Papa Francisco. Foto: Reuters.

Se cumplen dos años del mensaje del Papa Francisco al Foro Económico Mundial de Davos en el que advertía “la urgente necesidad de avanzar en la cohesión social, la fraternidad y la reconciliación entre grupos, comunidades y Estados, con el fin de abordar los retos que tenemos ante nosotros”. El Santo Padre sostenía entonces que transitábamos “un clima muy preocupante de inestabilidad internacional”.

“Lamentablemente, al mirar a nuestro alrededor, nos encontramos con un mundo cada vez más lacerado, en el que millones de personas -hombres, mujeres, padres, madres, niños-, cuyos rostros nos son en su mayoría desconocidos, siguen sufriendo, entre otras cosas por los efectos de conflictos prolongados y guerras reales”, reflexionaba el líder de la Iglesia Católica, quien hacía tiempo resaltaba que la humanidad se enfrentaba a una Tercera Guerra Mundial que se evidenciaba “por partes” en distintos lugares del planeta, alimentada por “la avaricia, la intolerancia y la ambición de poder” y permitida por la indiferencia de muchos, tal como ocurrió con las atrocidades del pasado.

Papa Francisco. Foto: Reuters

En este marco, Su Santidad llamaba a “una acción política internacional que, mediante la adopción de medidas coordinadas, pueda perseguir eficazmente los objetivos de paz mundial y auténtico desarrollo” y agregaba que “las organizaciones internacionales también tienen el reto de garantizar la consecución de esa igualdad que es la base del derecho de todos a participar en el proceso de pleno desarrollo, con el debido respeto a las diferencias legítimas”.

En pocos días más tendrá lugar una nueva reunión del Foro Económico Mundial bajo el lema “Espíritu de diálogo”, esta vez sin el Papa argentino, que tanto destacaba el valor del diálogo como herramienta fundamental para resolver diferencias y disputas y encontrar puntos de acuerdo. Es de esperar que los líderes que se den cita en Davos reflexionen sobre el llamado del Papa hecho en 2024 y, por el bien de la humanidad, hagan suyo el legado de Su Santidad.

Por Antonio E. Arcuri