Esclavitud sexual y embarazos forzados: el relato del horror de las “mujeres de consuelo” de China, Corea y Japón
Sus historias salieron a la luz no hace mucho, y hoy son difundidas en distintos museos. La especialista María del Pilar Álvarez narra su visita a uno de estos sitios, donde el dolor se revive.

En la República Popular China existen 3 museos sobre las mujeres que fueron esclavizadas sexualmente por la Armada Imperial de Japón, conocidas como “mujeres de consuelo”, ubicados en los sitios donde fueron esclavizadas. Uno está en el norte, en la ciudad de Heihe, otro al sur, en Longling, y otro en el centro, en la famosa y turística ciudad de Nanjing. Éste último es el más grande y el más visitado. Se llama Museo del Sitio de la Estación de Consuelo de Lijixiang.
Es un gran predio que consta de ocho edificios históricos de dos pisos de ladrillo y madera que fueron construidos por un general del Partido del Guomindang entre 1935 y 1937. Cuando los japoneses tomaron Nanjing en 1937 lo convirtieron en dos centros de esclavización sexual de mujeres llamados Shinonome y Kokyoro. Todos en el barrio sabían que existía ese lugar de trata de mujeres chinas y coreanas. Los vecinos también cuentan haber visto japonesas. En noviembre de 2014, el gobierno municipal de la ciudad puso en marcha el proyecto de restaurar y proteger el lugar que abrió al público como museo en diciembre de 2015.
Al ingresar, lo primero que vemos es un monumento de tres mujeres agobiadas, una de ellas embarazada. Del edificio que está detrás de la estatua caen lágrimas. La obra está basada en una famosa fotografía tomada por un miembro del 164 Cuerpo Fotográfico y de Telecomunicaciones del Ejército de los Estados Unidos el 3 de septiembre de 1944 en Songshan (provincia de Yunnan). Como las mujeres estaban con los soldados japoneses, fueron trasladadas por el Guomindang a un campo de prisioneros donde permanecieron durante algunos meses. La mujer embarazada era Park Young-shim y hacía 5 años que la habían esclavizado sexualmente.


El horroroso relato de las sobrevivientes
Park nació en 1921 en Nampo, Corea del Norte. Su vida, como la mayoría de las víctimas del sistema de trata de mujeres de la Armada Imperial, fue muy dura. Su madre falleció al dar a luz. Creció rodeada de miseria y hambre. En 1939, cuando tenía 17 años, iba a visitar a su abuela cuando un soldado japonés la raptó. En ese momento, Corea era una colonia japonesa y la guerra de avance de Japón sobre China hacía años que había comenzado. El hombre la llevó junto a otras coreanas que ella no conocía a Nanjing donde fue abusada sexualmente por hasta 30 soldados por día. Si los rechazaba, le pegaban, la torturaban.
En septiembre de 1945 fue repatriada, pero logró llegar a su pueblo recién al año siguientes. Durante décadas silenció lo ocurrido hasta que en 1993 se animó a dar testimonio público. En 2003, visitó el sitio de Nanjing y recordó haber estado tres años ahí, esclavizada sexualmente. El horror vivido le había dejado secuelas psicólogas y físicas. Sufría ataques de nervios y tenía las marcas de los golpes y cortes en la piel que los soldados que abusaban de ella le hacían en su cuerpo.

Park se reconoció en la foto que da origen al monumento conmemorativo en agosto del año 2000. Los investigadores y abogados que participaron del Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra sobre la Esclavitud Sexual de la Mujer en el Japón (8 al 12 de diciembre del 2000) le mostraron la imagen para armar su declaración. En el museo de Nanjing se exhiben otras fotografías de época de ella. Hay dos imágenes en las que posa desnuda abrazada a otra mujer también desnuda. Los soldados la obligaron a hacer fotos eróticas que por respeto se muestran con la respectiva censura en sus partes íntimas.
Mientras uno recorre las distintas salas del museo, uno no puede dejar de pensar en el embarazo. ¿Hubo muchas víctimas que sufrieron embarazos forzosos? En el sitio de Lijixiang aparecen otras historias, como la de Wei Shaolan y Lee Soon-san. Wei es una víctima china. Cuando la secuestraron tenía su hija pequeña en brazos. No les importó. La esclavizaron sexualmente durante tres meses y su hija murió en el centro de esclavización. Al lograr escapar se dio cuenta que estaba embarazada. Su marido la rechazó. Dio a luz a su niño, hijo de las violaciones sistemáticas, quien fue siempre discriminado y mal tratado en el pueblo por ser hijo de los “diablos japoneses”.
Lee, una “mujer de consuelo” coreana esclavizada en China, cuenta que quedó embarazada. Ella quería tener a ese hijo. Para ella, era una luz de esperanza entre tanto horror. No la dejaron, la obligaron a abortar. En la operación, los médicos de la Armada Imperial la esterilizaron.
En julio de 2017, casi 11 años después de la muerte de Park, en Corea del Sur se encontró el primer video, de 18 segundos, vinculado a la fotografía. Ahí se la ve cuando los soldados chinos le levantan las manos felices por haber liberado la zona. Está muy delgada con un embarazo avanzado. Cuando la cámara se acerca a su rostro, trasmite temor, está asustada. Ella no logró ver el video, pero en un libro sobre su vida publicado en 2025 por los académicos Chen Lifei y Su Zhiliang, hay un fragmento testimonial de su reacción al ver la foto por primera vez: “Sí, soy esta pobre mujer embarazada... Me obligaron a quedar embarazada del hijo de un soldado japonés, pero me extirparon el útero y no pude dar a luz a mi propio hijo... ¡Qué dolor! ¡Ah, cada vez que lo pienso, siento que mi cuerpo va a estallar!”.
El bebe nació muerto. Con su muerte también enterró posibilidad de tener hijos naturales. Los embarazos forzados, los abortos forzados, la esterilización forzada o producida por las malas condiciones sanitarias, la discriminación a quienes maternaron con amor los hijos de las violaciones son uno de los aspectos menos discutidos de las “mujeres de consuelo” que el museo de Nanjing logra interpelar.












