Agentes del ICE, en Estados Unidos.
Agentes del ICE, en Estados Unidos. Foto: REUTERS

Los recientes videos de la violencia policial del Servicio de Inmigraciones y Control de Aduanas en Estados Unidos se convirtieron en virales y causan estupor en todo el mundo. El control exhaustivo, la represión y las redadas salvajes de los servicios estatales contra los migrantes son una muestra palpable que hay heridas que aún están abiertas en la larga historia estadounidense por los derechos humanos y la lucha contra el racismo.

Uno de los videos más brutales muestra a un oficial de policía blanco golpeando en el rostro a un hombre negro durante una parada de tránsito en Jacksonville, Florida.

Violencia racial en Estados Unidos.

El hombre, dentro del auto, registró las terribles imágenes que hablan por sí solas. Dos policías rompen el vidrio del auto y le pegan a un hombre indefenso que no se resiste en ningún momento.

Una demostración de que la violencia estatal racista está fuera de control. Los agentes del orden usan la fuerza desmedida contra las personas de origen latino o afroamericanos. Pero este no es un caso aislado. Son hechos de una larga tradición de violencia institucional radicalizada en Estados Unidos.

Recordando las patrullas esclavistas del siglo XIX, pasando por la represión de los movimientos civiles de los años 50 y 60. Una época donde el FBI, dirigido por J. Edgar Hoover, estaba al servicio de buscar o inventar información para desprestigiar y generar odio contra líderes sociales, activistas que luchaban por los derechos civiles, contra el racismo, como el reverendo Martin Luther King.

Violencia racial en Estados Unidos.

Históricamente el control policial en Estados Unidos funcionó como una herramienta de disciplinamiento racial, política y religiosa. A través de décadas de persecuciones y violencia hacia ciudadanos o migrantes negros y latinos, entre otros, quedó en claro que cuando desde lo más alto del poder estatal se da vía libre para atacar a las minorías o los ocasionales adversarios, las fuerzas del orden lo hacen con una violencia inusitada, como está sucediendo ahora en las principales ciudades del país.

El gigante norteamericano se ha presentado siempre como un garante global de los derechos humanos en todo el planeta. Pero cada video de los ataques de las fuerzas policiales, que se ve en todo momento, expone una contradicción profunda entre el discurso y la realidad. La pregunta ya no es si estos hechos ocurren, sino cuántos más son necesarios para que el sistema cambie de fondo.

El ICE se lleva bruscamente a un anciano de su casa. Foto: REUTERS

Basta con recordar los casos más emblemáticos del último tiempo sobre la brutalidad policial y el racismo en Estados Unidos, para darse cuenta de que no es un tema nuevo.

Uno de los casos más simbólicos fue el de George Floyd, el hombre de origen afroamericano que fue asesinado en Minneapolis, el 25 de mayo de 2020, cuando un oficial de policía lo asfixió con su rodilla en el cuello durante 8 minutos y 46 segundos, mientras la víctima, que sufría de claustrofobia, gritaba que no podía respirar. Hasta que la cámara corporal del oficial asesino registró sus últimas palabras. “No puedo respirar. Mamá. Se acabó”.

Ese brutal caso quedó registrado en cientos de celulares. Generó protestas en todo el país. Lo mismo está sucediendo ahora. La violencia policial y de las fuerzas de seguridad se profundizan aún más cuando los gobernantes, los funcionarios utilizan sus redes sociales para sembrar más y más odio.

Crimen de George Floyd, REUTERS
Crimen de George Floyd, REUTERS

Y mientras más mentiras se utilicen contra los negros, los latinos, los migrantes, asegurando que son violadores, asesinos y delincuentes psicópatas, más conmoción generan.

Giuliano Da Empoli, en su libro Los Ingenieros del Mal, lo describió así: Un reciente estudio del MIT muestra que la información falsa tiene, en promedio, un 70% más de probabilidades de ser compartida en el ciberespacio, porque es generalmente más peculiar que una verdadera.

Otro conocido caso de violencia policial racista fue el de Tyre Nichols, el afroamericano, que fuera golpeado brutalmente por cinco policías en Memphis en el año 2023, durante una detención de tránsito. La víctima murió días después de estar agonizando en un hospital. Los agentes que atacaron a Nichols también eran de origen afroamericano.

Tyre Nichols, murió luego de ser golpeado por la policía_Reuters
Tyre Nichols, murió luego de ser golpeado por la policía_Reuters

Esto derriba el argumento simplista de blancos contra negros y refuerza la idea de la violencia institucionalizada, más allá del color de piel de la gente.

El último episodio que desató la actual ola de protesta contra la policía en todo el país fue la ejecución de Renée Good, una mujer blanca de 37 años y madre de tres hijos durante un operativo. Ella es otro fiel reflejo de que la violencia no es solo por cuestiones raciales.

La violencia policial estatal, cuando se le da vía libre, es contra todo y contra todos. El uso de la fuerza desmedida está instalada en las fuerzas del orden y es alimentada de arriba hacia abajo.

Renee Nicole Good, la mujer asesinada por un agente de ICE. Foto: Captura de video.

La violencia racial en Estados Unidos es un problema arraigado en su historia de esclavitud y supremacía blanca, manifestándose hoy en discriminación sistemática, perfilamiento racial y violencia policial desproporcionada contra minorías, especialmente afroamericanos, aunque afecta a otros grupos como hispanos, nativos, americanos y asiáticos, generando injusticias en los tribunales, educación, empleo y vivienda, con grupos como el Ku Klux Klan, perpetuando el odio.

En los Estados Unidos, la lucha por la justicia racial sigue siendo un desafío central. Desde hace décadas, pero sobre todo en los últimos años, el racismo reina y se expande en Estados Unidos.

El país vive uno de sus peores momentos en cuanto a la violación de los derechos civiles. Es una realidad que muestra una sociedad partida y desmembrada.