje central del sistema es el Acueducto Nacional de Israel, una obra que se extiende a lo largo de unos 130 kilómetros en su tramo principal. Aunque popularmente se lo define como un “río artificial”, no se trata de un curso de agua natural, sino de una compleja red diseñada para transportar agua. El recorrido combina sectores a cielo abierto, tramos subterráneos y conductos presurizados, una adaptación que responde a las características del terreno y a las condiciones geográficas de cada zona.
El proyecto comenzó a gestarse en la década de 1950 como una respuesta estructural a tres desafíos clave que atravesaba el país: la marcada irregularidad de las lluvias, la creciente presión sobre ríos y acuíferos naturales y el sostenido aumento de la población junto con la expansión de la actividad agrícola.

En sus primeros años de funcionamiento, la mayor parte del agua transportada por el sistema estuvo destinada al riego. Sin embargo, con el paso del tiempo, el consumo urbano fue adquiriendo un rol cada vez más relevante, en línea con los cambios en la estructura social, demográfica y económica de Israel.
Aun con esta reorientación del uso del recurso, la red hídrica resultó fundamental para sostener proyectos agrícolas en regiones poco favorecidas por el clima. Su viabilidad estuvo estrechamente ligada a la incorporación de tecnologías eficientes, como el riego por goteo, un sistema diseñado para minimizar las pérdidas de agua por evaporación e infiltración.
A partir de los años 2000, el sistema atravesó un cambio decisivo con la expansión de las plantas de desalinización ubicadas sobre la costa mediterránea. Estas instalaciones, basadas en tecnología de ósmosis inversa, comenzaron a producir agua potable a gran escala, incorporando una nueva fuente estratégica al abastecimiento hídrico del país.
Con la puesta en funcionamiento de cinco grandes plantas, el agua desalinizada del Mediterráneo pasó a cubrir una porción cada vez mayor del consumo urbano. En determinados períodos, más del 60% del agua utilizada en Israel tuvo su origen en el mar, consolidando a la desalinización como un pilar central del sistema hídrico nacional.













